Publicado: mayo 15, 2026, 6:23 am
La expresión tiene un origen carcelario. Lo de que «hay ropa tendida» lo empleaban los presos de antaño para alertar de la presencia de sus guardianes y callarse o cambiar de tema. La frase se popularizó y hoy se usa para advertir que hay alguien cerca, especialmente niños, que no conviene que escuchen. Ya en términos no figurados el tender la ropa en los balcones de una determinada manera fue un método muy usado por el espionaje en la Segunda Guerra Mundial. Técnica ingeniosa donde una determinada disposición de prendas en el tendedero permitía transmitir códigos sin poner en riesgo la vida de los agentes.
Tender la colada a la vista de todos exhibiendo las prendas más íntimas no contribuye precisamente a mantener la estética urbana, pero hay una excepción bien reconocida, la de Nápoles. La capital de Campania ha convertido la ropa tendida de sus fachadas en una seña de identidad, un icono cultural del que si prescindiera cambiaría la fisonomía de la ciudad hasta hacerla irreconocible. Esa colada callejera es allí considerada como un símbolo de autenticidad que le proporciona un especial colorido a sus fachadas.
Ocurre sobre todo en los estrechos callejones del barrio español donde las sábanas de ambos lados se juntan tamizando la luz de la vía. Allí en Nápoles es lo más fotografiado por los turistas. Hace unos cuatro años el ayuntamiento napolitano planteó la posibilidad de prohibir la ropa tendida en las zonas de tránsito pero hubo de recular ante la consideración mayoritaria de los vecinos de que la ciudad no debía renunciar a una característica tan emblemática de su imagen pública.
Nápoles es, como decía, una excepción en lo que se refiere al efecto que produce el colgar la ropa en ventanas y balcones. En España la mayoría de los ayuntamientos tratan de conjurar esa práctica por entender que proyecta una imagen cutre de sus calles. Es evidente que aquellas zonas de la ciudad donde la gente tiende fuera la colada, ya sea por falta de espacio o de patios interiores donde hacerlo, el aspecto que presentan es bastante lamentable. Lo de evitarlo en lo posible es un viejo empeño de los gobiernos municipales que han ido establecido normas que lo restringen o prohíben.
Es el caso de Madrid y Barcelona donde la sanciones por tender fuera pueden alcanzar en teoría hasta los 750 euros, y digo en teoría porque habida cuenta de la cantidad de ropa tendida que se observa en muchos de sus barrios cabe suponer que impera la vista gorda. Una permisividad que no debía caber en los centros históricos de la ciudad. Entiendo que hay casas donde lo tienen difícil pero siempre hay formas de apañar la colada en el interior que eviten la exhibición de bragas, calzoncillos o pijamas presidiendo un espacio monumental donde ha de preservarse al máximo la estética al constituir el escaparate de la ciudad. Esta es la idea que ha motivado recientemente al ayuntamiento de Lorca a aplicar multas de hasta 1.500 euros a quienes tiendan en la calle. Su alcalde ha defendido tal dureza por la necesidad de reforzar la imagen de Lorca como destino turístico y la demanda creciente de los vecinos por asear el aspecto de esta localidad murciana.
La colada no es el único elemento que rompe la estética de un edificio y que ha de ser evitado, las ordenanzas municipales prohíben también colgar banderas de forma permanente , no cuando se exhiben por un acontecimiento puntual, o quienes usan sus balcones como cuartos trasteros sacando colchones, bicicletas o bombonas de butano a la vista de todos. Las ciudades son de sus vecinos y peor que ser cutres es parecerlo.
