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Por qué el otoño puede apagar tu ánimo: qué es el trastorno afectivo estacional y qué puedes hacer

Publicado: octubre 13, 2026, 4:23 am

Cuando los días se acortan, muchas personas notan que algo cambia en su estado de ánimo: se sienten más tristes y con menos energía, entre otros síntomas. Pero ¿se trata simplemente de la llamada ‘melancolía otoñal’ o puede haber algo más detrás? Lo cierto es que el otoño se asocia con el empeoramiento o la aparición de algunos trastornos que afectan a la salud mental y, según los datos disponibles, hasta un 10% de la población experimenta un empeoramiento de los síntomas de ansiedad y depresión con la llegada de esta estación.

Detrás de estos cambios pueden encontrarse tanto factores biológicos como ambientales. Según señala el Dr. Alberto Bullón Sáez, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, «la reducción de las horas de luz solar, las alteraciones de los ritmos circadianos, las bajas temperaturas, el menor tiempo dedicado a actividades al aire libre o a actividades sociales, los cambios en la dieta y en la actividad física son algunos ejemplos que pueden afectar al estado de bienestar psicológico».

Este fenómeno tiene nombre: trastorno afectivo estacional (TAE), también conocido como depresión estacional o winter blues cuando se intensifica. Entender por qué aparece y qué factores pueden favorecerlo es el primer paso para cuidar el bienestar emocional durante los meses de menos luz.

Cómo afecta la falta de luz al estado de ánimo en otoño

La luz desempeña un papel importante en la regulación del estado de ánimo. Cuando se reducen las horas de luz natural durante el otoño, pueden alterarse los ritmos circadianos, que regulan el ciclo sueño-vigilia y otras funciones fisiológicas. La menor exposición a la luz solar puede disminuir la producción de serotonina, relacionada con la regulación del estado de ánimo, y aumentar los niveles de melatonina, una hormona que favorece el sueño. Estos cambios también pueden afectar a la actividad de la glándula pineal y alterar el descanso y el estado de ánimo.

Pero la falta de luz no es el único factor biológico que puede influir. La inflamación y el sistema inmunológico también tienen un papel relevante. Durante el otoño, las infecciones estacionales pueden activar la respuesta inmunitaria y aumentar la producción de citoquinas proinflamatorias, que pueden alterar neurotransmisores como la serotonina y la dopamina y favorecer la aparición o el empeoramiento de síntomas de ansiedad y depresión.

Factores psicológicos que pueden empeorar la salud mental en otoño

Pero el estado de ánimo no depende únicamente de factores biológicos: el entorno y los cambios en nuestros hábitos también pueden favorecer ese bajón otoñal. Con la llegada del frío y la reducción de las actividades al aire libre, algunas personas reducen sus encuentros sociales.

Tal como indica el experto del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, «esta menor interacción puede repercutir en la regulación emocional y el bienestar», entre otros mecanismos por los cambios en hormonas como la oxitocina, relacionada con la conexión social. Además, pueden influir los cambios en las rutinas laborales y escolares, que pueden aumentar el nivel de estrés. Cuando este se mantiene en el tiempo, puede alterar el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) y elevar los niveles de cortisol, un proceso relacionado con el empeoramiento de los síntomas de ansiedad y depresión.

Por último, la reducción de la actividad física puede contribuir a completar este círculo. El clima más frío puede hacer que nos movamos menos y abandonemos parte de las actividades que realizábamos al aire libre. Esta disminución del ejercicio puede afectar a procesos relacionados con la regulación del estado de ánimo, como la liberación de endorfinas y la neurogénesis.

Sin embargo, el riesgo de padecer estos trastornos no es igual en todas las personas. Aquellas con predisposición genética a los trastornos de ansiedad y depresión pueden ser especialmente sensibles a los cambios estacionales. «Los estudios sugieren que la alteración en los transportadores de serotonina y ciertos polimorfismos genéticos relacionados con el sistema dopaminérgico aumentan la susceptibilidad a los síntomas depresivos y ansiosos durante el otoño», asegura el experto.

Trastorno afectivo estacional: síntomas y cómo reconocerlo

El trastorno afectivo estacional (TAE) sigue un patrón cíclico: los síntomas aparecen habitualmente durante los meses de otoño e invierno y suelen remitir en primavera y verano. Es aproximadamente el doble de frecuente en mujeres que en hombres y la edad media de aparición se sitúa entre los 20 y los 35 años.

«Los estudios sugieren que la alteración en los transportadores de serotonina y ciertos polimorfismos genéticos relacionados con el sistema dopaminérgico aumentan la susceptibilidad a los síntomas depresivos y ansiosos durante el otoño».

Entre los síntomas del trastorno afectivo estacional se encuentran la tristeza o desesperanza persistentes, la fatiga y falta de energía, los cambios en el apetito (generalmente un aumento, especialmente del deseo de consumir carbohidratos, que puede llevar a un aumento de peso), los problemas de concentración y las dificultades para realizar tareas cotidianas, así como la irritabilidad, el aislamiento social, la somnolencia excesiva o las alteraciones en los patrones de sueño.

Consejos prácticos para proteger tu salud mental en otoño

La buena noticia es que ese ‘bajón otoñal’ se puede prevenir y mitigar. Para cuidar la salud mental y el estado de ánimo durante los meses de menos luz, el Dr. Bullón destaca la importancia de aumentar la exposición a la luz del día, mantener una rutina de ejercicio regular, cuidar la alimentación, mantener el contacto social, respetar unos horarios de sueño estables y dividir las tareas en pequeñas metas para mejorar la motivación y combatir la inercia.

Algunas estrategias concretas que pueden ayudar son:

  • Buscar la luz natural: aprovechar las horas de luz para salir al exterior siempre que sea posible.
  • Mantenerse activo: tener una rutina de ejercicio regular puede ayudar a cuidar el estado de ánimo.
  • Cuidar la alimentación: apostar por una dieta equilibrada, evitando los azúcares refinados.
  • Mantener el contacto social: seguir relacionándonos con otras personas ayuda a evitar el aislamiento asociado a los meses más fríos.
  • Proteger tu sueño: una rutina de sueño regular es importante.
  • Dividir las tareas: cuando la motivación disminuya, dividir las obligaciones en pequeñas metas puede facilitar que nos pongamos en marcha.

Y si, pese a estas medidas, los síntomas empeoran, conviene no normalizarlos como un simple bajón estacional. «No obstante, si a pesar de todo ello se intensifican los síntomas depresivos, la alternativa nunca es no hacer nada, sino que buscar ayuda profesional puede prevenir el deterioro de la salud mental por estos factores», concluye el especialista Alberto Bullón Sáez.

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