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Vinicius no está, pero se le espera

Publicado: octubre 22, 2026, 4:30 am

Vinicius ya no sonríe. Está serio, cabizbajo, taciturno. Juega de titular contra el Leipzig, porque en Champions no está sancionado, pero la alegría ha desaparecido de sus botas . La mayor parte del partido pasa desapercibido, tiene dos ocasiones, en una se saca un buen disparo desde fuera del área, pero ambas las para sin problemas Vandevoordt (que me perdone si lo escribo mal). En una acción en la banda, en la que ha hecho un esfuerzo defensivo impropio de él, o impropio de él en los últimos tiempos, el balón rebota en él y en el atacante rival y se marcha a saque de banda. El linier concede el balón al conjunto alemán y él, durante un microsegundo, hace amago de extender los brazos en señal de protesta. Pero contiene el impulso y deja caer sus extremidades. No está . De la apatía del brasileño, porque ese es el estado en el que se encontraba, como si su mente estuviese en otro lugar, presa de la ansiedad, de lo que ahora los psicólogos llaman sobrepensar, parecían nacer dos buenas noticias: ni una protesta a los árbitros, ni un pique absurdo con algún rival. Parte del madridismo, en la que me incluyo, se lo ha pedido por activa y por pasiva. Pero ver a Vini bajar los brazos, dejar pasar la ocasión de gritar al colegiado por un simple saque de banda, genera un sentimiento extraño. ¿Empatía? ¿Contrariedad? En fin, en pleno recital de Güler, otro más, yo observo a Vini. Veo cómo Mbappé, empecinado en buscarle toda la primera mitad, es peor con él en el campo. Y tengo un fuerte deseo de que el 7 –mi número favorito– se sacuda el ensimismamiento de encima, meta un golazo y arruine la columna que está empezando a cobrar forma en mi cabeza. Pero no. No pasa nada. La memoria es caprichosa. Vini no va a jugar el clásico por los cuatro partidos que le cayeron. Él, y solo él, es el responsable. Busco en Google: «Rabieta Vinicius Xabi Alonso». Fue hace un año. Octubre, 2025. El Madrid ganaba al Barça 2-1. Xabi, entrenador relumbrón, ganador de una Bundesliga con el Leverkusen, lo sustituye en el minuto 71. Vini estaba jugando bien y estalló. Se marchó con aspavientos. Clamando cosas ininteligibles, pero seguro que de poco decoro, enfiló directo al vestuario sin dirigir la mirada a su entrenador, desautorizado en público, y después regresó al banquillo, con el daño ya hecho. El Madrid, al pitido final, estaba cinco puntos por encima del Barça en Liga. Pero al siguiente partido, tras unas disculpas públicas –y privadas–, Vini jugó. Ahí acabó el Madrid de Xabi Alonso. Pero vuelvo a la realidad, a Mourinho, y veo a Valverde rendir a un nivel altísimo en el lateral derecho –¿recuerdan, otro enfadado?–, a Güler, que mejora todo lo que toca, con la batuta en el medio, y a Vini convertido en el primer recambio actual. La diferencia entre aquel partido contra el Barça y este contra el Leipzig es que Vini aguarda el cambio en la banda, casi fuera del campo e impaciente por salir; como un toro indultado. No está. Y para colmo, Diomandé marca un golazo. Pero Vini, aunque le haya costado darse cuenta, lleva sin estar mucho tiempo. Hay un jugador antes y después de perder el Balón de Oro frente a Rodri en 2024. Y aprender a digerir aquello es fundamental. Cuando tenía 18 años, Vini era electricidad, como hasta ahora, capacidad de repetir esfuerzos inigualable, desparpajo. Pero decidía mal, se precipitaba, se quedaba sin campo y chutaba –a veces literalmente– a saque de banda. Yo no le tuve paciencia y me equivoqué. Me calló la boca y se convirtió en uno de los mejores jugadores del mundo. Xabi tenía razón. Vini no estaba para noventa minutos, Fede debía ser lateral derecho y a Güler había que darle galones en el medio. Pero yo, que a veces aprendo, diré que Vini no está, pero se le espera. En sus manos está.

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