Publicado: noviembre 1, 2026, 3:00 am
China ha perdido alrededor de 563.000 millones de dólares de valor bursátil en apenas cuatro meses. El desplome ha golpeado precisamente a las empresas que debían protagonizar su nueva revolución tecnológica, desde fabricantes de semiconductores hasta compañías de robótica e inteligencia artificial (IA). El índice STAR 50, que agrupa a 50 de las principales empresas tecnológicas cotizadas en Shanghái y es conocido como el Nasdaq chino, ha perdido un 47,4% desde sus máximos de cierre de junio y ha terminado octubre con una caída del 5,48% en su última sesión. Y todo esto ocurre mientras su economía sigue creciendo a un ritmo del 4,5% interanual, la producción de alta tecnología aumenta un 14,3% y las exportaciones avanzan un 16,4%, según los últimos datos oficiales disponibles.
Y eso que hace apenas unos meses los inversores se peleaban por comprar esas mismas empresas. Unitree, fabricante de robots humanoides, recibió en su salida a bolsa peticiones de pequeños inversores equivalentes a 8.000 veces las acciones disponibles para ellos. Después de dispararse en su estreno, sus títulos llegaron a perder aproximadamente la mitad de su valor. Los fabricantes de chips Moore Threads y MetaX también protagonizaron subidas espectaculares antes de que los inversores salieran en estampida.
Basta mirar las valoraciones para hacerse una idea de hasta dónde había llegado la fiebre. El STAR 50 llegó a cotizar cerca de 250 veces sus beneficios anuales, frente a unos 30 del Nasdaq 100 estadounidense. Es decir, los inversores estaban pagando 250 euros por cada euro que ganaban aquellas empresas en un año. Incluso después del desplome, la valoración sigue rondando las 100 veces, según Reuters. Ni semejante batacazo ha conseguido acercar sus precios a los de Wall Street.
La apuesta de Xi Jinping
Detrás de buena parte de aquella euforia había algo más que inversores convencidos de haber encontrado el próximo Nvidia. El presidente chino, Xi Jinping, Xi Jinping lleva años empeñado en que China fabrique sus propios chips para dejar de depender de Estados Unidos, especialmente después de que Washington restringiera la venta de los semiconductores más avanzados. En 2019, Pekín creó el STAR Market y abrió la puerta de la bolsa a empresas tecnológicas que todavía no ganaban dinero. Lo importante era que consiguieran financiación para desarrollar una industria nacional capaz de competir con los gigantes estadounidenses.
El capital empezó a llegar y las fábricas a multiplicarse. El inconveniente apareció cuando demasiadas compañías comenzaron a competir por los mismos clientes, con una guerra de precios que ha dejado a numerosas empresas vendiendo mucho y ganando bastante poco. Según el instituto alemán MERICS, el 23,8% de las empresas industriales chinas registra pérdidas, una proporción récord que pone cifras al coste de esa carrera por producir cada vez más.
Y tampoco las nuevas estrellas de la IA se libran. Zhipu AI multiplicó por cinco sus ingresos durante el primer semestre de 2026, hasta los 954 millones de yuanes. Una cifra notable, hasta que uno mira la siguiente línea de sus cuentas. La compañía perdió 2.000 millones de yuanes en esos mismos seis meses. Por cada yuan que ingresó, perdió más de dos. Y sus competidores tampoco parecen haber encontrado todavía la manera de hacer caja.
Un estudio de Epoch AI publicado en octubre calcula que las seis principales empresas chinas de IA generan juntas apenas una décima parte de los ingresos de OpenAI y Anthropic relacionados con esta tecnología. Algunas han conseguido atraer a millones de usuarios ofreciendo sus modelos prácticamente gratis, pero convertir esa popularidad en dinero es bastante más complicado. MiniMax, por ejemplo, registró un margen bruto de apenas el 4,7% con sus aplicaciones de IA durante los nueve primeros meses de 2025.
Las cifras tampoco invitan a lanzar las campanas al vuelo entre los gigantes tecnológicos. Rhodium Group calcula que Alibaba, Tencent y Baidu registraron conjuntamente un flujo de caja libre negativo de 16.000 millones de yuanes durante el primer semestre de 2026. Y mientras el dinero sale de sus cajas, la factura de la inteligencia artificial sigue creciendo. La consultora estima que China invertirá este año unos 139.000 millones de dólares en infraestructuras de IA, el doble que en 2025.
Pekín sale al rescate
Con semejantes cantidades en juego, el Gobierno chino ha decidido intervenir. Goldman Sachs estima que las entidades públicas conocidas como el equipo nacional han comprado unos 170.000 millones de yuanes en fondos cotizados durante octubre, alrededor de 24.000 millones de dólares. Bank of America sitúa las compras por encima de 110.000 millones. Hay diferencias en los cálculos, pero en ambos casos hablamos de una intervención multimillonaria para intentar frenar las ventas.
Y mientras Pekín utiliza dinero público para sostener el mercado, una parte considerable del capital chino está encontrando oportunidades de inversión fuera del país. Logan Wright, responsable de investigación sobre China en la consultora estadounidense Rhodium Group, estima que, entre 595.000 y 793.000 millones de dólares, aproximadamente entre la mitad y dos tercios del superávit comercial récord de 2025, terminaron canalizándose hacia inversiones financieras internacionales.
Parte de esos flujos está encontrando oportunidades en activos estadounidenses vinculados a la IA, precisamente el negocio sobre el que llevan meses acumulándose las sospechas de una burbuja. Las grandes tecnológicas de Wall Street están comprometiendo inversiones extraordinarias en centros de datos y chips, mientras los inversores esperan comprobar cuánto dinero acabarán generando. Pero mientras en Estados Unidos continúa el debate sobre cuándo podría llegar el pinchazo, en China el principal índice tecnológico ya ha perdido casi la mitad de su valor.
