Publicado: septiembre 25, 2026, 12:23 pm
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El grupo de la escuela donde avisan si habrá clases, el chat del trabajo, el comprobante de la transferencia, la fotografía de un familiar o el mensaje para confirmar una cita médica y otros datos sensibles, todo sucede en WhatsApp . Sin embargo, esta practicidad también implica que una gran cantidad de información personal está concentrada en un solo espacio y ante un robo o hackeo podría ser mal utilizada. La aplicación ya es uno de los principales canales para organizar actividades personales, laborales y comerciales. En México, por ejemplo, alcanza una penetración de 93%, de acuerdo con el Messaging Trends Report 2026 de Infobip . La cifra coloca a la app por encima de otras como Instagram (45%), Messenger (45%) y Telegram (25%).
El problema no es WhatsApp, sino todo lo que dejamos dentro
A escala regional, América Latina reúne cerca de 420 millones de usuarios de WhatsApp . En Colombia y Chile la penetración se ubica entre 92% y 94%, y en Argentina entre 90% y 93%. “Hoy la mensajería, las videollamadas y los canales conversacionales son parte estructural de la vida de los latinoamericanos: ahí se organiza la escuela de los hijos, se coordina el trabajo, se accede a la salud y se hacen las compras”, explica Luisa Torres, WhatsApp Product Sales Expert de Infobip. En México, los usuarios pasan en promedio 38 minutos diarios en WhatsApp, entre 17 y 20 horas al mes. Cerca de 90% de los mensajes se leen durante los primeros tres minutos y la tasa de apertura llega a 98%, según datos de Infobip. Es decir, no solo hay millones de personas dentro de la plataforma, también existe una frecuencia de uso que la convierte en uno de los espacios digitales donde más atención concentran los mexicanos. Tener tanto contenido personal convierte a WhatsApp en un blanco atractivo para los ciberdelincuentes. Janeth Rodríguez, VP Revenue de Infobip para Latinoamérica, considera que más que un riesgo se trata de un desafío que requiere atención, especialmente para empresas y organizaciones que utilizan WhatsApp como principal vía de comunicación. “Cuando una parte tan grande de la vida digital de las personas pasa por un solo lugar, hay que asegurarse de que esas interacciones sean seguras, verificables y que el usuario nunca se quede sin alternativa si algo falla”, señala. Por ello, Rodríguez destaca la importancia de mantener una estrategia omnicanal, con WhatsApp acompañado por SMS, llamadas, correo electrónico y RCS (Servicios de Comunicación Enriquecida). Para las empresas, explica, esto permite mantener la comunicación incluso cuando uno de los canales presenta una falla o una restricción. Pero la dependencia no solo es un asunto empresarial, para los usuarios también significa que una cuenta comprometida puede abrir la puerta a una cantidad de información mucho mayor que hace algunos años.
En el plano familiar, un estudio de Kaspersky sobre 3,000 personas en 15 países encontró que 99% de los latinoamericanos mantiene algún tipo de contacto digital con su familia, y que 93% lo hace principalmente a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp; un 49% suma videollamadas de manera regular y un 66% intercambia memes, videos o publicaciones como forma de conexión emocional cotidiana. “WhatsApp se ha convertido en una extensión de nuestra identidad digital”, explica David González, especialista de ciberseguridad de ESET para Latinoamérica. “No solo guarda mensajes, sino también las relaciones, incluso la confianza o información personal”. En los chats pueden aparecer números de cuenta, comprobantes de pago, documentos, fotografías, direcciones, conversaciones laborales y datos sobre familiares. González explica que el cifrado de extremo a extremo ofrece una capa importante de protección, pero no evita todos los escenarios de compromiso. Si un atacante consigue acceder a un dispositivo o a una sesión que ya está autorizada, puede encontrar las conversaciones disponibles desde ese equipo. El riesgo aumenta cuando los usuarios mantienen sesiones abiertas en computadoras, tabletas o teléfonos que utilizan con poca frecuencia. “Cualquiera que se adueñe de un dispositivo que sea legítimo de nosotros (…) puede tener acceso a la información”, señala González. A esto se suma una técnica que ESET ha identificado como ghost pairing o “emparejamiento fantasma”. El atacante puede crear una página que imita WhatsApp Web y mostrar un código QR aparentemente legítimo. Cuando el usuario lo escanea, en realidad puede estar autorizando una nueva sesión. “Te mandan una página que se ve como WhatsApp, que te manda un código QR, pero por detrás es una suplantación”, explica González. El problema es que este tipo de engaños aprovecha precisamente la familiaridad. Después de años de utilizar la aplicación, escanear un código QR para abrir WhatsApp Web puede convertirse en un proceso automático. Una vez que un delincuente obtiene acceso, puede consultar conversaciones y utilizar la información para intentar hacerse pasar por la víctima. González señala que esto puede derivar en nuevas estafas, como pedir dinero a familiares o solicitar servicios en nombre del usuario.
Las marcas conocidas también se utilizan para engañar ¿Cuánto tiempo llevas sin revisar tus sesiones de WhastApp?
Los ataques no siempre llegan con una apariencia evidentemente sospechosa. En ocasiones utilizan el nombre y la imagen de empresas conocidas para generar confianza. González señala que, entre las marcas que ESET ha identificado como las más suplantadas en México, aparecen DocuSign, Microsoft y DHL . El mecanismo puede comenzar con un enlace enviado por correo electrónico o mensajería; el usuario reconoce la marca, confía en el mensaje y continúa con el proceso. Incluso una cuenta verificada no debe considerarse una garantía absoluta de autenticidad, advierte el especialista. Por eso recomienda revisar el enlace, el contexto del mensaje y cualquier solicitud de información antes de interactuar con ella. La llegada de herramientas de inteligencia artificial también ha complicado este escenario, pues permite generar mensajes, imágenes y otros contenidos fraudulentos con mayor facilidad. “Lo mejor es verificar antes de dar cualquier información y, si hay algo que no cuadra conforme a un enlace, conforme a una fotografía, conforme a la conversación, lo mejor es reportarlo”, señala González. Una de las medidas más sencillas consiste en revisar qué dispositivos tienen acceso a la cuenta de WhatsApp y cerrar aquellos que ya no se utilizan. González también recomienda activar la verificación en dos pasos, utilizar controles biométricos, mantener actualizado el sistema operativo y evitar iniciar sesión en redes wifi públicas cuando no sea necesario. El objetivo es sumar barreras, pues si un atacante consigue superar una de ellas, todavía tendrá que enfrentarse a otra. La llamada higiene digital también incluye revisar periódicamente los respaldos y archivos acumulados durante años. WhatsApp puede almacenar fotografías, videos, documentos y audios que ya no son necesarios, pero que siguen ocupando espacio y pueden contener información personal. Por ello, el especialista recomienda hacer una limpieza periódica y conservar solo aquello que realmente sea necesario, especialmente cuando se trata de documentos sensibles.
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