Publicado: junio 10, 2026, 6:09 pm
Hay problemáticas que, aunque están visibles, no llaman la atención. La sociedad se acostumbró a su funcionamiento y nadie se cuestiona si hay mejores alternativas.
Uno de los ejemplos más claros aparece en la construcción, una actividad que contamina al planeta: el concreto es responsable de aproximadamente el 7% de las emisiones globales de dióxido de carbono.
En este contexto, dentro de una de las industrias más antiguas y necesarias del mundo, dos jóvenes arquitectos comenzaron a replantearse los métodos tradicionales.
Los protagonistas de esta historia son Máximo Tettamanzi, graduado de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, y Alyina Ahmed, arquitecta nacida en India pero criada en Dubái.
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Aunque provenían de extremos opuestos del mundo, se conocieron gracias a una beca para cursar un máster en la Architectural Association School of Architecture de Londres —la universidad en la que estudió Zaha Hadid—. Allí debían elegir un tema para su tesis y decidieron enfocarse en una problemática concreta: cómo reducir las huellas de carbono de la construcción.
Durante su investigación se toparon con una disyuntiva que llamó su atención: ¿por qué en Emiratos Árabes Unidos, un territorio cubierto de desierto, se usa arena de otros países —en especial de Malasia e Indonesia— para construir?

“Es una paradoja, ya que Emiratos Árabes es mayormente desierto”, señala Maximo Tettamanzi. Sin embargo, la explicación está en la composición del material. La arena del desierto está expuesta a erosión eólica, por lo que sus partículas son redondeadas. En cambio, la arena importada proviene de los ríos y está erosionada por el agua, lo que le da una forma irregular “estrellada” que permite que la mezcla se compacte correctamente.
“Cuando hacés concreto, la arena tradicional abraza la mezcla y se traba en las puntas. La del desierto no logra agarrarse y cuando se seca se desarma”, explica. Es por eso que, aunque ese país está rodeado de arena, es inservible. O así lo parecía.
Con una inversión de US$8000, que consiguieron a través de dos subsidios, comenzaron una investigación que los llevó a experimentar con aditivos. El objetivo fue estabilizar la mezcla y volver utilizable la arena del desierto. Probaron innumerables combinaciones, pero ninguna funcionaba.
Hasta que llegó la pandemia.

El confinamiento terminó impulsando el proyecto. Alyina Ahmed regresó a Dubái para pasar la cuarentena con su familia y convirtió el garage de su casa en un laboratorio improvisado. Empezó a probar con arena que sacaba de su jardín hasta que finalmente consiguió una fórmula que funcionó.
“La mezcla se estabilizó y dejó de romperse”, recuerda Tettamanzi, y agrega que el siguiente paso fue verificar con el laboratorio la resistencia del material y, sobre todo, si era comparable a la fuerza del concreto tradicional.

Después de una espera que pareció eterna, recibieron las respuestas que esperaban: el material cumplía con los estándares necesarios. Académicamente, su máster estaba resuelto, pero el proyecto acababa de empezar. “Aprobamos la tesis, nos fue muy bien, pero nos quedamos enganchados con la idea y entusiasmados con la solución”, resume.
El hallazgo ofrecía un doble beneficio sustentable. Por un lado, reemplazaba arena importada por arena local, reduciendo costos logísticos y el impacto ambiental del transporte y la extracción fluvial. Por otro lado, la fórmula permitía disminuir un 50% la cantidad de cemento que se utiliza en la mezcla, uno de los materiales más contaminantes de la industria.
En ese momento, se dieron cuenta de que su proyecto iba más allá del plano académico, ya que habían creado un material que realmente podría trascender.
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Más allá de una tesis
Los jóvenes continuaron desarrollando la idea impulsados más por convicción que por una estrategia comercial. Es por eso que debían buscar validación externa para comprobar que el material tenía un lugar real en la construcción y así poder llevar el emprendimiento al próximo nivel.
Aplicaron a incubadoras, a business acceleration programs y a exposiciones internacionales. Y en todos lados la respuesta era satisfactoria: “Nos aceptaban y eso nos entusiasmó cada vez más”, relata el arquitecto.
Lejos de conformarse con su mezcla, decidieron sumar un nuevo emprendimiento. En Emiratos Árabes, donde los recursos naturales son escasos, abundan principalmente dos elementos: la arena y las palmeras.
Las palmeras producen dátiles, uno de los alimentos más consumidos de la región que genera grandes cantidades de residuos, ya que el carozo se descarta.
A partir de esos desperdicios, Alhaan Ahmed, el hermano de Alyina, desarrolló un material para crear superficies: recolectó los carozos, los tostó, molió y los mezcló con distintas resinas, para luego aplicarlo a superficies y generar placas rígidas.

