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Irán: propaganda norteamericana al modo soviético

Publicado: mayo 14, 2026, 6:23 am

No siento ninguna simpatía por Serguéi Lavrov, el ministro ruso de asuntos exteriores. El hombre dilapidó el prestigio que había alcanzado como diplomático cuando, por cobardía, desidia o ambición, renegó del llamado Memorándum de Budapest, un tratado internacional que garantizaba la integridad territorial de Ucrania a cambio de la entrega a Rusia de sus armas nucleares. Ironías del destino, había sido él mismo quien, en 1994, como representante permanente de Rusia en el Consejo de Seguridad, había depositado en la ONU el tratado en cuestión firmado por, entre otros, Boris Yeltsin y Bill Clinton.

Con todo, al veterano diplomático no le falta sentido del humor. Hoy publica la prensa rusa unas declaraciones suyas en las que se ríe con elegancia de la diplomacia de Washington y de su campaña de propaganda sobre la guerra que, a pesar del teórico alto el fuego, continúa en los mares que rodean Irán. Dice Lavrov, con la convicción de quien lo ha vivido: «Como saben, en la Unión Soviética la gente siempre susurraba y comentaba en las cocinas lo primitiva que era nuestra propaganda. Pero creo que era muchísimo mejor que lo que ahora oímos de los ideólogos occidentales».

El ministro ruso denuncia que la diplomacia norteamericana está intentando convencer al mundo de que hay dos guerras distintas en Oriente Medio. Una es la de los Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, una guerra justa porque su objetivo es destruir una bomba nuclear. Una bomba que no existe asegura Lavrov— y que sería fruto de un programa que, según el propio Donald Trump, ya había sido arrasado en junio de 2025. La segunda guerra, explica con ironía el ministro Lavrov, «consiste en que Irán un día se despierta y cierra el estrecho de Ormuz».

Por una vez tiene razón el diplomático ruso. No solo la camarilla de indocumentados que Donald Trump ha elegido para rodearle, sino el propio Marco Rubio —que, como Lavrov, va dilapidando poco a poco su prestigio internacional al servicio de su despótico amo— condenan el cierre del estrecho de Ormuz como si fuera un capricho de los ayatolás sin relación alguna con la campaña de bombardeos norteamericanos e israelíes. Así, mientras justifican el bloqueo de los puertos iraníes porque «Teherán no puede tener la bomba», le piden a la comunidad de naciones y a la propia ONU que reaccionen contra el bloqueo del estrecho porque «va contra la legalidad internacional». Ambas cosas podrían defenderse por separado, pero juntas —y de esto sabe mucho el propio Lavrov, que se ve obligado a hacer lo mismo cada día en relación con la guerra de Ucrania no hay manera de hacerlo sin sonrojarse.

El Derecho Marítimo Internacional —que, por cierto, Washington nunca ha ratificado— protege la libertad de navegación de los buques de todas las naciones. También la de los petroleros iraníes o venezolanos en alta mar, ya que las sanciones unilaterales decretadas por los tribunales norteamericanos solo podrían aplicarse en sus aguas territoriales.

Es verdad que las leyes de la guerra —una guerra que, según asegura el secretario de Estado Rubio, ya ha terminado— contemplan el bloqueo marítimo como un arma legítima de los beligerantes en un conflicto armado… Pero esas leyes también son iguales para todos. La única ley que de verdad podría limitar los derechos de un bando y darle al otro barra libre es la del embudo, tan injusta que solo puede estar amparada en la fuerza militar. Y sí, tiene razón Lavrov: fingir otra cosa es tan burdo como lo fue en su día la propaganda soviética. Solo le ha faltado añadir que, como él sabe por propia experiencia, así no hay forma de ganar la batalla del relato Pero tampoco hace demasiada falta porque de eso ya se están dando cuenta tanto en Washington como en Moscú. Todos menos —y ya es mala suerte— Vladimir Putin y Donald Trump.

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