Katiuska y Josu, la pareja que lleva el circo a los niños tras los terremotos en Venezuela: "Queremos reconectarlos con su inocencia" - Argentina
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Katiuska y Josu, la pareja que lleva el circo a los niños tras los terremotos en Venezuela: «Queremos reconectarlos con su inocencia»

Publicado: julio 13, 2026, 3:00 am

Sacarle una sonrisa a los niños que lo han perdido todo. Esa es la misión de Katiuska Badillo y Josu Trincado, un matrimonio de cirqueros que se propuso llevar su show a las víctimas más jóvenes de los devastadores terremotos que ya se han cobrado la vida de 4.333 personas y han dejado 16.740 heridos en Venezuela. «Queremos que reconecten con su inocencia, que vuelvan a ser niños, que se rían, se relajen y que desconecten por un momento de su realidad», afirma desde Caracas y en conversación telefónica con 20minutos Katiuska, cuya familia no se vio afectada por los seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país caribeño.

Al igual que lo han hecho miles de personas desde el pasado 24 de junio, Katiuska y su marido no dudaron en ayudar a las víctimas. Ella hace acrobacias aéreas, Josu es malabarista y ambos forman parte de un proyecto que se llama El Panal Circus. Por eso, tras los terremotos decidieron unir fuerzas junto a tres compañeros de profesión para llevar la magia del circo hasta los refugios donde están trasladando a los damnificados. Hasta ahora, 18.437 personas permanecen alojadas en 94 campamentos transitorios que fueron habilitados por el Gobierno. «Como padres entendemos que el bienestar emocional de los niños es lo más importante», sostiene Katiuska, quien es madre de dos bebés.

Esta venezolana cuenta que comenzó a llevar el circo a los refugios el sábado 27 de junio ya que el miedo a las réplicas y la propia situación del país impidió que lo hicieran antes. Hasta ahora han llevado la alegría a siete refugios de Caracas, entre los que se encuentran parques, plazas, colegios e incluso campamentos improvisados que hay por las calles de la capital. «Nosotros no lo hemos buscado. Los encargados de los refugios se han dado cuenta de que no solo necesitan manejar y cuidar a los niños sino también entretenerlos y se han puesto en contacto con nosotros», relata Katiuska, quien destaca que por el momento ella y su marido se están enfocando en atender las necesidades de los niños en Caracas.

«Algunos de nuestros compañeros desean ir a La Guaira. Pero mi esposo y yo nos vamos a quedar atendiendo Caracas porque tenemos dos bebés y no podemos ausentarnos tanto tiempo«, continúa la venezolana y añade que trasladarse hasta el estado costero también implica una logística diferente. Además, sigue siendo necesario que los voluntarios se registren primero en el Poliedro de Caracas [uno de los recintos deportivos y recreativos más emblemáticos del país] para poder acceder a La Guaira. «Se hacen colas largas, por lo que hay que invertir bastante tiempo y no podemos alejarnos tanto», agrega antes de afirmar que, a día de hoy, están recibiendo muchas solicitudes por parte de los refugios de La Guaira.

Hasta ahora Katiuska y su marido solo han presentado su rutina de piso — que consiste en malabares, clavas, diábolo, monociclo y jirafa— en sitios donde no hay niños totalmente solos. «La logística de los refugios es que no puede haber niños sin sus padres por cualquier eventualidad. Es decir, que los padres también están presentes durante los shows«, explica la venezolana, que añade que ya los han empezado a contactar de refugios con niños huérfanos. Además, indica que aunque su propuesta principal es el circo y las acrobacias de suelo que realizan ella, su marido y sus compañeros, en ocasiones cuentan con el apoyo de magos y pintacaras que se ofrecen como voluntarios.

La respuesta de los niños e incluso de los padres ha sido muy positiva, ya que Katiuska y su marido también interactúan con estos últimos con el fin de hacerles desconectar de la tragedia. «Los papás se relajan y los niños vuelven a ser niños. Les gusta bastante», manifiesta la venezolana, quien aprovecha el final de sus rutinas para entregar kits didácticos con libros para colorear y lápices a los niños desplazados. Esto es posible gracias a las donaciones que reciben, la mayoría provenientes de Caracas, pero también de otros estados de Venezuela. También obtienen donaciones monetarias de personas que están en el extranjero.

Katiuska destaca que uno de los momentos que más le ha marcado lo vivió hace unos días precisamente en uno de los refugios. «Se nos acercó un niño que se interesó por los objetos del circo y agarró los que se usan para hacer malabares. Tenía talento. Él estaba muy contento y en un momento dado nos dijo: ‘ojalá mi mamá me estuviera viendo’. Y su mamá no estaba. Estaba en el refugio con su abuela, por lo que entendimos que su abuelita fue la que sobrevivió», recuerda esta madre venezolana. «Eso nos generó tristeza porque está atravesando una situación compleja, pero al mismo tiempo nos alegró verlo porque quizás ese gusto por el malabar o por el circo lo pueda ayudar a salir adelante emocionalmente«, continúa Katiuska, quien al enterarse de la historia del niño decidió regalarle el objeto de malabar para que pueda seguir practicando.

Sin embargo, llevar a cabo esta iniciativa no ha sido fácil, ya que se han presentado varios problemas de distinta índole. El segundo refugio donde acudieron estaba instalado en el Parque del Oeste, donde había demasiada desorganización. «No pudimos atender a todos los niños porque había demasiado desorden. Había niños solos sin padres y el ambiente era tenso«, indica la venezolana y añade que en plazas como las de la Avenida Panteón o la de la Concordia algunas personas incluso han intentado sabotear su rutina.

Al ser preguntada por cómo se siente al poder poner el arte al servicio de las personas que están sufriendo, Katiuska asegura que está siendo una experiencia reconfortante. «La sociedad se enfoca en otras profesiones o vacaciones, mientras que el arte se ve como algo extra. Y a veces uno como artista piensa que el arte no es capaz de hacer tanto. Entonces sentir que así puedes ayudar a sanar es algo muy bonito y gratificante», declara la también alquimista. «Para nosotros sacar una sonrisa es una ganancia. Creo que estamos ratificando que vamos por buen camino al haber escogido esta disciplina», sentencia antes de indicar que seguirá llevando el circo a los niños afectados mientras continúe recibiendo donaciones.

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