Publicado: octubre 24, 2026, 2:07 am
Desde temprano, cuando todavía hay poco movimiento en las calles de Puerto Madero, Guido Miranda prepara los diarios y espera a sus clientes en su puesto de Azucena Villaflor y Aimé Painé, en la plazoleta Juan Manuel Fangio. Algunos pasan antes de comenzar la jornada laboral; otros se acercan a buscar las publicaciones que leen desde hace años.
Su presencia allí se remonta al 2000, cuando los primeros edificios comenzaban a crecer y él armaba los ejemplares sobre tablones y caballetes. Hoy, más de dos décadas después, el que es el único puesto de diarios del barrio enfrenta la posibilidad de ser retirado por el gobierno de la ciudad.
El conflicto gira en torno de una cuestión administrativa: la habilitación para ocupar el espacio público. Miranda recibió dos actas de intimación, fechadas el 8 y el 20 de octubre, en las que se le exige retirar el puesto por no contar con el permiso correspondiente, bajo apercibimiento de multa o retiro.

“Soy canillita hace más de 30 años. Acompaño al barrio desde la primera obra”, resume Miranda. Antes de que Puerto Madero se consolidara como una zona residencial y comercial, trabajaba en el centro porteño y encontró en el nuevo desarrollo urbano una oportunidad para continuar con su actividad.
Al principio, esperaba la llegada del camión, preparaba los ejemplares y los distribuía entre quienes vivían o trabajaban en la zona. Con el crecimiento del barrio, su presencia se volvió habitual para residentes, empleados de oficinas y clientes de los hoteles.
También comenzó a vender publicaciones a personas que se acercaban hasta su parada. Aunque reconoce que el consumo de diarios impresos cambió con la expansión de internet, sostiene que todavía hay lectores que buscan la edición en papel y que encuentran en él una referencia cotidiana. “Soy el diariero de la esquina”, dice, para describir el vínculo que construyó durante estos años. De hecho, por estos días varios vecinos se sumaron a una movida en defensa del canillita.
Su actividad tuvo reconocimiento administrativo en 2013, cuando obtuvo una credencial del Registro Nacional Integrado de Vendedores y Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines, dependiente del entonces Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. El documento acredita su inscripción para la venta y el reparto en Puerto Madero. En junio de 2022, recibió un nuevo certificado que establecía una vigencia de tres años. En 2025, no lo pudo renovar.

Paralelamente, en 2015 obtuvo otra autorización, en este caso del gobierno de la ciudad. El 14 de mayo de ese año, mediante la disposición 2015-810-DGOEP, la Dirección General de Ordenamiento del Espacio Público porteña autorizó a Miranda a utilizar el espacio público necesario para instalar un punto de venta de diarios, revistas y afines en la acera de Juana Manso 741.
Sin embargo, esa autorización no se tradujo en la instalación efectiva del puesto en el lugar indicado, dado que la Corporación Antiguo Puerto Madero –con jurisdicción en el barrio– no lo permitió, según su relato. Miranda continuó trabajando con una estructura precaria en el entorno de Juana Manso y Azucena Villaflor, donde había desarrollado su actividad desde los primeros años del barrio.
En 2020, los vecinos organizaron un encuentro para homenajearlo por el Día del Canillita. Durante aquella reunión le plantearon al entonces jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien estuvo presente, la posibilidad de que finalmente tuviera un puesto formal. Un año después, se inauguró en función de la autorización recibida en 2015, aunque en otro domicilio. Para Miranda, ese paso significó el reconocimiento de una actividad que llevaba dos décadas desarrollando. Ahora, cinco años después, fue intimado y corre riesgo de desaparecer.
Consultado por LA NACION, fuentes de la Jefatura de Gabinete porteña respondieron que el caso puede tener una resolución favorable. Miranda, explicaron, debe gestionar la habilitación por Trámites a Distancia (TAD). “Si él hace los trámites para tener el permiso, no va a haber ningún problema. Tiene que hacer el permiso por TAD y ahí ya sacar el permiso para tener el puesto”, señalaron. También aclararon que no se trata de una acción específica sobre este caso, sino que se emmarca en una política general de regularización y ordenamiento.
El canillita afirma que volvió a iniciar vía TAD el expediente administrativo y espera que la evaluación tenga en cuenta los permisos anteriores. Relata que pidió cambiar el domicilio autorizado en 2015 por el emplazamiento actual, o bien obtener el permiso para continuar donde hoy se encuentra. “Admito que estoy en una zona gris, pero la figura laboral es real”, sostiene. Su reclamo, insiste, no es quedar exceptuado de las normas, sino encontrar una solución que le permita continuar trabajando.
Los vecinos piden que se quede
La posible desaparición del puesto también preocupa a vecinos de Puerto Madero. Mercedes Guarnieri, de 80 años, conoce a Miranda desde hace dos décadas y lo define como una persona cercana a los vecinos. “Es muy buena persona, siempre dispuesto con los vecinos. Hemos festejado el Día del Canillita y siempre vino mucha gente. Es una persona cálida, siempre atenta con todos”, relata. Incluso dice que Miranda la llama “la madrina del puesto”.
Para Guarnieri, el problema no es solamente la continuidad de un comerciante, sino también la falta de alternativas para quienes todavía compran diarios impresos; ella y su marido leen LA NACION. “No hay otro puesto de diarios en todo Puerto Madero”, advierte.

La vecina cuenta que suele salir a pasear a su perra temprano por la mañana y que, alrededor de las 7.30, ve a varios hombres acercarse a buscar sus ejemplares. La costumbre, dice, forma parte de la rutina de quienes viven en el barrio. Cuando alguna vez no consiguió el diario en el puesto, recuerda que tuvo que tomar un colectivo hasta Parque Lezama para encontrar otro lugar donde comprarlo.
José Manuel Barbosa, otro vecino, también cuestiona la posibilidad de que el canillita tenga que abandonar el lugar. A su juicio, construyó un vínculo con los residentes y su permanencia representa una actividad comercial que forma parte de la historia cotidiana del barrio.
Por su parte, Roberto Agostinelli, jubilado de 70 años y vecino de Puerto Madero desde hace entre 15 años, considera que Miranda es mucho más que el diariero del barrio: lo define como “uno de los creadores de Puerto Madero”. Según cuenta, en el puesto se presentó un libro y los vecinos incluso proyectaron instalar bancos y una estantería para que la gente pudiera leer y organizar nuevas presentaciones.
“Ese espacio hay que mantenerlo porque incluso se ha convertido en un centro cultural”, sostiene. Como muestra de ese reconocimiento, adelantó que los vecinos planean colocar una placa en homenaje a los años que lleva en el barrio.
