Publicado: junio 23, 2026, 7:23 am
Nada queda ya del fervor con el que Keir Starmer llegó al número 10 de Downing Street. En los comicios generales de 2024, el líder laborista logró para su partido una de las victorias más aplastantes de la historia democrática reciente del Reino Unido con más de 400 escaños en la Cámara de los Comunes. Consiguió, así, acabar con 14 años ininterrumpidos de gobiernos conservadores, caracterizados por la salida del país de la Unión Europea y por una inestabilidad política que se tradujo en un sucesivo vaivén de líderes del Partido Conservador. El actual jefe del Gobierno británico prometió por aquel entonces devolver la estabilidad al país y trabajar en una «renovación nacional» del Reino Unido, pero lo cierto es que, dos años después, sus promesas se han diluido y la situación es totalmente distinta a la esperada.
Con su popularidad en horas bajas y el descontento hacia su gestión tanto de sus votantes como de gran parte de sus compañeros políticos, el jefe del Gobierno británico se vio obligado este lunes a anunciar su dimisión. «La pregunta que se plantea ahora mi partido es si soy la persona más adecuada para liderarnos de cara a las próximas elecciones generales. He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta y la acepto de buen grado. Cada decisión que he tomado ha sido anteponiendo el país que quiero. Por eso, renunciaré como líder del Partido Laborista», declaró Starmer en su despedida ante las cámaras de televisión, en la que anunció un proceso de elecciones primarias dentro de su partido y que se mantendrá en el cargo hasta la elección de su sucesor.
El país, por tanto, espera impaciente a que el Partido Laborista designe el que será ya el séptimo primer ministro de Reino Unido en apenas diez años. Todas las quinielas apuntan a un nombre: Andy Burhnam, el exalcalde de Manchester, que ha ido ganando apoyos en los últimos meses dentro del laborismo y que, este mismo viernes, logró su escaño en el Parlamento británico en las elecciones de Makerfield obteniendo más votos que la creciente ultraderecha de Nigel Farage. «Lo de Burnham ha sido el empujón definitivo», asegura a 20minutos Moisés Ruiz, profesor de Comunicación y Liderazgo político en la Universidad Europea: «El Partido Laborista estaba huérfano de líderes. Ya no creía en Starmer desde hace tiempo, que había provocado una crisis reputacional y una crisis también en su propio gobierno. Y la victoria de Burnham ha hecho ver que su posición ya no se sostenía por ningún lado».
Con todo, las elecciones locales inglesas y regionales del pasado 7 de mayo en Gales y Escocia también supusieron un duro varapalo para Starmer. En esta cita, el Partido Laborista perdió casi 1.500 concejales y fueron derrotados en su feudo histórico, Gales, donde pasaron a ser la tercera fuerza parlamentaria a pesar de haber estado gobernando desde 1999. En medio de sus bajos índices de popularidad, estos comicios ya se leían además como una prueba clave para el liderazgo de Starmer, por lo que no fue de extrañar que tras el revés electoral numerosos miembros de su partido comenzaran ya a pedir su dimisión. «Starmer se estaba sujetando en el poder basándose en la legitimidad, pero lo cierto es que ya estaba debilitándose poco a poco. Y la irrupción política de Bunham y su resultado positivo en las elecciones le ha hecho muy visible para el resto de los laboristas», añade Ruiz.
Para este experto, el fracaso de Starmer ha sido, sin duda, otro más del proceso que inició el país con la salida de la UE. «Ha sido una víctima más del error del Brexit que cumple ahora 10 años. Años de fracasos e incertidumbre que han generado crisis política, social y económica. Y Starmer ha sido una víctima más de todo este sistema».
Una serie de medidas muy criticadas
También han jugado en su contra los dos años de mandato que ha estado Starmer en el cargo, donde los laboristas han pasado de la alegría a la decepción. Entre otras, el jefe del Ejecutivo británico ha tomado en estos casi 24 meses de gobierno decisiones fiscales y políticas muy criticadas, como el recorte de ayudas a pensionistas, el intento de limitar los subsidios para las familias con tres hijos o el nombramiento del exministro Peter Mandelson, con estrechos vínculos con el pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.
Para Daniel Gil, analista en The Political Room especializado en la UE, el problema de Starmer es que no ha sido realmente capaz de afrontar las reformas necesarias del Reino Unido en estos años: «Si por algo ha destacado es por su tibieza en prácticamente todos los asuntos de su gobierno y por tratar de buscar un punto intermedio. Sobre todo ha gobernado con miedo a la reacción del electorado y tratando de no alienar a la derecha. Eso ha conducido a un estado donde realmente se ha hecho muy poco y apenas se han abordado los problemas reales del Reino Unido. El gobierno daba una sensación de estar superado desde el primer momento y eso poco a poco le ha ido lastrando hasta la situación que tenemos hoy».
Eso es lo que ha ocurrido por ejemplo con sus medidas en materia fiscal, donde el jefe del Gobierno británico llevó a cabo varios movimientos que fueron criticados por amplios sectores de la sociedad, especialmente entre sus bases laboristas: «Propuso planes fiscales con bastantes recortes para hacer frente al agujero fiscal que tiene el Reino Unido. Cuando eso es impopular entre sus bases, decide dar marcha atrás, pero evidentemente la situación fiscal continúa estando allí, así que no puede ser un reverso definitivo y se mantiene al final en una situación donde hay subidas de impuestos que no satisfacen al electorado. Al mismo tiempo no da un paso más allá y no genera los suficientes ingresos como para saldar esa brecha fiscal».
