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La siesta es sana, en su medida: los peligros para la salud de una siesta larga

Publicado: julio 20, 2026, 3:00 am

La siesta es un ciclo natural del cuerpo. Después de comer, el organismo experimenta una sensación de cansancio que hace necesario que, normalmente, se tenga que echar una pequeño sueñecito. La siesta es sana, pero para ello debe tener su medida.

Una cabezadita mejora física y mentalmente a las personas. Hasta la NASA ha alabado los beneficios de la siesta, subrayando que el bienestar que ofrece es incomparable a cualquier otra solución médica. Eso sí, la agencia norteamericana del espacio precisa que para que sea modélica no debe exceder de los 26 minutos.

La ciencia lo ha estudiado y, efectivamente, la siesta que más beneficia a la salud es aquella que dura un máximo de 30 minutos y que se realiza en el sofá. Dormir siestas de más de media hora distorsiona sus efectos positivos. Se sabe que una siesta de 40 minutos o más altera el ciclo del sueño nocturno.

Se trata de cuidar el corazón

Sí, la siesta puede ser también negativa. En el caso en el que la duración sea demasiado larga, puede provocar que por la noche no se tenga sueño. Es la consecuencia evidente, pero hay más.

Las siestas largas (más de 60 minutos) se asocian con un 30% más de riesgo de muerte por cualquier causa y un 34% más de probabilidad de enfermedad cardiovascular en comparación con no tomar siestas. Es lo que vio un estudio de la Universidad Médica de Guangzhou (China) que se presentó en 2020 en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología.

Cuando se tuvo en cuenta el sueño nocturno, las siestas largas se relacionaron con un riesgo elevado de muerte solo en aquellos que durmieron más de seis horas por noche. Las siestas cortas no presentaban riesgos para desarrollar enfermedades cardiovasculares.

«Los resultados sugieren que las siestas más cortas, especialmente las de 30 a 45 minutos, podrían mejorar la salud del corazón en personas que duermen lo suficiente por la noche», comenta el doctor Zhe Pan, autor del estudio.

La buena siesta, de 15 a 30 minutos

Otro estudio, este del Hospital Universitario Juan Ramón Jiménez de Huelva (España), ha observado que las siestas que pasan de más de 30 minutos están relacionadas con un mayor riesgo de tener un latido irregular. Éste afecta a la capacidad del corazón para bombear la sangre necesaria para el organismo y que, de prolongarse, puede acabar desencadenando una insuficiencia cardíaca.

El estudio, dirigido por el doctor Jesús Díaz Gutiérrez, señala que las personas que hacen siestas largas tienen un 90% más de riesgo de desarrollar fibrilación auricular. Se trata de una arritmia que puede provocar coágulos en la sangre.

Según sus conclusiones, la duración óptima de la siesta debe estar entre 15 y 30 minutos. Esa siesta «pequeña» podría mejorar el ritmo circadiano, reducir los niveles de presión arterial y reducir el estrés.

Los riesgos de hacer siestas largas

En cambio, una siesta larga podría alterar al reloj interno del cuerpo, lo que conduce a un sueño nocturno más corto, más despertares nocturnos y una reducción en la actividad física. La Clinica Mayo también apunta que tras una siesta larga podemos sentirnos aturdidos y desorientados.

Las razones por las que una siesta larga afecta al cuerpo aún no están claras aún. Algunas investigaciones sugieren que las siestas prolongadas están relacionadas con niveles más altos de inflamación y eso es un riesgo para la salud del corazón. Otro estudio ha relacionado las siestas con hipertensión arterial, diabetes y mala salud física en general.

Más riesgo de obesidad

También la obesidad. Una investigación de la Universidad de Murcia, publicado en la revista científica Obesity, ha descubierto que quienes dormían siestas largas tenían índice de masa corporal un 2% mayor que los que no dormían.

Las siestas largas se asocian a un aumento del índice de masa corporal del síndrome metabólico, los triglicéridos, la glucosa y la presión arterial»

El estudio se llevó a cabo con más de 3.000 ciudadanos de Murcia. Vieron también que estas personas tenían un 23% más de riesgo de obesidad y un 40% más de riesgo de síndrome metabólico, una serie de trastornos médicos que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

«Las siestas largas se asocian a un aumento del índice de masa corporal del síndrome metabólico, los triglicéridos, la glucosa y la presión arterial«, asegura Marta Garaulet, autora del estudio y catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia. En cambio, quienes dormían siestas cortas —de menos de 30 minutos— tenían un 21% menos de riesgo de hipertensión.

De manera que hay al menos 8 peligros para la salud de una siesta larga:

  1. Altera el reloj interno del cuerpo.
  2. Causa un sueño nocturno más corto y con más despertares.
  3. Genera aturdimiento y desorientación.
  4. Aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.
  5. Crece el riesgo de tener un latido irregular (puede desencadenar insuficiencia cardíaca).
  6. Hay más riesgo de desarrollar fibrilación auricular.
  7. También aumenta el riesgo de sufrir obesidad.
  8. Eleva el riesgo de muerte.

Cuando la necesidad de siesta indica problemas

Según Clínica Mayo, hay que dormir una siesta si sentimos fatiga repentina o somnolencia inesperada; si estamos a punto de perder horas de sueño, por ejemplo, debido a un turno de trabajo largo; si deseamos que las siestas planificadas formen parte de tu rutina diaria.

Pero si la siesta se convierte en una repentina necesidad y no hay un nuevo motivo aparente de fatiga en nuestra rutina diaria, podríamos estar ante algún problema de salud. Podría tratarse de un medicamento o de un trastorno del sueño u otra afección médica que está interrumpiendo las horas de sueño nocturnas.

Referencias

Z. Pan (Guangzhou, CN), The association between napping and the risk of cardiovascular disease and all-cause mortality: a systematic review and dose-response meta-analysis. Esc365.

J. Díaz Gutierez, Excessive daytime napping linked with elevated risk of heart rhythm disorder. Escardio.

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