Publicado: octubre 8, 2026, 8:23 am
España está muy lejos de ser autosuficiente en plasma. Solo una cuarta parte de las unidades utilizadas en nuestro país procede de donantes españoles y la gran mayoría siguen siendo importadas de Estados Unidos, una situación que preocupa especialmente en un momento en el que la demanda crece más de un 8 % cada año.
Para alcanzar la autosuficiencia serían necesarias unas 2.600 plasmaféresis —donaciones de plasma— al día, siete veces más de las que se realizan actualmente. El año pasado, en España se transfundió una unidad de plasma cada cinco minutos y se utilizó una cada minuto y medio para generar medicamentos hemoderivados.
La situación contrasta con la donación de sangre, ámbito en el que España es autosuficiente desde hace más de 30 años. En el caso del plasma, sin embargo, el país no alcanza ni la cuarta parte de sus necesidades diarias, según ha alertado la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) con motivo de la Semana Internacional de Concienciación sobre el Plasma.
Dependencia exclusiva de la donación
Como el resto de componentes de la sangre, el plasma no puede fabricarse de forma industrial y depende exclusivamente de la donación humana. Puede obtenerse a partir de la sangre mediante la centrifugación de una donación normal, con la que se consiguen 250 centímetros cúbicos de plasma, o mediante aféresis, procedimiento en el que se devuelven al donante los componentes no utilizados y que permite obtener 600 centímetros cúbicos.
“Los hemoderivados plasmáticos solamente pueden provenir de donación humana a partir del plasma de los donantes y, según los datos de 2025, solo el 25 % de la inmunoglobulina que usamos en España procede de donantes españoles, el resto tenemos que importarlo y llega sobre todo de Estados Unidos”, explica José Antonio García Erce, director del Banco de Sangre y Tejidos de Navarra y vocal de la SEHH.
El plasma de uso clínico o transfusional se emplea principalmente para tratar coagulopatías, trastornos hemorrágicos y traumas, así como en grandes cirugías o en pacientes con quemaduras graves. El resto permite obtener una veintena de proteínas diferentes que tampoco pueden fabricarse de forma industrial. Sin embargo, “en España, apenas cinco o seis de estas proteínas proceden de donantes españoles. El resto tenemos que importarlas”, advierte García Erce.
Una situación «especialmente procupante»
Estas proteínas se destinan a fabricar medicamentos para pacientes con trastornos genéticos congénitos o inmunodeficiencias adquiridas, entre los que se encuentran pacientes trasplantados y aquellos sometidos a terapias celulares o nuevos tratamientos oncológicos. También se utilizan en personas con enfermedades autoinmunes, que, según el experto, «han experimentado un importante crecimiento después de la covid». Las inmunoglobulinas son además una de las opciones terapéuticas para regular o modular la reacción de los anticuerpos en patologías como el síndrome de Guillain-Barré, la miastenia gravis y otras enfermedades neurológicas.
La SEHH considera «especialmente preocupante» la falta de autosuficiencia ante un crecimiento de la demanda de hasta un 8 % anual, impulsado por la multiplicación de las terapias celulares y de las patologías autoinmunes derivadas de la covid-19. Además de aumentar las donaciones, Hematología trabaja para reducir el consumo de plasma mediante la optimización de su uso en el entorno clínico y la búsqueda de alternativas a este derivado, que actualmente no existen.
