Publicado: julio 1, 2026, 2:45 pm
El sol es esencial para la vida, regula los ciclos biológicos, mejora el estado de ánimo y refuerza el sistema inmunológico. Pero abusar de él tiene consecuencias para la salud y la belleza, porque en exceso, puede provocar quemaduras, cáncer de piel, manchas y fotoenvejecimiento . Aunque en países como España está presente gran parte del año, por lo que la recomendación es usar protección solar a diario, en verano la exposición es aún mayor. En estos meses, por una parte, los rayos son mucho más fuertes, y, por otra parte, la mayoría de la población coge vacaciones y pasa gran parte de su día en el exterior. La recomendación de los expertos es tener una relación sana con el sol, ni esconderse de él, ni abusar. Y el protector solar se convierte, de esta manera, en el gran aliado (junto a la protección física) para mantener a salvo la piel. El problema es que en torno al astro rey y a la fotoprotección han surgido en los últimos años numerosos bulos, alimentados por personajes famosos y las redes sociales. Para arrojar luz sobre ellos, hemos recopilados los más habituales, que desmontamos con la ayuda de los expertos, también y una verdad, que hay que saber. La exposición a los rayos solares es diaria, pero lógicamente en la playa y en la piscina aumenta. Hay que tener en cuenta que el sol emite diferentes radiaciones y que algunas de ellas, como los UVA, atraviesan el cristal de los ventanas . Otras, como la luz azul, la emiten, además del sol, los dispositivos electrónicos. La ingeniera química y divulgadora Cristina Carvajal (conocida en redes como @caldesnud), sostiene que «el daño solar no ocurre solo en verano o en la playa, sino también en ciudad, interiores y durante todo el año». Por eso hay que usar la protección solar de forma diaria, aunque adaptada a cada situación. En la playa y en la piscina, hay que ser más insistentes, reaplicar, y usarla en todo el cuerpo; en el día a día, solo se aplicará en las zonas expuestas, principalmente el rostro. Y no hay que olvidarla en situaciones como cuando se hace turismo en una ciudad, se practica senderismo u otra actividad al aire libre e incluso se disfruta de una barbacoa o un aperitivo en una terraza. Lo primero que hay que mirar en un protector solar es el SPF (factor de protección solar). En España, los más habituales son 30 y 50 o 50 +. Ana Santamarina , experta en dermocosmética y fundadora de Santamarina Cosmetics, explica que «la diferencia entre ambos índices no está en el porcentaje de radiación bloqueada, sino en la que efectivamente llega a la piel. Mientras que un SPF 30 deja pasar aproximadamente 3 unidades de radiación UVB de cada 100, el SPF 50 permite el paso de unas 1,7: casi la mitad. Eso equivale a una reducción adicional de entre el 40 y el 45 % en la radiación que alcanza la piel. Un matiz que marca la diferencia, especialmente en pieles claras, con tendencia al melasma o hiperpigmentación , con daño actínico previo o en situaciones de alta exposición». En los últimos años la quimiofobia ha generado desconfianza en ciertos productos cosméticos, como los protectores solares, y en concretos los filtros que llevan. Es posible encontrar fotoprotección con filtros químicos u orgánicos, y físicos o minerales. Una de las afirmaciones más extendidas es que los minerales reflejan la radiación, y los químicos la absorben, pero Ana Santamarina explica que no se corresponde con la realidad. «Tanto los filtros orgánicos (llamados químicos) como los inorgánicos (óxido de zinc y dióxido de titanio) protegen principalmente mediante absorción de la radiación UV , mecanismo responsable de aproximadamente el 90 % de su efecto protector. Los filtros minerales también dispersan una pequeña parte de esa radiación, pero la diferencia entre unos y otros no es ‘absorber frente a reflejar’, sino la forma en que están formulados y cómo interaccionan con la piel». Reaplicar es la clave para conseguir una protección segura, porque la eficacia del producto, independientemente del factor de protección, se va perdiendo por factores como el roce, el sudor, el agua, el paso del tiempo… « El SPF 50 no significa protección infinita . Significa