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En 1992, 28.800 patos de goma cayeron al mar: más de 30 años después, los científicos siguen la trayectoria de los materiales

Publicado: noviembre 1, 2026, 11:13 pm

La historia de los 28.800 patos de goma que cayeron al océano en 1992 comenzó con un accidente marítimo y terminó convirtiéndose en un inesperado experimento científico. Más de 30 años después, los investigadores siguen estudiando el recorrido de estos juguetes, que llegaron a distintas costas del mundo y ayudaron a comprender mejor cómo funcionan las corrientes oceánicas.

La historia ocurrió el 10 de enero de 1992, cuando un barco de carga que viajaba desde Hong Kong hacia Tacoma, en Estados Unidos, atravesó una fuerte tormenta en el océano Pacífico Norte. Durante el temporal, varios contenedores cayeron al agua y uno de ellos liberó miles de juguetes de plástico para el baño.

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El cargamento estaba compuesto por patos amarillos, tortugas azules, castores rojos y ranas verdes, que comenzaron a desplazarse a merced de las corrientes y los vientos. Los juguetes fueron conocidos como Friendly Floatees y, aunque parecían simples objetos perdidos en el mar, terminaron convirtiéndose en una herramienta inesperada para la oceanografía.

Los primeros ejemplares aparecieron en las costas de Alaska y, con el paso de los años, otros fueron encontrados en lugares tan alejados como Hawái, Australia, Chile y las islas británicas. Cada hallazgo permitió reunir información sobre los movimientos del agua en distintas regiones del planeta. A partir de entonces, los investigadores y los habitantes de las zonas costeras empezaron a prestar atención a cada nuevo avistamiento.

Cómo cayeron 28.800 patos de goma al océano en 1992. (Foto: Adobe Stock)
Cómo cayeron 28.800 patos de goma al océano en 1992. (Foto: Adobe Stock)

Lo que hizo particular a este cargamento fue que los juguetes podían permanecer flotando durante largos períodos. A diferencia de otros objetos, no tenían orificios de drenaje, por lo que podían conservar el aire en su interior y continuar desplazándose por el mar.

Cómo los patos de goma ayudaron a estudiar las corrientes oceánicas

Los oceanógrafos Curtis Ebbesmeyer y James Ingraham advirtieron que el accidente podía convertirse en una oportunidad para estudiar los movimientos del océano. Como conocían el punto y la fecha en que los juguetes habían caído al agua, podían comparar esa información con los lugares y momentos en que aparecían en las costas.

Ebbesmeyer comenzó a recopilar los reportes de los habitantes y los buscadores de objetos en las playas, mientras que Ingraham trabajaba con un modelo informático llamado OSCURS, utilizado para simular el desplazamiento de las corrientes superficiales.

Los resultados permitieron observar cómo los vientos y las corrientes podían transportar objetos a lo largo de miles de kilómetros. Algunos juguetes se desplazaron hacia el norte, mientras que otros llegaron a las costas del Pacífico oriental y a regiones mucho más alejadas.

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Además, algunos ejemplares quedaron atrapados en el hielo marino del Ártico y, posteriormente, pudieron continuar su recorrido hacia el Atlántico Norte. De esta manera, los juguetes aportaron información sobre trayectorias que habrían sido difíciles de reconstruir con otros métodos.

De esta manera, un accidente que provocó la pérdida de miles de juguetes terminó aportando datos valiosos para la investigación científica. Los lugares donde aparecieron los Friendly Floatees permitieron mejorar la comprensión de las corrientes superficiales y sus conexiones entre distintas regiones del planeta.

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