Luciana De Luca: “Quise contarme un largo cuento, contarme un mundo” - Argentina
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Luciana De Luca: “Quise contarme un largo cuento, contarme un mundo”

Publicado: octubre 19, 2026, 6:10 pm

Con la impronta de los relatos mitológicos y las leyendas populares, en su tercera novela Luciana De Luca (Buenos Aires, 1978) recrea historias de amor y tensión entre madres e hijas, entre hermanas y entre la naturaleza y los colonos que arriban a un nuevo mundo. En Pez, Piedra, Pájaro (Tusquets, $ 29.900), la narración hace equilibrio entre la alegoría, la épica de “conquistadores vencidos” y la fábula.

Una de las mujeres recién llegadas al continente da a luz a Jocabed, una niña que nace con dientes y que, con el tiempo, “almacena la génesis del caserío”. Después de un ataque de los nativos, los colonos se repliegan en un pozo donde escasea el alimento; cuando la hambruna amenaza a la comunidad, Jocabed ordena a los hombres aventurarse más allá de las fronteras. Encinta del bosque, y para perplejidad de las demás mujeres, da a luz a dos gemelas: Zeta y Primavera. La primera, como Dafne (aunque por voluntad propia), tendrá el don de convertirse en árbol; la segunda enloquecerá de amor por un hombre y alumbrará a Pez, “que luego será Piedra y luego será Pájaro”, anticipa la narradora.

“En la novela hay un mundo que se despliega dentro de los límites, si es que los tiene, del mito de origen, de la leyenda –dice De Luca a LA NACION–. Es, si lo pienso, un encadenamiento de mitos y leyendas, porque para contar la historia de una población desde el comienzo, desde que llegan a la tierra hasta que se asientan y viven y crecen y mueren y vuelven a nacer, hay que inventar mucho”.

También en Tusquets, De Luca ya publicó Otras cosas por las que llorar y El amor es un monstruo de Dios; Pez, Piedra, Pájaro -que se distribuye en Hispanoamérica- se está traduciendo al portugués.

–¿Cómo construiste la voz narrativa?

–Creo que fue por un largo ejercicio de escucha: cuando comencé a escribir, no había pensado en este mundo, sino en una historia mucho más pequeña, de metamorfosis y transformación de un personaje y cómo eso modificaba a su familia. Y luego, de a poco, fue apareciendo todo lo demás. Por momentos, se fue agrupando de tal manera que sentí que estaba trabajando con los materiales de los cuentos que leía en la infancia.

–¿Por qué elegiste un estilo narrativo mítico o de cuentos populares tradicionales?

–Me deslumbran ese tipo de historias desde que era muy pequeña. En mi casa familiar me leían esas historias desde mucho antes de que yo recuerde; me lo contaron, por supuesto. Creo que hay algo de la experiencia de recuperar esa fascinación, esa avidez con la que yo recibía esos cuentos, esas fábulas, esos mitos. Quise recrear mi propia versión, ver si podía hacer este ejercicio, este juego, de inventar un sistema propio de leyendas, de explicaciones para un mundo que no existía y tuve que inventar desde la nada. Quise contarme un largo cuento, contarme un mundo.

–¿Qué puntos de contacto tiene con tus novelas anteriores, en lo temático y lo retórico?

–No puedo decir que haya pensado en eso cuando empecé a escribir, pero pienso que, después de leer y corregir y editar y volver a leer casi con furor, no puedo y quizá, no quiero, salirme de un territorio sobre el que siempre estoy escribiendo y que, de alguna manera, es el mismo territorio en las tres novelas. En cada una, sin embargo, hay cambios temporales, de perspectiva y en la mirada sobre la historia: una mujer, en la primera; una familia, en la segunda, y una población, en la tercera. De todos modos, siempre permanecen dos elementos: una tierra que es un personaje visible, temperamental, más o menos revelado, y la vida de una o más mujeres sobre las que se concentra la mirada absoluta.

–¿Se puede decir que es una novela de brujería?

–No, pero me interesa la brujería como un componente más de la formación cultural y de las relaciones sociales, especialmente en estas sociedades antiguas en las que el conocimiento formal no era accesible. Uno de mis personajes favoritos de la literatura, desde siempre, es la bruja Baba-Yaga, de los cuentos populares rusos. Y me fascina trabajar con la idea de las mujeres utilizando conocimiento intuitivo o ancestral para curar, pero también para hacer daño, para vengarse u obtener justicia. Y también la idea de cómo esos mismos conocimientos pueden ser considerados útiles o la causa para que las condenen al ostracismo, el rechazo y la muerte.

–¿Con qué tradición literaria dialoga Pez, Piedra, Pájaro?

–Quisiera pensar que la novela dialoga con todo lo que leí en mi vida, en el sentido de que cada una de las lecturas que hice me ha cambiado, en mayor o menor medida, más sutil o de manera más brutal, de tal modo que me fueron moldeando para poder tomar decisiones en la escritura y, luego, poder sostenerlas. Me interesan mucho, y creo que tiene que ver con que soy también autora de libros para infancias, la fábula, lo extraordinario y la fantasía. Mientras escribía Pez, Piedra, Pájaro, e incluso desde un poco antes, leí a Ovidio, a Aleksandr Afanasiev, mucha mitología, y me reencontré con ese entusiasmo feroz que me generaban los mitos y los cuentos clásicos. Hay algo de ese asombro salvaje que quise recuperar.

–¿Por qué elegiste abordar historias de crianza sin padres y, también, casi sin madres?

–Me interesa muchísimo escribir sobre cómo suceden las cosas en un contexto de falta. Me gusta pensar y escribir sobre lo que se hace en condiciones adversas: sobre la supervivencia, sobre el remiendo, sobre vivir en condiciones de falta, especialmente de amor, de contención, de cuidado. Y pienso que no es una mirada triste o derrotista, sino que hay, al contrario, o al menos eso quisiera que haya, una mirada hasta desafiante, de supervivencia respecto de la ausencia.

–¿En qué trabajás actualmente?

–En un proyecto para infancias que me tiene entusiasmada y muy feliz. Y en otro para adultos, que aún no sé qué forma tendrá, pero sé el tema, y es otro de los grandes temas que me encantan en la vida. Y también tiene que ver con mujeres. ¡Qué remedio!

Para agendar

Este martes, a las 18.30, Luciana De Luca presentará su nueva novela en la librería DAIN Usina Cultural (Nicaragua 4899), en diálogo con Hinde Pomeraniec.

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