Publicado: julio 1, 2026, 3:06 pm
El Papa se enfrenta a un cisma en la iglesia católica. Es lo que han provocado los lefebvrianos, que en la mañana de este 1 de julio ordenaron a cuatro obispos sin autorización del obispo de Roma. Horas antes, León XIV había hecho un llamamiento final a esta congregación ultratradicionalista a desistir de la consagración de esos obispos. Hacerlo sin su permiso, como ha ocurrido es, según el Vaticano, un nuevo acto cismático.
Los lefebvrianos son la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), que fundó en 1970 el arzobispo francés Marcel Lefebvre. Tienen su sede en Écône, entre las montañas del valle del Ródano, en Suiza. Compuesta por 733 sacerdotes, 264 seminaristas y cerca de medio millón de fieles. En España, «la hermandad ejerce su apostolado en la Península ibérica desde el año 1978» y su casa central está en El Álamo (Madrid).
Lo que define a esta congregación ultraconservadora es que es contraria a varios preceptos del Concilio Vaticano II. En 1974, Lefebvre publicó un manifiesto en el que exponía los detalles de su posición y se proponía como baluarte de la verdadera tradición. Se refería el obispo a la nueva liturgia, la colegialidad como forma de gobierno en la Iglesia y las declaraciones conciliares relativas a la libertad religiosa y el ecumenismo.
Aquel concilio, entre 1962 y 1965, fue un intento de modernizar la Iglesia. Pero para Lefebvre, todo ello suponía que la Iglesia de Roma se había rendido a los principios de la modernidad. Según los lefebvrianos, el Concilio Vaticano II era una «protestantización» del catolicismo. El francés se proponía como baluarte de la verdadera tradición.
El anuncio y la advertencia de excomunión
El 2 de febrero de este año, el sacerdote Davide Pagliarani, superior de los lefebvrianos anunció en un comunicado que había decidido ordenar nuevos obispos sin la autorización de la Santa Sede. Y puso fecha: el 1 de julio. El Papa y el Dicasterio de la Doctrina de la Fe advirtieron de que iban a incurrir en un «acto cismático» que implicaría la excomunión de todos los implicados.
Tras varias comunicaciones a través intermediarios, el pasado 29 de junio, el Papa hizo un último llamamiento pidiéndole a la FSSPX que no procediera a la consagración de los nuevos obispos sin su mandato previo. León XIV envió una carta al superior de la fraternidad.
«Que el Señor ilumine sus conciencias y despierte sus corazones. En virtud de la autoridad recibida de Cristo, con el corazón afligido, pero aún lleno de esperanza, siento el deber de pedirles que desistan de su propósito y encomiendo estas intenciones al Corazón Inmaculado de María, Madre del Buen Consejo», decía la misiva.
Antes, el Papa les recordaba a los lefebvrianos que la Iglesia reconoce «el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a esta Fraternidad». Por eso, escribía León XIV, «la actitud de atención y benevolencia que mis predecesores les han manifestado constantemente».
Un español presidió la homilía
La carta del Pontífice finalizaba con un ruego: «Les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás! Les exhorto a considerar atentamente el bien espiritual de los fieles, pues el acto cismático que cometerían les privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su propia santificación».
De nada ha servido. Finalmente, este miércoles, Pagliarani hizo lo que anunció: consagró a cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio. La celebración siguió el rito anterior al Concilio Vaticano II, de espaldas a los fieles y en latín. Los cuatro consagrados son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.
Nos consideran rebeldes pero no solo queremos servir a la Iglesia, como una madre en dificultad que sufre, a veces traicionada»
El acto lo presidió el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay, los dos únicos obispos que quedan de los consagrados por Lefebvre en 1988. En su homilía, Pagliarini aseguró que pagarán cualquier precio para servir a la Iglesia: «Nos consideran rebeldes pero no solo queremos servir a la Iglesia, como una madre en dificultad que sufre, a veces traicionada».
Hoteles, restaurantes y hasta vino en recuerdo
El acto fue retransmitido en directo por internet, pero había organizado todo un dispositivo de hoteles, aparcamientos y puestos de restauración para quienes desearan estar presentes. Todos ellos pudieron comprar una caja conmemorativa compuesta por cuatro botellas de vino (en las etiquetas una mitra, un anillo, una cruz y un báculo episcopal). El «recuerdo de este acontecimiento histórico» costaba 75 francos suizos (81 euros).
«Ordenados» y «ordenantes» han quedado automáticamente excomulgados. Es lo que ya sucedió en 1988 tras las ordenaciones episcopales celebradas por Lefebvre. Entonces, el papa Juan Pablo II excomulgó a su fundador y a los cuatro obispos que había ordenado sin su beneplácito.
Después, en 2007, Benedicto XVI decidió liberalizar la Misa Tradicional en latín con el documento Summorum Pontificum. Dos años después, y levantó las excomuniones de los obispos lefebvrianos. En 2021, el papa Francisco introdujo severas restricciones a la celebración de la misa tradicional con el texto Traditionis custodes.
