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Cada vez más gente está mirando las especies invasoras como el nuevo gran filón culinario. La ciencia tiene algo que decir

Publicado: mayo 7, 2026, 8:23 am

Cada vez más gente está mirando las especies invasoras como el nuevo gran filón culinario. La ciencia tiene algo que decir

Honolulu, en Hawái, es famoso por sus playas y la clase de paisajes paradisíacos con los que uno sueña cuando planifica sus vacaciones. Hace unas semanas una de sus playas más pintorescas acogió sin embargo un concurso que sonaba a cualquier cosa menos a paraíso: «Eat the Invaders» («Cómete a los invasores»). Aunque el título pueda resultar chocante macabro, en realidad se trataba de un torneo de pesca en el que los participantes debían capturar tres especies invasores. Luego un chef se encargó de prepararlas para demostrar que, además de un enorme problema medioambiental, los peces ta’ape, toau o roi pueden ser un manjar.

Parece una anécdota, pero ese torneo de Honolulu es solo parte de un problema mucho mayor: el ‘invasivorismo‘.

¿Qué diablos es el ‘invasivorismo’? La palabra se las trae, pero se refiere a un concepto muy fácil de entender: el ‘invasivorismo’ consiste ni más ni menos que en consumir especies invasoras. Exactamente lo que animaban a hacer hace unas semanas en Honolulu: dejar de ver el ta’ape o roi como simples especies invasoras para entenderlos como algo más, un ingrediente para platos deliciosos. En teoría eso no significa que se renuncie a erradicarlos o se ignore el daño que causan a los ecosistemas locales. Sencillamente se anima a ir más allá y convertir el problema en una oportunidad.

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¿Ocurre solo en Hawái? Para nada. Los habitantes de Honolulu no han inventado nada nuevo. Ni siquiera el lema de «Eat the Invaders», que en realidad es el título de una serie de la cadena ABC que explora precisamente el potencial culinario de las especies invasoras de Australia. En 2025 incluso el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EEUU (FWS) usó ese mismo gancho («Eat the invaders») para lanzar una campaña en la que animaba a sacar partido de las especies introducidas por el hombre y que ahora amenazan la diversidad autóctona.

«El consumo de especies invasoras puede ayudar a proteger la fauna y flora autóctonas. Al calzarlas, atraparlas y consumirlas podemos reducir su población y el daño que causan», reivindica un artículo firmado por Erin Huggins, del área de comunicaciones del FWS, en el que se detallan media decena de especies que representan un problema en EEUU y «conviene considerar»: Myocastor coypus, Channa argus, iguana iguana, carpa plateada y Sus scrofa, criaturas procedentes de otras áreas de América, Asia o Europa.

¿Suena bien, no? Ese es el quid de la cuestión. A simple vista parece la cuadratura del círculo: se combate una especie invasora y de paso se le saca un provecho fácilmente trasladable a toda la población. La idea es tan potente que en 2013 incluso la FAO animó a combatir las plagas de medusas con un eslogan similar: «Si no puedes luchar contra ellas, cómetelas». El problema es que hay expertos que creen que el invasivorismo es en realidad una trampa en la que resulta tentadoramente fácil caer. De entrada parece la solución perfecta, pero a menudo acaba agravando las invasiones.

El tema preocupa lo suficiente como para que un grupo de científicos de varios países, liderados desde la Estación Biológica de Doñana-CSIC, haya publicado un artículo en Proceedings of the National Academy os Sciences (PNAS) en el que cuestiona el argumento base del invasivorismo: que el consumo de especies invasoras sea una estrategia inteligente, sobre todo si acaba convirtiendo la captura y la explotación de esas mismas especies en un negocio lucrativo. «Fomentar la comercialización puede generar incentivos para mantenerlas en lugar de erradicarlas».

¿Qué dicen exactamente? Que lo que de entrada parece una solución puede acabar convertido en un problema. «El invasivorismo suele presentarse como una estrategia win-win (beneficio mutuo) basada en la idea de que el consumo de una especie invasora genera riqueza al tiempo que se minimizan sus impactos», reconoce Fran Oficialdegui, investigador de la Estación Biológica de Doñana-CSIC y autor principal del artículo. «Pero la realidad es mucho más compleja, y en muchas situaciones, cuando el problema se convierte en negocio, surge una resistencia a acabar con el mismo».

«Lo que no se suele decir es que los objetivos de la explotación comercial y de la gestión de especies invasoras son, en la mayoría de los casos, opuestos», incide el investigador antes de advertir del mayor riesgo: que se genere un mercado en torno a las especies foráneas. Cuando eso ocurre al interés por erradicarlas puede sumársele otro que tira en sentido opuesto: el interés por conservarlas.

¿Puede ocurrir eso de verdad? Ya ha ocurrido, de hecho. En su artículo los investigadores recuerdan el caso del cangrejo de Kamchatka (Paralithodes camtschaticus). Aunque se trata de una especie oriunda del Pacífico Norte, hace unos 60 años la URSS decidió introducirla en el mar de Barents, en el Ártico. Allí estos crustáceos encontraron un lugar en el que expandirse con facilidad y acabaron convirtiéndose en una plaga. También en algo más: el motor de un próspero negocio que con el paso del tiempo derivó en sobreexplotación. 

¿Qué hicieron las autoridades cuando la pesca amenazaba con eliminar la especie, en teoría invasora? Se fijaron límites de captura para garantizar el negocio que se había creado.

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¿Por qué lanzan la advertencia ahora? Porque, como recuerdan desde la Estación Biológica Doñana-CSIC, el discurso del invasivorismo parece estar calando poco a poco. Y en parte esa expansión se debe a campañas promovidas por empresas, administraciones e incluso organizaciones conservacionistas que se dejan llevar por el lema de «Si no puedes con ellas, ¡cómetelas!» que ya usó hace años la FAO. Oficialdegui advierte además que lo ocurrido en su día con el cangrejo de Kamchatka podría replicarse en España con el Callinectes sapidus, o cangrejo azul, una especie invasora cuyas bondades culinarias ya empiezan a promocionarse. De hecho es fácil encontrar recetas que explican cómo prepararlo con arroz.

«Es muy probable que escenarios similares al del cangrejo de Kamchatka se den en la península cuando, una vez asentada la explotación comercial de la jaiba azul (Callinectes sapidus), haya declives en su población», avanza Oficialdegui. En su opinión, el invasivorismo puede ayudar a crear conciencia social sobre el riesgo de las especies exóticas, pero eso no puede llevarnos a engaño. «Abordar las invasiones biológicas requiere compromiso a largo plazo, conocimiento científico y políticas coordinadas. Las soluciones simples resultan atractivas, pero rara vez resuelven problemas ambientales complejos», previene.

Imágenes | Mr.TinMD (Flickr) y Estado de Hawái-División de Recursos Acuáticos

En Xataka | La Península Ibérica está siendo invadida: más de 1.200 especies exóticas han llegado para quedarse

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La noticia

Cada vez más gente está mirando las especies invasoras como el nuevo gran filón culinario. La ciencia tiene algo que decir

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Carlos Prego

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