Otra de sus promesas clave fue el mayor acercamiento del país a la Unión Europea. Starmer ha estrechado, sí, las relaciones entre Bruselas y Londres, pero a la vez ha ido poniendo ciertos límites a esa misma unión como impedimentos para volver a entrar en el mercado único o restricciones a la libertad de movimiento. «Él mismo ha puesto límites a su estrategia y ese acercamiento se ha ido dando pero poco a poco, de manera paulatina y demasiado lenta. Al final, no ha conseguido las grandes ventanas que podía haber tenido el Reino Unido en el mercado europeo porque no se tiene acceso a él. Por lo tanto, ese acercamiento estaba condenado a no generar los réditos económicos y la prosperidad para los ciudadanos que prometía», explica Gil.
Y de igual forma ha ocurrido en materia migratoria, una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos británicos, tanto conservadores como progresistas, y que tiene su mayor consecuencia en el aumento que está experimentando en las encuestas el partido de ultraderecha Reform UK, el principal en intención de voto: «Las políticas de Starmer en inmigración han tenido poco sentido. Por un lado se ha tratado de parar la sangría de votos y de no cederle el discurso antinmigratorio únicamente a Reform UK, así que se han propuesto algunas medidas como retornos de inmigrantes que se encuentran con cuestiones judiciales y que no son populares en algunas bases del Partido Laborista. Después, se ha dado marcha atrás y, de nuevo, una vez más, se ha quedado el Partido Laborista y Starmer en tierra de nadie, asumiendo el desgaste de haber tratado de promulgar un discurso algo más duro contra la inmigración y a la vez el desgaste de toda esa ciudadanía preocupada por la inmigración que sí quiere esas políticas más duras y que el Partido Laborista no se las está dando».
Un liderazgo débil y falta de carisma
A los distintos problemas con sus políticas, se han unido también las criticas por su falta real de liderazgo y de carisma. «Ha ejercido un liderazgo muy débil. Es un hombre demasiado pausado en la toma de decisiones, lo que no ha terminado convenciendo a la población. No ha sabido tener la visión necesaria para afianzar su liderazgo y eso ha hecho que su credibilidad se haya hundido. Al final no ha sabido llevar al país hacia un sustento político y económico eficiente», explica Ruiz sobre su tibieza a la hora de gobernar. «Starmer llegó prometiendo un cambio y, sobre todo, generando cierta esperanza en sus bases, pero ha estado muy cuestionado y no ha sido un líder demasiado carismático, ni audaz», remata Gil en este sentido.
Y ello también se ha dejado notar en el posicionamiento británico con respecto a conflictos internacionales. Para el experto de la Universidad Europea, Starmer también se ha caracterizado por ser demasiado «ambigüo y pusilánime» con casos como el de Gaza, donde le ha costado tomar una decisión. Gil, por su parte, afirma que su posicionamiento ha sido en realidad semejante al resto de países de Europa, donde muchos gobiernos no fueron en un primer momento especialmente contundentes, pero que con el tiempo se han visto forzados a ser más críticos con Israel y con Estados Unidos.
«En un primer momento intentaron salvar la relación con la Casa Blanca y no tensionarla, pero esa posición es cada vez más insostenible y tanto Starmer como otros gobiernos comenzaron a distanciarse con muchos matices. Esos vaivenes provocan críticas y que el partido reciba daños tanto de los sectores más propalestinos del partido, como de los sectores judíos que tienen cierto poder en ese lobby dentro de Londres, ha dañado su posición en materia internacional y, por supuesto, su posición interna», explica.
¿Qué esperar ahora?
Con la renuncia de Starmer, Reino Unido sigue estancado en la inestabilidad política en la que vive desde hace años. Como explica Gil, tanto los tories (conservadores) como los laboristas, es decir, los representantes de los dos partidos tradicionales, están perdiendo apoyos en favor de otras opciones políticas. Crece especialmente la ultraderecha de Reform UK en los sondeos, pero también lo hacen los Verdes y los liberales: «Lo que estamos viendo es la desintegración y la reformulación del sistema de partidos británico que se está plasmando principalmente en esa caída de los dos partidos principales y el reforzamiento de opciones políticas alternativas».
«Lo que estamos viendo en Reino Unido tiene que ver con el estado general de Occidente. Nos encontramos con un país cuyo modelo ha llegado a su límite y hay un estancamiento económico que fuerza a hacer reformas significativas, pero que implican un enorme coste. Gran parte de esta situación tiene que ver con el Brexit, porque muchas de estas dinámicas las ha acelerado, pero están presentes en toda Europa y han afectado especialmente a los partido británicos porque son mucho más sensibles a esas tensiones. De hecho, hablamos de cómo han caído todos los primeros ministros, pero a la mayoría de ellos, quien les ha hecho caer es su propio partido, y esa es la característica única de Reino Unido», asevera Gil.
Con Andy Burhnam a la cabeza del Partido Laborista, ambos expertos aseguran que habrá que estar atentos a qué cambios introduce respecto a las políticas de Starmer. «Ahora se tiene que volver a consolidar el partido, ser creíble para la población y sacar a los ciudadanos de este descontento en el que están sumidos», opina el experto de la Universidad Europea. Gil, además, opina que el exalcalde de Manchester es mucho más carismático que Starmer, valora que tiene una posición mucho más europeísta, pero cree que el estancamiento en el que vive el país continuará: «Todo dependerá de si hace frente a las reformas profundas que necesita el Estado, pero esta historia ya la hemos visto varias veces. Y la opción que tenemos es la de cambiar de líder. Seis veces lo han hecho y seis veces no ha funcionado. Ahora vamos, sin duda, a por la séptima».
