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Las cosas que todavía no hemos imaginado

Publicado: noviembre 1, 2026, 7:23 am

Las cosas que todavía no hemos imaginado

Si pudiéramos escuchar todas las conversaciones que tuvimos hace quince años, probablemente nos sorprendería la seguridad con la que hablábamos del futuro. Defendíamos ideas, hacíamos planes, elegíamos caminos con la convicción de quien cree conocer el mapa. Y seguramente, si alguien nos hubiera enseñado entonces una fotografía de nuestra vida actual, habríamos tardado unos segundos en reconocernos. El mundo ha cambiado demasiado deprisa. Nosotros hemos cambiado con él, aunque apenas hayamos tenido tiempo de darnos cuenta.

Me pregunto qué pensaría Steve Jobs si pudiera entrar hoy en una Apple Store, recorrer sus mesas y descubrir algunas de las máquinas que llevan su apellido invisible. Imagino que reconocería muchas cosas. El cuidado de los materiales, la obsesión por los detalles, esa forma tan particular de intentar que la tecnología desaparezca cuando empezamos a utilizarla. También encontraría decisiones que él mismo descartó en su momento. Y sospecho que lo interesante sería escuchar sus preguntas, mucho más que recuperar sus respuestas.

Esta semana, el MacBook Pro con pantalla táctil ha vuelto a poner sobre la mesa aquellas palabras de Jobs de lo incómodo que resultaba utilizar un portátil levantando el brazo hacia la pantalla. Recuerdo perfectamente aquel argumento. Tenía sentido en un mundo donde tocar una pantalla vertical significaba imaginar el dedo sustituyendo constantemente al ratón. Han transcurrido más de quince años desde entonces y hoy vivimos rodeados de superficies que responden a nuestras manos. Los niños intentan tocar cualquier pantalla encendida porque, para ellos, el cristal siempre ha sido una puerta que se abre con los dedos.

El futuro también necesita sus pequeñas locuras

Macbook Tactil Iphone Duo Steve Jobs John Ternus 2

Lo que me interesa del nuevo MacBook Pro táctil es precisamente que conserva todo aquello que ya funcionaba. Seguimos teniendo un teclado, un trackpad y la precisión de un puntero cuando necesitamos trabajar de esa forma. Pero ahora podemos acercar la mano a la pantalla y hacer algo que antes exigía varios pasos, todo a la vez. Imagino a un músico tocando un instrumento virtual mientras modifica una mezcla, a un fotógrafo ajustando una imagen directamente sobre ella o a alguien que simplemente quiere ampliar una fotografía con los dedos mientras sube o baja un deslizador de brillo. No hace falta utilizarlo siempre. Basta con que esté ahí cuando lo necesitemos.

Durante años hemos vivido una separación bastante clara entre el Mac y el iPad. Dos formas de acercarnos a la informática, dos maneras de relacionarnos con las mismas ideas. Me gusta que esa frontera pueda hacerse un poco más permeable sin que ninguno de los dos dispositivos pierda su personalidad. El iPad seguirá siendo esa superficie que cogemos entre las manos, que apoyamos sobre una mesa para dibujar o que llevamos a cualquier parte. El Mac conserva su forma de ordenador, su teclado y su manera de organizar el trabajo. La pantalla táctil añade una posibilidad a un objeto que creíamos conocer perfectamente. Una puerta más en una casa que todavía nos gusta habitar.

Y después está el iPhone Duo, ese tipo de producto que me recuerda por qué me gustaba tanto entrar en una tienda de informática cuando era adolescente. En aquellos escaparates había máquinas rarísimas, objetos que parecían venir de futuros diferentes y que se atrevían a proponer formas de uso que nadie había pedido todavía. Algunos desaparecieron sin dejar apenas rastro. Otros ayudaron a construir lo que hoy consideramos normal. Durante casi veinte años hemos dado por definitiva la silueta del smartphone. Ver a Apple explorar otra forma me devuelve algo de aquella curiosidad, de aquella sensación de que todavía quedan objetos que no sabemos muy bien cómo sostener entre las manos.

