Publicado: septiembre 24, 2026, 5:17 am
La Reserva Federal, bajo la autónoma conducción de Kevin Warsh, movió a los mercados con su postura restrictiva de elevar su tasa de interés de referencia. Entre los agentes monetarios que no pueden permanecer impávidos ante esta jugada de la Fed está, sin duda, la Junta de Gobierno del Banco de México que hoy anunciará su decisión de política monetaria.
Al igual que ocurrió con el banco central de Estados Unidos, la decisión sobre el nivel de la tasa de referencia en México está cantada para los mercados; sin embargo, lo importante es la comunicación y las expectativas que dejen en claro los tomadores de decisiones monetarias de nuestro país.
Lo que mejor debe reflejar en su comunicado la Junta de Gobierno es su convicción de autonomía, porque durante los últimos meses hemos visto cómo una mayoría de ese órgano colegiado parece haber actuado en una especie de “modo zombi” peligrosamente alineada con la conveniencia de la política fiscal del gobierno federal. Al priorizar el abaratamiento del costo financiero de la gigantesca deuda pública por encima de un análisis riguroso de los riesgos inflacionarios de mediano plazo, la autoridad monetaria pone en entredicho la independencia que le costó décadas construir a nuestro país.
El mercado cambiario ya pasa factura y no se pone a averiguar si hay complacencias o coincidencias en la política monetaria tan pasiva del Banco de México. La severa depreciación de la última semana, y en especial de las últimas horas, es una clara llamada de atención. El estrechamiento del diferencial de tasas de interés frente a la Fed se proyecta directamente en la relación peso-dólar. Los inversionistas internacionales reacomodan sus portafolios ante la pérdida de atractivo del carry trade y, muy en especial, ante la percepción de un riesgo fiscal ascendente.
Ya no hay margen para que “una mayoría” de la Junta de Gobierno pretenda voltear hacia otro lado o refugiarse en la narrativa de que los factores externos tienen poco peso gracias a la desaceleración de la inflación general. El tipo de cambio ya grita que hay que enfocar bien las decisiones monetarias, viendo el bosque y no solo el árbol del Índice Nacional de Precios al Consumidor.
El régimen le llama “humanismo mexicano” a todo lo que la lógica económica no puede explicar, pero la política monetaria y el comportamiento del Banco de México no se pueden despegar de la realidad financiera internacional, porque las facturas son caras. Una depreciación acelerada termina por convertirse en una presión inflacionaria más, tanto por los bienes importados como por un efecto psicológico en la formación de precios.
La autonomía de un banco central no se defiende con retórica; se tiene que demostrar en la fuerza del comunicado de hoy. Si Banxico insiste en aliviar la carga fiscal del gobierno e ignora las señales del tipo de cambio, pronto tendrá que corregir el rumbo a un costo económico mucho mayor.
El mercado quiere ver que el instituto emisor mantiene firme el timón; requiere alguna señal que elimine las sospechas de haber cedido su independencia al ritmo de la política.
