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Va al hospital tras un accidente y descubren un hueso de otra persona incrustado en su muslo

Publicado: octubre 14, 2026, 6:00 am

Un grave accidente de tráfico ha dado lugar a uno de esos casos médicos difíciles de imaginar. Una mujer de 28 años sufrió un accidente de motocicleta en Uganda y, dos semanas más tarde, acudió al hospital debido a una herida infectada en el muslo. Cuando los médicos comenzaron a estudiarla descubrieron algo extraordinario: alojado profundamente en su pierna había un fragmento de hueso de aproximadamente seis centímetros que no parecía pertenecer a su propio cuerpo.

El caso ha sido descrito en el Journal of Surgical Case Reports, publicación de Oxford University Press. Según explican sus autores, la paciente viajaba como pasajera en una motocicleta cuando se produjo una colisión con un vehículo. El conductor de la moto murió en el accidente, mientras que ella sufrió varias lesiones y una herida abierta en la parte superior del muslo izquierdo. Inicialmente recibió atención médica y posteriormente fue dada de alta.

Sin embargo, unos 14 días después del accidente la mujer regresó al hospital. La herida presentaba signos de infección, con secreción de pus, y los médicos decidieron realizar nuevas pruebas. Una radiografía reveló entonces la presencia de un objeto con apariencia ósea en los tejidos blandos del muslo. La tomografía computarizada permitió precisar sus dimensiones: se trataba de una estructura de aproximadamente 6 por 3 centímetros, situada cerca de importantes vasos sanguíneos de la zona.

Los huesos de la paciente estaban intactos

Lo que desconcertó especialmente al equipo médico fue que los huesos de la propia paciente estaban intactos. No había ninguna fractura que pudiera explicar de dónde procedía aquel fragmento. Durante la intervención quirúrgica, los médicos extrajeron de la herida un cuerpo extraño que identificaron macroscópicamente como tejido óseo. Debido a las circunstancias del accidente, los autores consideran que probablemente pertenecía a la persona fallecida que viajaba en la motocicleta.

Existe, no obstante, una importante cautela. Los investigadores no pudieron realizar una prueba genética que confirmara definitivamente el origen del hueso, por lo que no puede afirmarse con absoluta certeza que perteneciera al conductor fallecido. En el artículo científico, los médicos plantean esta explicación basándose en que la paciente no presentaba fracturas y en la dinámica del traumatismo. El caso sería, por tanto, un ejemplo extremadamente inusual de un cuerpo extraño biológico introducido en una herida durante un accidente de alta energía.

La presencia de materiales extraños dentro de una herida no es una cuestión menor. Pueden pasar inadvertidos durante la atención inicial y favorecer posteriormente complicaciones como infecciones, inflamación persistente o lesiones en estructuras cercanas. En este caso resultaba especialmente relevante la proximidad del fragmento a los vasos femorales. Los autores destacan por ello la importancia de explorar y obtener imágenes adecuadas de las heridas profundas producidas en traumatismos, sobre todo cuando existen signos posteriores de infección.

Tras localizar el fragmento, los médicos pudieron retirarlo quirúrgicamente y tratar la herida. Más allá de lo extraordinario del hallazgo, el caso deja una enseñanza clínica: después de accidentes graves pueden permanecer cuerpos extraños ocultos incluso cuando las lesiones óseas del paciente parecen descartadas. En esta ocasión, una infección dos semanas después del accidente terminó revelando algo que nadie esperaba encontrar: un fragmento de hueso que, según la principal hipótesis de los médicos, procedía de otra persona.

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