Publicado: junio 27, 2026, 5:44 am
La tierra tembló en Venezuela el pasado miércoles. Dos seísmos de magnitud superior a 7 en la escala Richter en apenas 40 segundos sacudieron los cimientos del país con un inusual fenómeno conocido como «doblete sísmico» que ha liberado la energía acumulada durante 100 años bajo tierra y ha dejado, según las autoridades venezolanas, al menos 589 muertos y casi 3.000 heridos, aunque se teme que las cifras puedan ser muy superiores, por el gran número de desaparecidos.
Entre las personas de las que se desconoce su paradero figuran al menos 99 españoles. El Ministerio de Exteriores de España ha confirmado que tres de los fallecidos son ciudadanos españoles. Además de la destrucción inicial, expertas advierten a 20minutos de que lo peor podría no haber pasado, ya que las réplicas amenazan las estructuras que han quedado en pie.
Pero, ¿qué es lo que ha hecho tan devastador este evento? Lucía Lozano, sismóloga de la Red Sísmica Nacional, detalla a este diario en conversación telefónica la secuencia de la catástrofe: ocurrieron «dos terremotos seguidos de 7,2 y 7,5 con una diferencia de unos 40 segundos el uno del otro«. A la magnitud de los temblores se sumó que las hondas fueron superficiales y su proximidad a los núcleos de población. Las ondas, explica Lozano, «llegaban con poca atenuación y muy energéticas», aumentando el nivel de destrucción.
La gota que colmó el vaso tectónico
Lo habitual en una crisis sísmica es que a un gran terremoto le sigan réplicas de menor intensidad, explica María Belén Benito, catedrática de la Escuela de Ingenieros de Caminos y experta en sismología a este medio. Sin embargo, Venezuela ha sufrido la sacudida de dos grandes sismos casi simultáneos.
Ella aclara que en este inusual fenómeno el primer terremoto provocó el segundo. «Lo que habría pasado es que la otra falla estaría críticamente tensionada y esta sobrecarga que le llega del otro terremoto es la gota que desborda el vaso», ilustra la catedrática.
Benito, a su vez, recurre a una comparación que suele utilizar en sus clases para dimensionar la gran cantidad de energía liberada en el choque tectónico: un terremoto de magnitud 6,3 libera una energía similar a la de la bomba nuclear de Hiroshima y, en el caso de Venezuela, el sismo fue «de 7,5», lo que no significa que sea simplemente «un punto más que uno de 6,5». La escala de Richter es logarítmica y «un terremoto de magnitud 7 es 30 veces superior al de 6«, señala. Dos seísmos consecutivos por encima de magnitud 7 suponen «una increíble cantidad de energía» liberada de golpe.
«Este terremoto en Japón hubiera sido una anécdota»
Un siglo de energía acumulada
Hacía más de un siglo que esta región no experimentaba un evento sísmico de semejante potencia. El Instituto Geológico Estadounidense registró el 29 de octubre de 1900 un terremoto de magnitud estimada de 7,7 frente a las costas del país, al noreste de Caracas.
Durante todo este tiempo, la energía que no se liberó en temblores menores se fue «almacenando» y deformando poco a poco la corteza terrestre. «La mayor parte de esa energía acumulada durante más de 100 años se ha liberado en estos terremotos«, señala Lozano. «Ha pasado un siglo hasta explotar», zanja.
Las réplicas: el peligro de que «llueva sobre mojado»
El pánico y la destrucción inicial han dado paso a una nueva amenaza, ya que ambas expertas coinciden en que el peligro no ha terminado. «Cuando hay terremotos así, lo normal es que haya muchas réplicas en las primeras horas y semanas, pero se pueden alargar meses e incluso años», avisa la experta de la Red Sísmica Nacional, quien no descarta que se produzcan nuevas sacudidas que alcancen de nuevo la magnitud 7.
