Publicado: octubre 14, 2026, 2:13 pm
Un chico que no responde cuando lo llaman, que se aísla o se pone irritable, que duerme mal o repite movimientos. Una maestra que sugiere una consulta, un cuestionario online que suma puntos, un video en redes que parece describirlo al pie de la letra. Y, en poco tiempo, una palabra que lo cambia todo.
Ese recorrido, cada vez más frecuente, preocupa a Florencia María Sanabria (M.N. 155.370). Es médica pediatra, psiquiatra infantil y especialista en neurodesarrollo argentina, formada en la Universidad Nacional de Córdoba y con más de 15 años de trayectoria.
Su planteo es directo: hoy se diagnostica rápido, pero se estudia poco. Las escalas y los cuestionarios pueden ser útiles, aclara, pero se vuelven un problema cuando reemplazan al razonamiento clínico. Una escala detecta comportamientos; no explica por qué ocurren.
Una conducta no es una enfermedad
“La conducta no es el diagnóstico, es apenas un reflejo”. Así lo plantea Sanabria, para quien el comportamiento es el idioma de un chico que todavía no puede poner en palabras lo que le pasa.
Según la especialista, detrás de un cambio de comportamiento pueden esconderse, entre otras cosas:
- Ansiedad o alteraciones del sueño.
- Dolor, constipación, reflujo u otros problemas gastrointestinales.
- Dificultades sensoriales o frustración por un trastorno del lenguaje.
- Problemas auditivos o visuales no detectados.
- Condiciones neurológicas, genéticas o metabólicas.
Eso no significa negar el autismo. La médica remarca que una posibilidad no invalida a la otra: un chico con autismo también puede tener epilepsia, insomnio o dolor abdominal. El problema aparece cuando el diagnóstico se convierte en una explicación para todo y se deja de investigar.
Tampoco cuestiona la detección precoz, que permitió que muchos chicos accedan antes a los apoyos que necesitan. Para Sanabria, detectar a tiempo es valioso; concluir a las apuradas, no tanto.

Advierte además que el fenómeno no se limita al espectro autista: también ocurre con el TDAH, la ansiedad o los trastornos de conducta. A su juicio, refleja una menor tolerancia a los tiempos madurativos de la infancia, y no es una tendencia exclusiva del país.
Chicos con agenda de adulto
La otra cara del problema está en el entorno: madrugones, jornadas escolares largas, actividades extracurriculares, varias terapias por semana y adultos agotados. Frente a un chico desregulado, señala la especialista, la pregunta suele ser qué trastorno tiene. A veces convendría preguntarse qué vida está llevando.
El cerebro infantil no es un cerebro adulto en miniatura: está en obra. Frenar impulsos, esperar, tolerar la frustración y ordenar las emociones lleva años de maduración. Si se pasa por alto ese proceso, la inmadurez o el cansancio pueden leerse como enfermedad.
Sanabria describe a chicos que van de un consultorio a otro, como en una puerta giratoria, sin margen para jugar, aburrirse o descansar. Muchas veces, sostiene, se intenta modificar al niño cuando primero habría que modificar el ambiente.
Qué pueden hacer familias y docentes
Antes que conclusiones, la médica propone describir con precisión lo que pasa. Algunas preguntas útiles:
- ¿Cuándo ocurre la conducta y con quién?
- ¿Qué sucede antes y qué después?
- ¿Aparece solo en la escuela o también en casa?
- ¿El chico durmió bien y entiende la consigna?
- ¿Lo que se le exige corresponde a su edad?
También pide trabajo en equipo, con roles claros. Docentes, terapeutas y familia aportan información valiosa, pero el diagnóstico médico requiere integrar todas esas miradas.
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A las familias que reciben un diagnóstico apurado, les sugiere volver a mirar al hijo antes que a la etiqueta y no compensar el miedo llenándole la agenda. La idea es hacer lo necesario, con objetivos claros, dejando lugar para dormir, jugar y compartir. El tratamiento, insiste, debe entrar en la vida del chico, y no al revés.
Sanabria desarrolla estas ideas en dos libros recientes: “No todo es autismo: 100 razones para mirar más allá” y “Niños bajo presión: el estrés infantil disfrazado de trastorno”.
