Publicado: junio 4, 2026, 6:00 am
PRINCESA SIN CORONA
Gwyneth Paltrow (53) es una de las princesas de Hollywood: hija de la actriz Blythe Danner (83) y del productor de televisión Bruce Paltrow (murió en 2002), su padrino es nada menos que Steven Spielberg quien, además, le dio su primera oportunidad en el cine con un papel en la película Peter Pan (su hermano menor, Jake, es cineasta). Creció en Nueva York, donde fue educada en Spence, un colegio de la élite, y muy pronto empezó a tomar clases de teatro influenciada por su madre. En 1989 ganó un Oscar por su papel en Shakespeare in Love, tuvo dos hijos, Apple –quien se anuncia como la heredera de una estirpe de mujeres actrices como su abuela y su madre– y Moses, frutos de su relación de más de diez años con Chris Martin. Nada mal para la bisnieta de Simon Paltrovich, un inmigrante polaco que llegó a Estados Unidos con lo puesto y sin hablar una palabra de inglés a comienzos del siglo XX (la actriz también tiene raíces bielorrusas).

EN EL NOMBRE DEL PADRE
La familia Fonda es una auténtica dinastía en la industria del cine: tres generaciones de actores y directores, entre ellos el recordado Henry Fonda, sus hijos Jane Fonda (ganadora de dos premios Oscar), y Peter Fonda (murió en 2019), y sus nietos Bridget Fonda, hija de Peter, y Troy Garity, hijo de Jane. La infancia y juventud de Jane y Peter fue difícil: la muerte de su madre, Frances Ford Seymour, cuando tenían 12 y 10 años respectivamente, los obligó a vivir en una casa en la que no estaba bien visto mostrar las emociones. En ese entonces, su padre, Henry, les dijo que su madre había muerto de un ataque al corazón, ocultándoles que se había suicidado. Ellos no supieron la verdad hasta muchos años después y, esa mentira, más la frialdad de Henry como padre, marcó su relación con él. Además, Henry desaprobaba la militancia de Jane contra la guerra de Vietnam, lo que los distanció aún más. Recién a comienzos de los ochenta ella sintió la necesidad de dejar de lado las diferencias: consciente de que a su padre le quedaba poco tiempo de vida, Jane compró los derechos de la obra El estanque dorado para su adaptación al cine, y le propuso protagonizarlas juntos. El film fue un éxito de taquilla y volvió a unir a padre e hija. Henry ganó el Oscar por su papel, y dado su mal estado de salud, fue una emocionada Jane quien subió a recoger la estatuilla. Él moriría cinco meses después.

SUPERPODEROSAS
Hay pocas “familias reales” en el cine, y la que gravita en torno a Melanie Griffith (68) es una de ellas: hija de Tippi Hedren (96), madre de una estrella en ascenso, Dakota Johnson (36) –fruto de su matrimonio con Don Johnson–, Melanie apareció por primera vez en la pantalla grande a los 12 años, en la película Smith. Su hija repetiría la historia, pero a los 10: Dakota participó en Locos en Alabama, protagonizada por su madre y dirigida por Antonio Banderas, entonces su padrastro. Una dinastía esencialmente femenina, en la que las tres, abuela, hija y nieta, forman un triángulo de hierro. Tippi Hedren enfrentó constantes acosos sexuales durante su carrera, y lo mismo le ocurrió después a su hija Melanie, que además sufrió un intenso escrutinio mediático. Quizás por eso, Dakota, que conoce bien el lado B de la fama, dijo: “Yo vi lo que Hollywood les hace a las personas. Soy lo que soy gracias a mi madre y a mi abuela”, en referencia a los consejos que la llevaron a desembarcar en la industria con los ojos bien abiertos. Inseparables, la relación entre las tres es muy estrecha y resulta común verlas compartiendo una comida o una noche de teatro, o a Melanie y Dakota visitando a Tippi en su rancho Shambala, donde la legendaria actriz vive con trece leones, dos gatos y una gran variedad de aves silvestres.

