Publicado: septiembre 4, 2026, 12:30 pm
Han transcurrido más de dos meses y medio desde la última vez que Ilia Topuria apareció voluntariamente ante los aficionados a las artes marciales mixtas (MMA), ya que desde entonces ha sido protagonista del foco mediático solo a través de fotografÃas en las redes sociales. Lo hizo para disputar un combate histórico en el JardÃn Sur de la Casa Blanca . El resultado fue impactante, pues el hispanogeorgiano, que partÃa como claro favorito para llevarse el duelo, perdió su cinturón ante la estrella estadounidense, Justin Gaethje , en el UFC Freedom 250, cayendo derrotado y saliendo del octágono con el rostro desfigurado tras el castigo recibido por parte del pegador de Arizona. Fue una derrota destinada a quedarse a vivir dentro de Ilia Topuria. No solo porque supuso el primer tropiezo de su carrera profesional, ni porque le hiciera perder el cetro que habÃa conquistado de manera incontestable un año antes, sino porque obligó al luchador español a enfrentarse a un territorio desconocido: el de quien cae después de haber construido su identidad deportiva alrededor de la victoria. Durante años, Topuria habÃa hablado como un campeón, habÃa peleado como un campeón y habÃa ganado como un campeón. Aquella noche, por primera vez, tuvo que descubrir cómo se comporta un campeón cuando pierde. El récord invicto se esfumó. Quizá por eso, varios dÃas después del combate, su pensamiento no estaba puesto únicamente en Gaethje, en el trono de la UFC perdido o en la posibilidad de volver a recuperar lo que habÃa sido suyo. Estaba en Hugo Topuria, su hijo. Ahora, 82 dÃas después del fatÃdico combate , Ilia le dirige una carta que tiene mucho menos que ver con las artes marciales mixtas que con algo que trasciende cualquier resultado deportivo: la manera en que una persona afronta los momentos en los que la vida no responde como esperaba. «Llevo unos dÃas pensando en ti. En lo que sentiste cuando me viste caer» , relata Topuria al comienzo de la carta. Aquà la derrota deja de ser una cuestión de estadÃsticas. Ya no importa únicamente quién ganó aquella pelea. Importa qué vio Hugo cuando vio caer a su referente paterno y, sobre todo, qué quiere que aprenda de aquella imagen. Hay una frase especialmente reveladora en esas primeras lÃneas: «Sé que sufriste y, como padre, darÃa cualquier cosa por haberte ahorrado ese momento» . Es la confesión de alguien que está acostumbrado a exponerse al dolor, pero que no quiere que quienes están a su alrededor tengan que sufrirlo con él. Topuria puede aceptar el castigo fÃsico de un combate, la presión de una gran noche o las consecuencias de entrar en un octágono sabiendo que una mala decisión puede cambiarlo todo. Lo que le resulta más difÃcil es pensar que su hijo pudo sentir su derrota como un golpe propio. Sin embargo, inmediatamente después, aparece una segunda lectura de aquella noche, una que transforma el sufrimiento en aprendizaje: «También me alegra que lo hayamos vivido juntos. Porque aquel dÃa nos hizo más fuertes a los dos». La carta se convierte asà en una conversación sobre la derrota. Pero no un tropiezo concreto, sino todas las derrotas que esperan a una persona a lo largo de su vida. «Quiero que recuerdes siempre una cosa: en la vida no siempre se gana» , le dice. Y después llega una frase aparentemente sencilla, pero que adquiere una dimensión especial después de lo ocurrido en la Casa Blanca: «Y no pasa nada» . Es una manera de quitarle a la derrota parte de su poder. De impedir que un resultado se convierta en una sentencia. De recordar que perder puede doler, puede decepcionar y puede obligar a empezar de nuevo, pero no tiene por qué definir a quien pierde. Topuria, en su misiva, no intenta presentar la derrota como algo agradable, ni pretende convertir el fracaso en una experiencia