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Vollering reina en Montreal y la desgracia se ceba con Paula Blasi

Publicado: septiembre 26, 2026, 2:30 pm

Demi Vollering se coronó campeona del mundo en ruta tras imponerse en un recorrido de 180.9 kilómetros en Montreal, completando 9 vueltas al circuito del Mont-Royal con la exigente Cota de Camillien-Houde. La jornada estuvo marcada por las duras caídas que obligaron a la retirada de la española Paula Blasi tras un doble incidente en carrera. El ciclismo es un deporte de una belleza plástica innegable, pero también de una crueldad extrema. El Mundial de ciclismo femenino élite disputado este sábado en Montreal ha sido el reflejo perfecto de esa dualidad. Sobre un imponente trazado, las mejores ciclistas del planeta se citaron para desafiar al exigente circuito de Mont-Royal. El menú del día obligaba a completar 9 vueltas a un circuito rompepiernas, donde la gran jueza de la carrera iba a ser la Cota de Camillien-Houde: un muro de 1.7 kilómetros al 7.3% de pendiente media que, con el paso de los giros, se convierte en un auténtico calvario para las piernas. Montreal, una ciudad que respira ciclismo y que presume de combinar la elegancia europea con la majestuosidad norteamericana, recibió al pelotón con un ambiente vibrante. Mientras los aficionados locales apuraban sus cafés y buscaban el reconfortante sabor de un buen plato de ‘poutine’ caliente —esa emblemática mezcla quebequesa de patatas fritas, queso en grano y salsa de carne ideal para combatir los nervios de la jornada—, el asfalto se preparaba para una batalla de desgaste. Sin embargo, la carrera no solo se iba a seleccionar por la dureza del terreno, sino por la tensión y los incidentes que arruinaron los sueños de varias favoritas. La peor parte de esta ruleta rusa sobre ruedas se la llevó la delegación española, y más concretamente Paula Blasi. La joven corredora catalana vivió un auténtico calvario en el asfalto canadiense debido a una aciaga doble caída que terminó por forzar su retirada. El primer aviso para Blasi llegó pronto, a unos 110 kilómetros de la línea de meta. En un tramo donde el pelotón rodaba agrupado y los nervios empezaban a florecer, un desafortunado enganchón mandó a la española directamente al suelo. El impacto fue seco, pero la reacción de Paula fue instantánea. Demostrando el carácter y el oficio que se le exige a una ciclista de élite, se levantó con rapidez, comprobó visualmente que la bicicleta respondía y que su cuerpo podía continuar, y se puso el mono de trabajo. Comenzó entonces una persecución agónica en solitario, un pulso contra el gran grupo que finalmente tuvo premio. Con un tremendo esfuerzo físico, Blasi consiguió enlazar de nuevo, dejando la caída reducida a un susto y a una dosis extra de adrenalina en el cuerpo. Lamentablemente, la tregua en el Mundial dura lo que un suspiro. Solo dieciséis kilómetros después, a falta de 94 kilómetros para el final, el desastre volvió a golverse contra el pelotón. Una caída masiva y multitudinaria rompió el grupo por completo, dejando un reguero de bicicletas y corredoras esparcidas sobre el asfalto de Montreal. Entre el dolor y la confusión, las alarmas se encendieron de nuevo para España: Paula Blasi estaba otra vez metida en el percance. Esta vez, la escena fue mucho más preocupante y dolorosa. La ciclista catalana permaneció inmóvil durante varios minutos sin poder levantarse, teniendo que ser atendida de urgencia por los servicios médicos de la organización. El jarro de agua fría no tardó en confirmarse: el abandono era inevitable. Horas más tarde, las imágenes posteriores ofrecieron una estampa agridulce, mostrando a la corredora de nuevo subida a su bicicleta para regresar a la zona de boxes, pero ya completamente fuera de competición. Su Mundial había terminado de la forma más cruel posible. Los incidentes no distinguieron nacionalidades ni favoritismos. A falta de 60 kilómetros para la conclusión, el drama local golpeó con fuerza el corazón de los aficionados canadienses. Magdeleine Vallieres, que competía en casa espoleada por el público de Quebec, intentó sobreponerse a los golpes, pero la ganadora del previo Mundial de Kigali 2025 se vio obligada a echar pie a tierra entre lágrimas. Las secuelas de la montonera masiva fueron insoportables para ella. Peor suerte corrió la sueca Caroline Andersson, quien tuvo que ser evacuada de urgencia en ambulancia hacia el hospital más cercano tras el mismo incidente. A partir de ahí, la carrera entró en una fase de cambios de guión continuos que mantuvieron en vilo a los espectadores. Con el pelotón seleccionado y las fuerzas al límite, la carrera estalló definitivamente a 38 kilómetros del final. Fue en ese momento cuando Demi Vollering decidió que no quería esperar a nadie. La neerlandesa lanzó un demarraje brutal, un ataque seco y demoledor en las rampas de Camillien-Houde que nadie pudo contestar. Vollering se marchó en solitario, firmando una exhibición de fuerza descomunal que parecía definitiva. Pero el ciclismo moderno nunca es lineal. A falta de 16 kilómetros para la meta, la persecución dio sus frutos. La italiana Elisa Longo Borghini y la polaca Kasia Niewiadoma, exhibiendo el mismo talento que las llevó al podio del pasado Tour de Francia, lograron dar caza a la neerlandesa. Se formó así un trío de auténtico lujo en cabeza, desatando una pelea sin cuartel en los últimos kilómetros de la prueba. La tensión táctica y el desgaste físico extremo provocaron un último vuelco en la resolución. En los compases finales, Vollering y Niewiadoma lograron distanciarse de Longo Borghini, jugándose la gloria mundialista mano a mano. En el esprint final, Demi Vollering impuso su punta de velocidad y su tremenda potencia para cruzar la línea de meta con los brazos en alto, conquistando de esta manera uno de los pocos títulos de prestigio que todavía se le resistían en su excelso palmarés. Una victoria histórica en Montreal que contrasta con el sabor amargo de las caídas.

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