una protección alta, siempre que se aplique en cantidad suficiente y se reaplique cuando toca. En exposición directa, especialmente en playa, piscina, montaña o deporte al aire libre, lo recomendable es reaplicar cada dos horas y siempre después del baño o de sudar», recuerda la cosmetóloga y creadora de Byoode, Raquel González. La radiación ultravioleta atraviesa las nubes, por lo que el riesgo para la piel también se da en días nublados. Se puede tener sensación de que el sol no quema tanto, y ese es especialmente el peligro, que al no percibir calor, se cree que no es necesario usar el protector. «Uno de los errores más frecuentes es asociar daño solar únicamente con calor o con quemadura. La piel puede recibir radiación UV y luz azul aunque no sientas que te estás quemando», explica Irene Serrano , desde Dermalogica. La vitamina D es importante para el organismo porque desempeña un papel clave en la salud ósea y en el sistema inmunitario. En los últimos años el uso de los protectores solares se ha asociado a unos índices bajos en gran parte de la población, ya que la principal fuente de vitamina D es la exposición solar. Pero el farmacéutico Héctor Núñez , conocido como Cosmetocrítico, asegura que «en España, cinco o diez minutos caminando a las once de la mañana con brazos y piernas descubiertos suele ser suficiente, sin necesidad de poner en riesgo la salud de la piel». La piel morena también se debe proteger, porque aunque no muestre un enrojecimiento como una piel blanca, sufre igualmente las consecuencias del exceso de sol, tanto el riesgo de cáncer, como el envejecimiento. Cristina Carvajal explica que «pese a que tienen más cantidad de melanina, no las exime de que las radiaciones ultravioletas puedan dañar sus células , aunque el enrojecimiento sea menor». Por eso, el protector solar es obligatorio siempre, además de otras medidas como evitar las horas centrales del día o usar gorros y sombrillas. Desde hace unos años se ha popularizado en redes el callo solar, según el cual exponerse sin protección hace que la piel genere tolerancia, pero los expertos son claros: el callo solar no existe y supone un riesgo muy alto para la piel y la salud. Cada vez hay más cosméticos que incluyen filtros solares, además de la fotoprotección propiamente dicha: desde cremas a maquillaje, pero los expertos advierten de que no se suman. «Este es uno de los errores más habituales: pensar que el SPF funciona por acumulación. Pero no es así. Si utilizamos una crema con SPF 30 y encima un maquillaje con SPF 20, no obtenemos un SPF 50», explica Mireia Fernández , directora dermocosmética de Perricone MD. Al elegir el fotoprotector hay que prestar atención a varias cosas: el SPF (FPS) es el más conocido, se trata del factor de protección frente a los rayos UVB, y lo habitual es que sea de 30, 50 y 50+. Pero, se aconseja elegir un producto de amplio espectro , es decir que ofrezca cobertura también frente a radiación UVA, luz azul e infrarrojos (IR A). Esta información debe aparecer en el envase, con el símbolo UVA dentro de un círculo, o con el sistema PA, que va desde el PA+ al PA++++. También puede venir indicado como ‘Broad Spectrum’ (amplio espectro). Otros puntos a tener en cuenta es que sea resistente al agua (aunque siempre se debe reaplicar después del baño), que tenga una textura ligera (no protegen más las texturas densas), que resulte cómoda y fácil de aplicar. El consejo de cualquier experto es que ‘el mejor protector es el que se usa’. Por eso es importante encontrar uno que se adapte a la piel y las necesidades personales. El sol no solo puede provocar quemaduras y cáncer de piel, también es el factor que más envejece la piel a largo plazo. Cristina López Mejía , fundadora de la clínica estética Templa, explica que «la radiación ultravioleta es responsable de más del 80% del envejecimiento visible de la piel. No es una cifra de marketing, es biología ». Uno de los efectos de exponerse al sol sin protección adecuada es la aparición de manchas de color marrón o blanco que provocan un tono desigual, y que son una de las principales preocupaciones estéticas, especialmente conforma pasan los años, por su acumulación.