Para Benito, estas réplicas son ahora el mayor enemigo de la población. Edificios que parecen mantenerse en pie han sufrido daños estructurales difíciles de ver, pero críticos. Ante esto, un seísmo menor, de magnitud 5, puede ser suficiente para echarlos abajo, afirma. «Es como si llueve sobre mojado», advierte la catedrática. «Hay que estar lejos de las estructuras. Sigue siendo imprevisible porque cada secuencia sísmica es un proceso distinto», sostiene.
Una administración deficiente
El nivel de devastación en Venezuela no se explica únicamente por la fuerza de la naturaleza. La falta de preparación del país ha sido un factor determinante. Belén Benito conoce bien el terreno. En 2017, con la empresa Geolyder (una consultoría de peligrosidad y riesgo sísmico), de la que es socia, participó en un proyecto en el país sudamericano evaluando la amenaza sísmica en la ciudad de Cumaná, en la costa noreste venezolana, y lo que encontró allí fue un sistema colapsado.
«La red sísmica no funcionaba bien», denuncia. Recuerda cómo, durante su estancia, el personal de la institución encargada ni siquiera podía acudir a trabajar a donde estaba el instituto por la falta de suministro eléctrico, «no tenían luz». Esta inoperancia parece que aún persiste. El día de la catástrofe, según comenta, la página web del organismo oficial Fundación Venezolana de Investigaciones Sísmicas (Funvisis) seguía sin publicar información sobre el terremoto. Esa página web, según se puede observar en Archive.org, desde el 4 de febrero de este año solo se ha actualizado tres veces y en la última del 25 de junio no aparece ninguna información del sismo. En sus redes sociales, por otra parte, sí que han publicado información.
La experiencia de Benito en su trabajo de campo da luz sobre la administración venezolana en este sentido: «Vimos una alta vulnerabilidad de la edificación y una red eléctrica deficiente. La planificación a nivel técnico deja mucho que desear para el peligro que tiene, y la prevención no se hace con el rigor ni los medios necesarios». La catedrática advierte que, si no puedes predecir un terremoto, debes preparar tus edificios. «Este terremoto en Japón hubiera sido una anécdota porque tienen las estructuras preparadas. Si estás en una zona sísmica y no te preparas, cosas así pueden suceder».
Sin conexión con otros terremotos globales
Ante la alarma social generada por la coincidencia de movimientos sísmicos en otras partes del mundo, como California, Chile o Japón, las sismólogas hacen un llamamiento a la calma y al rigor científico.
Aunque existen teorías sobre cómo las ondas sísmicas pueden dar la vuelta a la Tierra y provocar más terremotos en lugares lejanos, ambas expertas coinciden en que no hay pruebas de que los recientes terremotos globales estén conectados. «El que haya terremotos ahora en otras partes del mundo no tiene mucho de especial«, afirma Lozano. «Realmente no se puede afirmar que haya ninguna relación de causa y efecto necesaria; se necesita mucho más análisis para afirmar eso y ahora no hay evidencias», concluye.
Una recuperación que durará años
Manuel Romano, miembro de la Escuela de Ingenieros de Caminos y profesor del máster de la Politécnica y Complutense de Gestión de Desastres, advierte en declaraciones a 20minutos que durante estos primeros días después de la catástrofe «va a haber mucha angustia», ya que «mientras se piense que se puede encontrar a alguien vivo», la desesperación persistirá.
La recuperación será lenta. Mismamente, la retirada de escombros debe hacerse con mucha cautela «porque puede haber personas sepultadas entre ellos», afirma. Este desastre «supera la capacidad de la sociedad» venezolana de «gestionarlo y responder», añade. Y aunque asegura que «ahora mismo no se puede hacer una estimación exacta», se puede prever que «van a tardar años en recuperarse».
Realmente, la recuperación de un desastre similar depende de los recursos y de la capacidad de cada país. Romano recuerda el caso del devastador tsunami de 2011 en Japón, del cual el país ya se ha recuperado; sin embargo, otros países, como Haití tras el terremoto de 2010, aún no lo han logrado.
