Publicado: septiembre 15, 2026, 5:34 am
Cada día son más las personas que escuchan en la radio o la televisión o que leen en los periódicos que la economía española acumula varios periodos de crecimiento por encima de la media europea. Además, las previsiones que manejan las autoridades es que estas tendencias van a continuar en los próximos meses. Sin embargo, de igual manera, todas esas personas perciben que ese supuesto crecimiento de la economía española no se nota en sus bolsillos. Sus salarios no suben, mientras que sí lo hacen gastos como el alquiler o la hipoteca, los combustibles, la factura de la luz o la cesta de la compra. Y es en ese momento cuando se preguntan dónde está ese crecimiento económico. Dado que las economías familiares siguen algunas estancadas y otras en caída libre, muchas personas en España tienen que recurrir a la deuda y al aplazamiento de pagos para seguir tirando hacia delante. Sin embargo, esto en muchas ocasiones supone una huida hacia ninguna parte. Algo que explica muy bien el dicho castizo ‘pan para hoy y hambre para mañana’. Porque España es un país que vive sumido en el sobrendeudamiento. Es decir, no solo en las deudas, sino en las deudas por encima de las posibilidades de la población. Para analizar esta situación global que afecta a millones de españoles, ABC ha hablado con Cristina Cervantes, Co-Country Manager de Bravo en España. Bravo es una empresa de reparación de deudas (fintech) que ayuda a las personas a negociar y liquidar deudas atrasadas o impagables pagando menos dinero del que deben. Lo primero que realizan es un diagnóstico financiero de la situación. Después, un plan de ahorro. Además, negocian con bancos y acreedores para conseguir la reducción de esas deudas y después ponen en marcha el mejor plan para liquidarlas. Recientemente, Bravo ha lanzado un informe denominado ‘Radiografía del sobreendeudamiento en España 2026’ en el que analizan cómo viven, cuánto deben y qué sienten las personas endeudadas en España. Y una de las conclusiones más impactantes es que el perfil más repetido de persona endeudada en España es el de hombre de entre 40 y 54 años, con empleo a tiempo completo y un sueldo de hasta 2.000 euros al mes. Esta última cifra resulta una alerta innegable, ya que a priori no parece un salario tan bajo como para que una persona viva ahogado por las deudas. «Lo primero que debemos entender es que tener ingresos no significa necesariamente tener margen financiero», explica Cristina. «Una persona puede tener una nómina todos los meses y, sin embargo, llegar a final de mes con prácticamente todo su salario comprometido». «En el caso de los hogares con ingresos de hasta 2.000 euros, la situación puede ser especialmente complicada porque una parte muy importante de los ingresos se destina a gastos que son difíciles de reducir: vivienda, alimentación, transporte, suministros o gastos asociados a los hijos cuando los hay… Si además existen varias cuotas de préstamos, tarjetas o microcréditos, el margen desaparece rápidamente». Ante esta situación, muchas personas se preguntan qué salario se necesita en España para vivir sin ser víctima del endeudamiento, cuestión que requiere una reflexión por encima de una cifra. «No hablaría de un salario concreto que garantice una situación tranquila. Depende mucho de dónde viva la persona, del coste de la vivienda, de si tiene hijos, de sus gastos y, sobre todo, del nivel de deuda que tenga». «Dos hogares con los mismos ingresos pueden encontrarse en situaciones financieras completamente diferentes. Más que preguntarnos cuánto hay que ganar para estar tranquilo, deberíamos preguntarnos cuánto margen queda después de pagar todos los compromisos. La verdadera estabilidad financiera empieza cuando una familia puede afrontar un imprevisto sin tener que recurrir inmediatamente a nueva financiación». En líneas generales, el español medio está acostumbrado a convivir con las deudas. Tanto es así que puede juntarse con descubiertos de hasta 15.000 o 25.000 euros sin que esto le suponga una gran preocupación. «Creo que el problema está precisamente en que muchas veces normalizamos la deuda mientras podemos seguir pagando las cuotas». «Una deuda de 15.000 o 25.000 euros no tiene el mismo significado para todas las personas. No significa lo mismo para alguien con unos ingresos elevados y una única financiación a largo plazo que para una familia con ingresos más ajustados y cinco productos financieros diferentes». «Lo que debería hacernos saltar las alarmas no es únicamente la cantidad total, sino la relación entre esa deuda y nuestros ingresos, el número de cuotas que tenemos que afrontar cada mes y cuánto margen nos queda para vivir. La deuda puede formar parte de una economía saludable. El problema aparece cuando empezamos a necesitar deuda para pagar deuda o cuando una cuota mensual condiciona decisiones básicas de nuestra vida. Ahí es cuando podemos estar perdiendo el control financiero». Ante esta situación, muchas personas podrían pensar que para evitar caer en el sobreendeudamiento lo mejor sería pagar todo al momento para evitar la suma de deudas. Sin embargo, esto provoca grandes dificultades a la hora planificar mejor la gestión de recursos limitados, tal y como explica Cristina Cervantes. «No necesariamente. De hecho, intentar pagar todo inmediatamente puede no ser la solución si eso deja a una familia sin capacidad para afrontar sus gastos básicos o cualquier imprevisto». En este sentido, la Co-Country Manager de Bravo España va más allá. «El problema del sobreendeudamiento no se resuelve simplemente diciendo a una persona que debe resolverlo a corto plazo. Primero hay que analizar qué debe, a quién, cuánto paga cada mes y qué capacidad real tiene para afrontar esas obligaciones». «Muchas veces seguimos acumulando deuda porque cada nueva financiación parece resolver un problema concreto anterior. Una reparación del coche, una factura inesperada o un gasto familiar pueden parecer asumibles de manera aislada. El problema aparece cuando esas decisiones se acumulan». «Por eso en Bravo hablamos de rehabilitación financiera. No se trata simplemente de cancelar una deuda, sino de ordenar la situación completa y encontrar una vía sostenible que permita a la persona volver a tener margen y recuperar el control de su economía».