DOS GENERACIONES, EL MISMO TALENTO
Kirk Douglas fue una superestrella de la época dorada del cine. Hijo de campesinos bielorrusos que habían huido de su país, trabajó de basurero, jardinero y boxeador profesional para costearse sus estudios de arte dramático y, después de varios papeles menores, su consagración le llegó con Senderos de gloria (1957) y Espartaco (1960). “Para el público era Superman, pero para mí era mi padre”, dijo de él su hijo, Michael Douglas, quien siguió sus pasos en la actuación y alcanzó la fama como productor antes que como actor: fue el hacedor de Atrapado sin salida, película ganadora de cinco premios Oscar. Ese éxito hizo que todo Hollywood se fijara en “el hijo de”, y Michael, que siempre buscaba roles diferentes a los que habían caracterizado la carrera de su padre, lo aprovechó: Wall Street (ganó el Oscar), Atracción fatal y Bajos instintos son algunos de sus films más famosos. Antes y después, la relación padre e hijo tuvo altibajos, marcados por la admiración que Michael sentía por Kirk y lo que significaba vivir a la sombra de una estrella, pero siempre fueron muy cercanos. En 2000, Michael se casó con la actriz Catherine Zeta-Jones y tuvieron dos hijos, Dylan y Carys (quien también es actriz). Todos estuvieron cuidando a Kirk en su lecho de muerte, que ocurrió el 5 de febrero de 2020, a los 103 años.


CON VUELO PROPIO
El 22 de noviembre de 1958 nació Jamie Lee Curtis, una beba predestinada a actuar en la pantalla grande como lo hacían sus padres, Tony Curtis y Janet Leigh. Pero ella quería ser policía y, aunque Hollywood tenía las puertas abiertas para esta heredera, Jamie llegó a un set de filmación de casualidad: estaba de vacaciones de la universidad cuando una amiga la convenció para que hiciera una audición para Universal Studios, y su vida cambió. Sus padres se habían separado cuando tenía 4 años, y eso hizo que creciera lejos del galán, con quien nunca logró un vínculo cercano. “Mi madre se casó cuatro veces, mi padre se casó cinco veces, y mi padrastro se casó tres veces. Así que vengo de una familia directa con doce matrimonios. Por eso mi broma favorita es ‘todavía estoy casada con mi primer marido’”, dijo Jamie en referencia al guionista y director Christopher Guest, quien sigue siendo su marido. Ganadora de un Oscar por Todo en todas partes al mismo tiempo, la actriz que confesó que “fue muy difícil para mí ser ‘hija de alguien’ durante mucho tiempo. Hay mucha presión sobre los hijos de personas famosas”, logró el éxito y el reconocimiento por mérito propio. Además, también se preparó para una vida lejos del cine: escribió libros infantiles y patentó un par de eventos. Pero la conquista que más celebra es su libertad: “Estoy sobria desde hace veintiséis años. La prisión de la adicción, del tipo que sea, es horrible”, dijo durante una entrevista en The Late Night Show.


EL ARTE DE HACER REÍR
Hijo de dos comediantes que marcaron las décadas del sesenta y setenta, Jerry Stiller y Anne Meara, Ben Stiller (60) –junto a su hermana mayor Amy– tuvo una infancia poco convencional: “Nos quedábamos despiertos hasta tarde e íbamos a los estudios de televisión. Era como un mundo de fantasía muy divertido”, contó él quien, sin duda, heredó de sus padres el talento para hacer reír. Comenzó su carrera a los 10 años, cuando debutó en Kate McShane, un drama legal protagonizado por su propia madre, y en 1987 actuó en El imperio del sol. Exitoso como pocos, el protagonista de Zoolander –película en la que trabajó con su padre–, siempre dijo que su papá era el hombre más divertido del mundo, y como para demostrar la confianza que tenía con él, en una entrevista con Jimmy Fallon contó que cuando tenía 16, y después de consumir drogas alucinógenas, no dudó en llamarlo para contarle su mala experiencia con el LSD. El 11 de mayo de 2020, el actor tuvo que comunicar con enorme tristeza la muerte de su padre. Cinco años antes había despedido a su madre. Tiempo después, Ben se enfocó en hacer un documental sobre sus padres, Stiller & Meara: Nothing Is Lost, donde se sumerge en su linaje cómico y en su historia familiar. “Crecí viendo a la gente saludar a mis padres por la calle todos los días. En el fondo, siempre he querido que la gente me salude a mí también”, declaró a la revista People.


