El problema de los retos de "no comprar nada" que no te cuentan - Estados Unidos (ES)
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El problema de los retos de «no comprar nada» que no te cuentan

Publicado: agosto 22, 2026, 5:00 am

Los retos de «no comprar nada» se han popularizado en redes sociales como una forma de ahorrar, recuperar el control financiero y frenar las compras compulsivas. La idea de fondo es muy sencilla: evitar todo gasto innecesario durante un periodo de tiempo que puede ser un mes, una semana e incluso un año.

Sobre esta base, después se puede adaptar a no comprar ropa, no gastar en cenas, en comer fuera o en cualquier otra cosa, pero el funcionamiento es siempre el mismo. Se trata de una idea potente, simple y que a priori siempre ayudará a ahorrar un dinero. Sin embargo, también tiene su parte negativa y ciertos límites que Nischa Sah, antigua banquera y ahora divulgadora financiera, explica. Y es que pueden llevar a poner la atención en gastos que ni son tan importantes ni tienen tanto margen de mejora una vez termina el reto.

Para qué sirven los retos de no comprar nada

El modelo de los retos de ahorro está de moda porque son fáciles de poner en marcha, son muy efectistas y normalmente atacan el tipo de gasto del que menos orgullosos nos sentimos o que más queremos eliminar. Y aunque como fórmula de ahorro dejan bastante que desear, sí que pueden ser útiles como un ejercicio puntual para detectar compras automáticas, revisar hábitos o frenar ciertos gastos impulsivos.

También puede tener sentido para detectar ciertos patrones como las compras por aburrimiento, como recompensa o solo porque son fáciles de hacer, como las compras con el móvil. En términos generales, cuanto más concreto sea el reto, mejor suele funcionar y más partido se le puede sacar.

Por ejemplo, el reto de pasar un mes sin ninguna suscripción de pago para ver hasta qué punto las echas en falta o gastar menos durante un mes para reponer o reforzar el fondo de emergencia, pagar una deuda o saldar la tarjeta de crédito. Y es que de poco sirven estos retos de no gastar si después ese dinero que dejas de utilizar en un lugar lo gastas en otro en lugar de ahorrarlo.

El límite de estos retos: mirar solo el gasto pequeño

El principal problema de los retos de no comprar nada llega cuando se convierten en la única herramienta de ahorro. Porque una cosa es usar el reto de las 52 semanas para ahorrar 1.378 euros al año y otra cosa que esa sea la principal estrategia para ahorrar dinero. Cuando eso sucede, el problema normalmente tiene que ver con una falta de planificación.

Si algo tienen en común estos retos es que normalmente se refieren a pequeños gastos variables, como los gastos hormiga (el café del mediodía, una compra online, un capricho en la máquina del trabajo…). Revisar esos gastos tiene sentido y puede ayudarte a recuperar cierto margen mensual en el presupuesto. El error y el límite está en pensar que con eso se resuelve el problema de control financiero.

Este tipo de retos deja fuera los gastos importantes como la hipoteca o el alquiler, los seguros, la energía y los gastos que realmente pesan en el presupuesto. Según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, el gasto medio por hogar en España fue de 34.044 euros en 2024. La vivienda, el agua, la electricidad, el gas y otros combustibles concentraron el 32,4% del presupuesto familiar. La alimentación supuso otro 15,8% y el transporte, un 11,4%.

Estos retos no tocan ninguno de estos gastos importantes que, además son los que más fácil se pueden reducir con menor esfuerzo y, además, conseguir un ahorro que se mantiene en el tiempo.

Por eso, dejar de comprar ropa durante unas semanas o reducir las compras online puede ayudar, pero el efecto será limitado si la mayor parte de los ingresos ya está comprometida en gastos fijos o muy difíciles de mover. En muchos hogares, el margen real depende más del alquiler, la hipoteca, el coche, los suministros, las deudas o los seguros que de una compra puntual.

El efecto culpa y rebote

Igual que con muchas dietas, un problema adicional de esta forma de ahorrar es que puede terminar siendo contraproducente si el reto es demasiado restrictivo. Lo que ocurre entonces es que todo se reduce a un ejercicio de fuerza de voluntad permanente. Ahí es cuando cualquier compra se puede interpretar como un fallo y llevar a sentir culpa por compras que en realidad son aceptables (buena parte de los retos fracasan por eso).

Además, también es fácil que se produzca un efecto rebote nada más terminar el reto. Y eso implica que se puede haber ahorrado, pero que no ha habido aprendizaje de ningún tipo.

La solución aquí pasa por plantear retos que cumplan tres ideas:

  1. Que sea un reto limitado en el tiempo y en categorías concretas o en una de las dos. Es decir, saber cuánto tiempo vas a dejar de comprar y dónde.
  2. Decidir de antemano qué harás con el dinero. Recuerda que si no gastas aquí, pero lo haces allí, no estás ahorrando. Cuanto más específico sea el objetivo, mejor.
  3. Acompañarlo de una revisión de grandes gastos si todavía no la haces.

De esta forma sí puedes convertir ese ejercicio de fuerza de voluntad en un ejercicio de aprendizaje y de ahorro.

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