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Trump: con la Iglesia hemos dado

Publicado: abril 16, 2026, 2:06 am

El presidente Donald Trump ha dedicado una de sus últimas arremetidas al Papa León XIV, al que ha tildado de débil y nefasto y ha criticado su entrega para complacer a la izquierda radical. Pero, esta vez, en contra de los usos diplomáticos vaticanos Trump ha cosechado una réplica inmediata del pontífice, quien ha asegurado que no tiene miedo a la administración Trump y que continuará hablando contra la guerra. En esta ocasión además puede pronosticarse con certeza que los ataques lanzados desde la Casa Blanca no van a salirle gratis al presidente. Porque el papa no tiene súbditos sino fieles de diferente pelaje, pero de adhesión inquebrantable y de muy diferentes procedencias, algunos de los cuales ya han salido en su defensa, como acaba de hacer la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Así que la cercanía con Donald Trump, que algunos consideraban de alto valor político y electoral, ha derivado en un riesgo tóxico.

Meloni ha sido la primera en tachar de inaceptables las descalificaciones que el presidente americano ha lanzado sobre el Papa. El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, Paul S. Coakley, también ha salido al paso de Trump quien ha querido dar a entender poco menos que le debía su elección en el Cónclave.

Tenemos aprendido al menos desde Richard Overy, que escribió el análisis más perspicaz y definitivo de la II Guerra Mundial en su libro Por qué ganaron los aliados, que en la guerra es decisivo que los dioses estén de tu lado. Y así lo consideraron también en la Unión Soviética, donde Dios había sido prohibido oficialmente, pero la religión renació a causa de la guerra de modo que el día de la invasión alemana, el metropolitano Sergei, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, que había sido perseguido por las autoridades durante años, pidió a los fieles que hicieran todo lo que pudiesen para ayudar al régimen.

De nuestra Guerra Civil sabemos también se perdió el 28 de julio de 1936 cuando fue fusilado el Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.

Así el patriarcado se reinstauró en septiembre de 1943, Stalin permitió la reapertura de los seminarios y los sacerdotes cantaban plegarias por Stalin, al que se daba el tratamiento de «ungido del Señor». La iglesia dio 150 millones de rublos para el esfuerzo bélico y al entregarlos el representante de la Iglesia habló del «odio sagrado (de Rusia) a los salteadores fascistas» y llamó a Stalin «nuestro padre común». De nuestra Guerra Civil sabemos también se perdió el 28 de julio de 1936 cuando fue fusilado el Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles.

Pero vayamos al Capítulo IX de la Segunda parte del Quijote, «donde se cuenta lo que en él se verá», que se inicia diciendo: «Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; … buscaban el palacio de Dulcinea pensando que quizá pudiera ser que la hallaran despierta. Guio don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: «Con la iglesia hemos dado, Sancho».

Así que el ladrido de los perros, el rebuzno de los jumentos, el gruñido de los puercos, el maullar de los gato- se aumentaban con el silencio, igual que sucede con la luz que medra en la oscuridad, conforme señala Agustín García Calvo en los versos del primero de sus sonetos teológicos donde dice: «Enorgullécete de tu fracaso, / que sugiere lo limpio de la empresa: / luz que medra en la noche, más espesa / hace la sombra, y más durable acaso. / No quiso Dios que dieras ese paso, / y ya del solo intento bien le pesa; / que tropezaras y cayeras, ésa / es justicia de Dios: no le hagas caso».

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