Publicado: noviembre 2, 2026, 3:00 am
Los europeos ya quieren hablar con Putin; discrepan en el cómo y en el cuándo, pero las cosas van cambiando. La llamada entre el presidente ruso y los líderes de Noruega y Finlandia, Jonas Gahr Store y Alexander Stubb, ha movido las cosas en una dirección que hasta no hace mucho parecía imposible de coger por parte de los aliados de Ucrania. Hay tres elementos, entre otros, que explican este giro: temor con Trump por si pretende inclinar el tablero a favor de Moscú, cansancio ciudadano respecto a todo lo relacionado con el conflicto, pero también ante las movilizaciones sociales, y el difícil encaje financiero de más ayuda a Kiev en las cuentas de la Unión.
Así lo explican fuentes diplomáticas de varios países a 20minutos. Hay una serie de factores que empujan a las conversaciones: Europa no quiere perder su sitio y la idea es avanzar hacia la diplomacia manteniendo la unidad, algo que de momento no se ha visto por las críticas de Dinamarca o Suecia al giro de Stubb y Store. Ahora, las mismas fuentes entienden que el presidente finlandés puede ser un buen enviado europeo en los cónclaves -una figura común que defiende por ejemplo Italia-. Más allá de lo que se dice públicamente, son muchas las voces que entienden que si Trump se acerca a Putin los europeos no podrán sostener solos a Kiev y tendrán que pasar a la siguiente fase: la negociación.
Daniel Gil, analista en The Political Room especializado en asuntos europeos, explica a este medio que el foco primero hay que ponerlo en las sanciones. «Hace ya bastante tiempo que no se puede ir más allá. Es cierto que se van haciendo paquetes, se endurecen algunas medidas con algunas cuestiones, pero ya no existe más margen político» para presionar a Rusia. Otra cuestión es la situación electoral en Europa, añade. «La mayoría de gobiernos son gobiernos impopulares o frágiles, sobre todo en países relevantes, como estamos viendo en Alemania o Francia», expone Gil.
«Todo eso crea un entorno político también complicado, además de un recudecimiento de acciones rusas de sabotaje y guerra híbrida que se prevén para el que la mayoría de gobiernos europeos no están preparados», sostiene. Y en su explicación añade otro factor: el papel de Estados Unidos. «Europa se queda en una posición prácticamente insostenible en el momento en el que EEUU ya llega a acuerdos con Rusia», recuerda; y avisa entonces de que el objetivo tiene que ser que los europeos estén «en la mesa de negociaciones» porque es «donde se van a tomar las decisiones» sobre la seguridad no solo de Ucrania, sino de todo el continente europeo.
Ahora, ¿por qué la prisa actual ya por hablar con Putin?
El primer elemento es Trump. Es quizá el más importante: si Estados Unidos se pone del lado de Moscú, Europa tiene que estar sentada al lado de Ucrania. Ese es el mensaje. Los cortes en Starlink y los intercambios de inteligencia y el acuerdo petrolero entre Washington y el Kremlin han hecho encenderse todas las alarmas. Además, Trump es partidario de levantar las sanciones contra Rusia, que él considera inútiles. Mientras, Zelenski se ha mostrado decepcionado con el presidente de Estados Unidos, pero no ha querido tensar demasiado la cuerda.
En cambio, Europa asume que Trump quiere la rendición de Ucrania, y así lo ha dicho ya por ejemplo la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas. Teniendo en cuenta además las ofensas del inquilino de la Casa Blanca contra el presidente ucraniano, los líderes europeos van asumiendo que necesitan sostener los reclamos de Kiev: en Bruselas y en otras capitales repiten que no vale solo con un acuerdo de paz, sino que esa paz «tiene que ser justa y duradera» y basarse en los estándares del país invadido, no en lo que diga Rusia.
Lo que puede pasar con una victoria de Le Pen
Las prioridades, además, van cambiando para los gobiernos. El cansancio ciudadano es evidente, como se ve en las protestas crecientes en Francia, Bélgica, Italia o España. Ese giro en el foco se añade a las elecciones clave en algunos países. Sobre todo la Comisión Europea tiene claro que si Marine Le Pen gana las presidenciales en Francia el próximo mes de mayo o Vox entra en el futuro Gobierno español que se forme después del 29-N, además de la deriva de Alemania con el auge de AfD, Ucrania puede dejar de estar en primera fila. Y no solo eso: aprobar futuras ayudas con la derecha radical en el poder puede ser mucho más complicado. De hecho, la propia Le Pen ya ha avisado de que si vence cortará cualquier apoyo a Kiev en los siguientes seis meses a su entrada en el Elíseo.
Y, con todo, los números puede que no empiecen a salir. La UE ya está inmersa en la negociación del nuevo presupuesto a largo plazo (2028-2034) con dos bloques de países muy distantes: el norte, que quiere recortar, y el sur, que pide más ambición. Dentro de esas cuentas tendrá que ir el respaldo financiero a Ucrania más allá del préstamo de 90.000 millones para 2026 y 2027 con cargo a deuda común, el cual ya está funcionando. Pero a medida que pase el tiempo, el dinero se irá estrechando, asumen algunas fuentes, porque las inversiones se volverán más exigentes y muchas partidas tendrán cada vez más y más carga ideológica.
Entre febrero de 2022 y octubre de 2026, la Unión Europea y sus 27 Estados miembros han proporcionado y movilizado aproximadamente 231.500 millones de euros en ayuda a Ucrania tras la invasión rusa. Según los datos oficiales, ese respaldo total incluye 117.300 millones de euros proporcionados o garantizados por el presupuesto comunitario, 77.900 millones en medidas de asistencia militar, 17.000 millones para atender las necesidades de los refugiados en la UE, 15.500 millones de apoyo de los Estados miembros y 3.800 millones procedentes de activos rusos inmovilizados.
Así, Europa quiere pasar a la siguiente fase, la de la diplomacia. Y quiere hacerlo porque ha ido cambiando lo que pasa a su alrededor. El escenario no es el de 2022, ni en territorio europeo ni al otro lado del océano; y esto, repiten en Bruselas, no va de salir o no en la foto, sino de la seguridad de todo el continente, que no puede quedar en manos de Donald Trump y de Vladimir Putin… ni de sus aliados.
