Publicado: octubre 1, 2026, 4:13 pm
Vivir con una enfermedad crónica implica mucho más que recibir un diagnóstico. Para muchas personas significa atravesar años de controles, estudios, consultas, tratamientos y cambios de medicación. Y cuanto más prolongada y compleja es esa atención, más importante se vuelve la seguridad.
La OMS advierte que, a escala global, 1 de cada 10 pacientes sufre algún daño durante la atención de salud y que alrededor de la mitad de esos daños podrían prevenirse. En personas con enfermedades crónicas, la vulnerabilidad puede ser mayor debido a la necesidad de tratamiento continuo y a las frecuentes interacciones con distintos niveles del sistema sanitario.
Cuanto más largo es el tratamiento, más oportunidades existen para que aparezcan errores
Una persona puede pasar por atención primaria, especialistas, laboratorios, estudios por imágenes, internaciones y tratamientos domiciliarios. En cada una de esas etapas puede aparecer algún riesgo.
Los daños prevenibles pueden estar relacionados con errores de medicación, retrasos o fallas en el diagnóstico, infecciones asociadas a la atención, procedimientos inseguros, problemas de identificación del paciente o dificultades en la coordinación entre servicios.

En el caso de las enfermedades no transmisibles, el problema se vuelve especialmente relevante porque la atención suele involucrar distintos profesionales y prolongarse durante muchos años.
Una medicación indicada por un especialista puede interactuar con otra, un estudio puede no llegar a quien debe interpretarlo o una indicación puede modificarse sin que todos los integrantes del equipo conozcan el cambio.
Esto adquiere todavía mayor importancia en quienes tienen más de una enfermedad crónica al mismo tiempo, una situación que puede implicar múltiples medicamentos, controles y recomendaciones simultáneas.
Medicamentos, estudios y consultas: qué puede hacer el paciente para reducir riesgos
La OMS sostiene que las personas que viven con enfermedades crónicas deben ser consideradas socias activas de su propia atención. Comprender el tratamiento, hacer preguntas y participar de las decisiones puede contribuir a reducir errores y mejorar la calidad del cuidado.
Ante un cambio de tratamiento, es importante preguntar para qué sirve el medicamento, cómo debe tomarse, durante cuánto tiempo y qué efectos adversos requieren consulta.
Lo mismo ocurre con los estudios. Conocer qué se está evaluando, cuándo deberían estar los resultados y quién será el profesional encargado de revisarlos ayuda a evitar que información importante quede sin seguimiento.
La OMS también pone énfasis en las transiciones de cuidado, por ejemplo cuando una persona recibe el alta después de una internación y vuelve a su casa. Esos momentos pueden generar confusión sobre medicamentos que se suspendieron, otros que se incorporaron o controles que deben realizarse posteriormente.
Una atención segura requiere coordinación durante toda la vida
Los riesgos pueden aparecer desde la prevención y la detección temprana hasta el diagnóstico, el tratamiento, el seguimiento a largo plazo y el autocuidado. Esto significa que una atención segura no depende únicamente de evitar un error dentro de un hospital.
También requiere sistemas de salud capaces de compartir información, profesionales que puedan coordinarse y pacientes que comprendan lo que ocurre con su tratamiento.
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En algunas enfermedades el desafío es todavía mayor. La OMS señala que, en condiciones como el cáncer, hasta 1 de cada 3 pacientes puede experimentar eventos adversos durante la atención.
Por eso, mejorar la seguridad implica fortalecer la atención primaria, apoyar a los trabajadores de la salud, reducir barreras de acceso y evitar que la persona quede sola intentando coordinar un sistema complejo.