“Nos dimos cuenta de que teníamos puntos en común y que nos podíamos potenciar mutuamente. Por eso, en 2022, decidimos asociarnos”, comenta.
Así nació ARDH Collective. El nombre combina la palabra “ardh”, que significa tierra en árabe, con la idea de un colectivo dedicado a investigar soluciones sustentables para la construcción y el diseño.
El momento de la validación
En 2023 la validación externa se materializó: fueron invitados a Dubái Design Week, una de las ferias de diseño más importantes de Medio Oriente. “Muy humildemente armamos una instalación de bajo presupuesto que nos sirvió mucho para darnos a conocer y hacer networking”, recuerda.
Lo que no se esperaban era el nivel de repercusión que tendría el proyecto. El interés por la mezcla sustentable fue tal, que recibieron una invitación a Shark Tank Dubái: un programa de televisión en el que emprendedores presentan ideas a inversores.
“Había tres sharks interesados en invertir”, cuenta Tettamanzi. Sin embargo, decidieron rechazar las propuestas. “Nuestro proyecto todavía estaba muy verde y las condiciones implicaban ceder gran parte de la empresa”.
Dos productos, un mismo objetivo
En 2025, con un negocio cada vez más tangible, fueron invitados nuevamente a la Design Week. Aunque la mezcla de concreto con arena del desierto ya estaba aprobada, todavía no la habían materializado. Es por eso que aprovecharon la exposición para finalmente aplicarla a un producto, en este caso muy relacionado con la cultura árabe.

Crearon ladrillos decorativos, utilizados principalmente en fachadas, logrando patrones geométricos que filtran la luz y generan privacidad. “Funcionan como un tamiz: desde adentro podés ver hacia afuera, pero desde afuera hacia adentro se mantiene cierta intimidad”, describe.


No fue el único producto que presentaron en la feria. También llevaron el Date Form —las láminas creadas con carozos de dátiles—, que pueden utilizarse como revestimientos o superficies para mobiliario, similares a paneles de melamina.

Aunque actualmente usan la mezcla para crear ladrillos decorativos, el producto tiene un potencial mayor: “Es muy aplicable, por eso nuestro próximo desafío es testarlo para verificar su uso en otros niveles; para eso necesitaríamos asociarnos con una consultora o un grupo de ingenieros”.
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El futuro de la construcción
Hablar sobre que la construcción es contaminante es sencillo. Lo difícil es cuestionar esta premisa, globalmente asumida, y buscar soluciones.
Los ladrillos fabricados con arena del desierto son una solución mundial —ya que la lógica del proyecto es trabajar con recursos locales— y representan una idea capaz de modificar la manera en que se piensa la construcción.

“Lo que nosotros hicimos fue cambiar la mezcla a raíz de investigación y esfuerzo. Otras personas podrían llegar a equivalentes en otras partes del mundo y ojalá que suceda, porque ayudaría a reducir las emisiones”, reflexiona.
Actualmente, después de cinco años de su creación, el proyecto “evolucionó de una escala incipiente, con ingresos de algunos miles de dólares, a una operación que hoy se mueve en rangos de facturación anual de entre seis a siete cifras”.
Aunque no niega una posible expansión, el foco ahora está puesto en Emiratos Árabes Unidos. “Primero queremos consolidarnos en Dubái y expandirnos a otros emiratos. Hay muchísimo por hacer a nivel local”, concluye.