SIETE GENERACIONES DE ACTORES
El linaje de artistas de la familia de Drew Barrymore (51) se remonta al siglo XVIII: siete generaciones con origen en Europa. Hija de los actores John Drew Barrymore y Jaid Barrymore, sus abuelos paternos fueron John Barrymore y Dolores Castello, estrellas del cine clásico (su tatarabuelo, Thomas Haycraft Lane, y su tatarabuela, Louisa Rouse Lane, eran actores itinerantes en la campiña británica en el siglo XVIII). Aunque tuvo una infancia difícil y marcada por el precoz consumo de alcohol y cocaína –sus padres siempre estuvieron ausentes, por lo que ella se independizó a los 14 años y varias veces declaró que Steven Spielberg fue “la única persona en mi vida que ha sido una figura paterna”–, Drew, que desde que apareció en ET a los 7 años conquistó al público, sigue siendo una figura muy querida, y películas como Los ángeles de Charlie y Como si fuera la primera vez consolidaron su estrellato. Además, desde 2020 brilla como presentadora en The Drew Barrymore Show, donde con un estilo sincero, efervescente y desenfadado, conecta con sus invitados y con el público. “No hago esto por obligación –declaró a la revista People–. Creo que la genética tiene algo mágico. Me siento muy inspirada por lo que ellos hicieron”, dijo en referencia especialmente a su abuelo John, uno de los actores más famosos de su época y protagonista involuntario de una de las leyendas más célebres de Hollywood: cuando murió, en 1942, sus amigos y compañeros de aventuras, entre ellos Errol Flynn, se robaron el cuerpo y lo llevaron a un bar para un último brindis.


PARECIDOS, PERO DISTINTOS
El nombre real de Martin Sheen (85) es Ramón Antonio Gerard Estévez, y es uno de los diez hijos de Francisco Estévez, nacido en Galicia. Convertido en uno de los actores más respetados de su generación (tiene más de ciento veinte películas en su haber), dos de los cuatro hijos que tuvo con Janet Templeton eligieron seguir su camino: Emilio (62) y Carlos (60) –Emilio mantuvo el apellido Estévez, Carlos eligió llamarse Charlie Sheen–. Y aunque ambos irrumpieron con la generación Brat Pack, no podrían ser más distintos: Emilio buscó pasar inadvertido, en contraste con la fama de “chico malo” de su hermano, cuya agitada vida personal siempre encontró comprensión de parte de su padre. Además, pese al éxito que Emilio conquistó con sus primeras películas como Young Guns, con los años prefirió trazar su carrera detrás de cámaras, al tiempo que Charlie alcanzaba el status de actor mejor pago de la televisión norteamericana por su protagónico en la comedia Two and a Half Men (llegó a cobrar dos millones de dólares por episodio). Así, mientras Emilio se mantuvo fiel al bajo perfil, Charlie entró en un espiral de drogas, alcohol y encuentros sexuales de riesgo que casi lo matan y destruyeron su carrera. Tras varios intentos fallidos de desintoxicación, apoyados por su familia, finalmente Charlie Sheen lleva ocho años limpio, para alegría de Martin, que ha dicho abiertamente que la lucha de su hijo contra las adicciones ha sido “un infierno”, reconociendo que lidiar con eso fue muy doloroso, pero siempre hablando con afecto y orgullo de Charlie (incluso llegó a confesar que él vivió episodios similares).

LA ESTRELLA MÁS BRILLANTE
La historia del ascenso a la fama de Liza Minnelli (80) comenzó el mismo día en que nació: hija de Vincent Minnelli, a quien muchos consideran el creador del musical moderno, y de Judy Garland, la estrella de El mago de Oz, desde muy chica demostró que su talento estaba a la altura de las expectativas de sus padres (forman el único trío ganador del Oscar de la historia). Hija única de un matrimonio que duró poco –tiene hermanos nacidos de otras relaciones de sus padres–, debe su nombre a una de las composiciones de su padrino, Ira Gershwin “Liza (All the Clouds’ll Roll Away)”. Y, aunque apareció por primera vez en la pantalla grande a los 3 años (En aquel viejo verano), de adolescente se mostró más inclinada por el teatro que por el cine, por lo que se mudó a Nueva York para estudiar y a los 17 debutó en el Off Broadway. En 1972 tocaría el cielo con las manos con el protagónico de Cabaret, de Bob Fosse, que fue un exitazo de taquilla, ganó ocho Oscar (incluido el de ella) y la convirtió en una estrella a escala global. El reconocimiento la ayudó a superar el dolor por la muerte de su madre, ocurrida tres años antes por una sobredosis de barbitúricos, y Liza se convirtió para siempre en sinónimo de Sally Bowles, la estrella decadente del Kit Kat Club de Berlín, el famoso cabaret de los años treinta (después hubo otras actrices que se pusieron en la piel del personaje, pero ninguna logró el impacto de Liza).