deseable. Su reflexión va por otro camino. «Porque perder no es lo importante. Lo importante es cómo pierdes», escribe. Y ahà aparece una pregunta que vale tanto para un luchador como para cualquiera que haya tenido que enfrentarse alguna vez a un fracaso: ¿quién decides ser cuando todo se pone oscuro? En su carta, Topuria formula esa elección de una manera muy gráfica, casi como si estuviera describiendo el momento posterior a una caÃda dentro del octágono: «Cuando tienes que elegir entre quedarte en el suelo… o volver a levantarte» . Quizá sea precisamente esa la enseñanza que el propio Topuria ha tenido que aprender por primera vez. Su carrera se habÃa desarrollado sin conocer la derrota profesional, una circunstancia que alimentaba una imagen de seguridad absoluta y que convertÃa cada combate en una nueva oportunidad para confirmar una idea: que podÃa ganar a cualquiera. Frente a Gaethje , sin embargo, apareció la otra cara del deporte, la que recuerda que incluso el campeón puede encontrar un rival capaz de llevarlo a un escenario incómodo y obligarlo a aceptar que, algunas veces, el resultado no depende únicamente de cuánto hayas trabajado o de cuánto confÃes en ti mismo. La derrota llegó y, con ella, la necesidad de aprender a convivir con ella. Topuria encuentra una explicación personal para lo sucedido. «Creo que Dios quiso que viviera ese momento para enseñarme que el carácter no aparece cuando todo va bien; se revela cuando la vida te pone delante de su dÃa más difÃcil», escribe. Es, probablemente, el centro de toda la carta. El carácter, según su reflexión, no se demuestra cuando todo sale como estaba previsto, cuando levantas un cinturón, cuando el público celebra tu victoria o cuando las estadÃsticas confirman que eres el mejor. El carácter aparece cuando desaparecen todas esas certezas. Cuando ya no hay una victoria que mostrar y solo queda la persona que hay detrás del deportista. Por eso, unas lÃneas más adelante, El Matador le cuenta a su hijo qué descubrió después de aquella experiencia: «Que después de visitar ese infierno soy más fuerte que antes» . Y de ahà surge una de las frases más contundentes de la carta: «Porque un campeón no es el que nunca cae. Es el que siempre encuentra un motivo para levantarse». En pocas palabras, Topuria modifica la definición de campeón que habÃa acompañado buena parte de su trayectoria. Ya no es el hombre que nunca pierde. Es el hombre que, cuando pierde, encuentra una razón para volver. El mensaje final a Hugo es todavÃa más profundo. Topuria no le desea una vida llena de victorias, ni que sea invencible; le pide algo mucho más difÃcil: «No que ganes siempre, sino que nunca tengas miedo de perder» . Porque el miedo a perder puede terminar siendo mucho más paralizante que la propia derrota. Y, sobre todo, quiere que su hijo entienda que ningún resultado debe tener la capacidad de decirle quién es. «Que ninguna derrota tenga el poder de decirte quién eres» , escribe. La frase funciona casi como una declaración de principios después de la noche más complicada de su carrera. Topuria cierra con una frase que resume toda la carta: «El carácter es la única victoria que nadie puede quitarte» . En la Casa Blanca, Justin Gaethje pudo arrebatarle una victoria, un cinturón y el invicto. Pero hay algo que, según El Matador, no está en juego cuando empieza un combate. Algo que no depende de un árbitro, de una decisión ni de un golpe. El carácter. Ese es el trofeo que queda cuando todo lo demás desaparece. Y quizá esa sea la verdadera razón por la que esta carta no habla tanto de cómo perdió Topuria como de cómo quiere levantarse. Porque, al final, la pelea más importante de aquella noche no terminó en el octágono. Empezó después, cuando un padre tuvo que explicarle a su hijo que también se puede ganar después de haber perdido.