La luz que habíamos dejado encendida

Macbook Tactil Iphone Duo Steve Jobs John Ternus 3

También ha regresado la manzana iluminada. Recuerdo aquellos MacBook abiertos en la universidad, cafeterías, en salas de prensa, en aeropuertos, con ese pequeño resplandor blanco que parecía acompañarnos mientras trabajábamos. Era un detalle sencillo, casi doméstico, y su desaparición dejó una ausencia que solo entendimos quienes habíamos convivido con ella. Verla de nuevo tiene algo de reencuentro. Una pequeña luz sobre el aluminio que nos recuerda que el diseño también puede guardar memoria.

La Apple de Steve Jobs estuvo llena de decisiones valientes y de experimentos que no encontraron su momento. Ping quiso convertir la música en una experiencia social dentro de iTunes. MobileMe intentó llevar nuestra vida digital a la nube antes de que aquella promesa resultara tan natural como hoy. Hubo productos magníficos que llegaron demasiado pronto y otros que necesitaron varias generaciones para encontrar su forma. Jobs tenía una capacidad extraordinaria para imaginar el futuro, pero ni siquiera él podía controlar el tiempo que tardaría el mundo en llegar hasta sus ideas.

Por eso me cuesta entender que sigamos utilizando sus palabras como si fueran instrucciones escritas para una eternidad que él nunca llegó a conocer. Aquel Steve Jobs hablaba desde un presente concreto, con sus posibilidades y sus límites. Lo verdaderamente valioso de su legado está en esa inquietud que le llevaba a mirar una máquina y preguntarse qué ocurriría si alguien se atreviera a hacerla de otra forma. El futuro que imaginó no puede convertirse en el techo del futuro que nos queda por descubrir.

Lo que nos espera al otro lado

Macbook Tactil Iphone Duo Steve Jobs John Ternus 1

Quizá esta nueva etapa de Apple tenga precisamente ese atractivo. La sensación de que algunas conversaciones que parecían terminadas vuelven a abrirse, de que alguien ha recuperado ideas antiguas y las ha colocado sobre una mesa llena de herramientas nuevas. No todos necesitamos un portátil táctil. Tampoco un teléfono que se pliega. Algunas de estas apuestas encontrarán su sitio y otras quedarán como fotografías curiosas de una época. Pero me gusta una Apple que se permita explorar, incluso cuando el resultado desconcierta a quienes llevamos toda la vida siguiéndola.

Fuera de la tecnología ocurre algo parecido. Conservamos fotografías de lugares a los que juramos que volveríamos, libros que nos cambiaron la vida y planes que entonces parecían inevitables. Los miramos desde una existencia que aquellas versiones nuestras todavía no conocían. Sería extraño exigirles que hubieran previsto todo lo que iba a ocurrir. Cada época tiene sus propias respuestas y también sus preguntas pendientes. Lo bonito es que seguimos aquí para descubrir algunas de ellas.

Apple se atreve a explorar nuevas ideas y desafiar certezas que parecían inamovibles. El futuro exige mantener la mente abierta, aceptar los cambios y volver a cuestionar aquello que creíamos tener resuelto

Pienso en aquella manzana iluminada, en las pantallas que ahora podemos tocar y en esos dispositivos extraños que vuelven a recordarnos los escaparates de nuestra infancia. Todos hablan, de alguna forma, de una misma cosa: el futuro necesita que dejemos espacio para aquello que todavía no entendemos. Para las ideas que nos incomodan un poco, para las formas que parecen imposibles, para los objetos que quizá dentro de veinte años encontraremos en un cajón y miraremos con una sonrisa.

Dentro de quince años quizá miremos algunas de las decisiones que hoy defendemos con tanta seguridad y nos cueste entenderlas. Puede que entonces un Mac táctil nos parezca inevitable, que el iPhone Duo haya abierto caminos inesperados o que algunas de estas apuestas hayan quedado atrás. Y estará bien, porque cada decisión pertenece también al mundo en el que fue tomada.

Nosotros tampoco seremos los mismos. Habremos dejado atrás algunas certezas y descubierto otras, igual que Apple tendrá que seguir haciéndolo para construir su futuro. Porque lo importante es conservar la valentía de volver a preguntarnos aquello que un día creímos tener resuelto. Al fin y al cabo, qué triste sería llegar al futuro y descubrir que seguimos obligados a pensar exactamente igual que cuando todavía no lo conocíamos.

En Applesfera | Sé un loco, John

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La noticia

Las cosas que todavía no hemos imaginado

fue publicada originalmente en

Applesfera

por

Pedro Aznar

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