Publicado: octubre 1, 2026, 8:25 am
La manera en la que hablamos podría contener mucha más información sobre nuestro envejecimiento de la que se pensaba. Un grupo de científicos ha desarrollado un denominado “reloj del habla”, un modelo basado en aprendizaje automático que analiza diferentes características de la voz y del lenguaje y permite estimar la edad de una persona a partir de su forma de hablar. Sus resultados apuntan, además, a que la diferencia entre esa edad estimada y la edad cronológica está relacionada con distintos indicadores de salud cerebral y deterioro cognitivo.
Para desarrollar esta herramienta, los investigadores analizaron el habla de 2.928 personas hispanohablantes de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú, con edades comprendidas entre los 18 y los 88 años y una media de 65. Entre los participantes había adultos sanos y personas con deterioro cognitivo leve, enfermedad de Alzheimer y diferentes formas de demencia frontotemporal.
El análisis no se limita a comprobar si alguien habla más deprisa o más despacio. Los científicos estudiaron cientos de características acústicas y lingüísticas relacionadas tanto con cómo hablamos como con lo que decimos. Entre ellas se encuentran la velocidad del habla, las pausas, el tono, el contenido emocional, el vocabulario, la precisión semántica y la cantidad y organización de la producción verbal. Los modelos de aprendizaje automático combinaron todos estos rasgos para estimar la edad cronológica y detectar posibles diferencias respecto al envejecimiento biológico.
Los resultados muestran que el “reloj del habla” consiguió distinguir entre personas sanas y participantes con deterioro cognitivo leve o diferentes tipos de demencia. Además, aquellos cuya edad estimada a partir del habla era superior a la esperada según su edad cronológica presentaban también signos de envejecimiento acelerado en las pruebas clínicas. Las menores diferencias se observaron entre los participantes sanos, mientras que las brechas aumentaban progresivamente en las personas con alzhéimer y distintas formas de demencia frontotemporal.
Una voz con huellas del entorno
Ese envejecimiento acelerado del habla también se relacionó con un peor rendimiento cognitivo global, así como con peores resultados en función ejecutiva, capacidades funcionales y diferentes tipos de memoria. La distancia entre la edad real y la calculada mediante el habla se asoció asimismo con diversos indicadores independientes relacionados con el envejecimiento biológico, la salud cerebral, la cognición, la situación social y la demencia.
La voz podría incluso conservar huellas del entorno en el que una persona ha vivido. Los investigadores observaron que un envejecimiento del habla más acelerado respecto a la edad cronológica estaba asociado con un contexto social desfavorable a lo largo de la vida, incluyendo factores como una peor situación económica, alimentación o acceso a la atención sanitaria. Esta relación apareció tanto entre personas sanas como entre aquellas que padecían demencia.
“Nuestra voz parece contener mucha más información sobre el envejecimiento de lo que sabíamos hasta ahora. Esto plantea la posibilidad de que pueda ser usada como método complementario de diagnóstico”, señala Agustín Ibáñez, catedrático de Salud Cerebral en la Facultad de Medicina del Trinity College de Dublín. El investigador recuerda que “muchas de las medidas actuales para evaluar el envejecimiento biológico requieren escáneres de resonancia magnética, muestras de sangre, análisis moleculares o evaluaciones clínicas especializadas”.
No es una prueba constitutiva de demencia
Frente a estas técnicas, el habla presenta una ventaja evidente: puede grabarse a distancia, repetidamente, de manera no invasiva y con un coste muy bajo. Esto podría resultar especialmente relevante en países y comunidades con un acceso limitado a tecnologías diagnósticas avanzadas. El estudio tiene además la particularidad de haberse realizado con población latinoamericana, históricamente poco representada en la investigación sobre la demencia.
Los investigadores, sin embargo, piden cautela. El “reloj del habla” todavía no constituye una prueba diagnóstica de la demencia, y el estudio tampoco demuestra que una voz que aparente una edad mayor permita anticipar quién desarrollará deterioro cognitivo o demencia en el futuro. Antes de pensar en su utilización clínica serán necesarios nuevos estudios y validaciones en otros idiomas y culturas. “Aun así, nuestros resultados son sorprendentes, ya que la voz de una persona puede ofrecer una lectura extraordinariamente concisa de múltiples dimensiones del envejecimiento”, concluye Ibáñez.
