Publicado: febrero 19, 2026, 3:00 am
Mientras el mundo se encuentra en una revolución geoestratégica, comercial, energética, migratoria, en síntesis en un relevo general, en México la tendencia es preocupante, las metas no están puestas para afrontar los cambios que vienen rompiendo con las tendencias de los últimos 25 años.
La globalización va perdiendo fuerza ante el proteccionismo desatado por las superpotencias; en nuestro caso, el nearshoring no fue lo que se esperaba y pudo ser.
En la construcción de nuevas alianzas ni siquiera es país invitado, no estará en la reunión del grupo de la paz de Trump, el tratado trilateral pende del estado de ánimo del mandatario estadounidense, ausencia en los grandes foros, una diplomacia decadente y ni siquiera convocado a las alianzas emergentes como la que promueve el Primer Ministro de Canadá, con Europa, China, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña.
Y no es para menos, el país, en lugar de ponerse a tiempo para afrontar los cambios que ya están en puerta, responde con acciones autoritarias, demoliendo el estado de derecho y regresando al estatismo.
El obradorato decidió aniquilar dos reformas cruciales para este tiempo, la energética y la educativa; costó mucho tiempo y negociaciones para conseguirlas, pero las echaron debajo de un plumazo.
La energética rompió con la posibilidad de atraer inversiones para cubrir la demanda interna de electricidad, explotar con beneficios la industria petrolera y desarrollar nuevas fuentes de energía, en un país que lo tiene todo para incursionar en todas las formas existentes.
Imposible pensar que México dispondrá de las exigencias para el mayor aprovechamiento de la inteligencia artificial; no tiene la infraestructura para responder las exigencias que implica su uso y aprovechamiento, a pesar de que ya es un recurso en casi todas las actividades humanas, algunas muy adelantadas y otras no tanto.
En materia de educación no se puede estar peor; ni siquiera se tiene un proyecto actualizado, el atraso es tal que miles de niños y jóvenes están reprobados en lecto-aprendizaje o materias de ciencia básica.
Hay abandono escolar; la deserción a partir del nivel preuniversitario es creciente, la brecha que se generó a partir de la pandemia jamás se corrigió y es así que hoy existe un desbalance entre aquellos que tuvieron recursos para atender clases a distancia y quienes fueron pasados de grado sin tener los conocimientos elementales.
Países como China, India o Corea del Sur pudieron preparar recursos humanos enviándolos a las universidades más reconocidas de Estados Unidos o Europa; en México se suspendió lo poco que se había avanzado.
Parece un tema trillado, no lo es; la cancelación del aeropuerto internacional de la Ciudad de México marca un punto de caída en el desarrollo nacional, marcó una tendencia que se fue convirtiendo en desconfianza, primero local y luego internacional.
Y no lo es porque a la cancelación le siguieron los golpes a la democracia y al estado de derecho que aumentaron los temores de inversionistas nacionales y extranjeros, que en lo más alto del nearshoring desairaron las oportunidades que brindaba la frontera con Estados Unidos y las bondades del tratado comercial.
El obradorato no entiende el mundo; tiene frenado al país, sumido en la desconfianza tanto dentro como fuera; su proyecto no es actual, mucho menos de futuro.

