Unai Simón: «No me gusta que se me vincule al fútbol, no lo pondría en mi tarjeta» - Venezuela
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Unai Simón: «No me gusta que se me vincule al fútbol, no lo pondría en mi tarjeta»

Publicado: septiembre 24, 2026, 8:30 pm

El entrenamiento de la selección ha terminado pronto y en las instalaciones de la Federación Española de Fútbol en Las Rozas empiezan a cruzarse campeones del mundo por los pasillos y los ‘stands’ habilitados para entrevistas. Unai Simón (Murguía, Álava, 29 años) asoma con paso en calma y saluda afable. Es el portero que sostuvo a la selección en el Mundial y que solo recibió un gol en ocho partidos. Con la fase de clasificación para la Nations League a la vista y un atractivo duelo con Inglaterra en Wembley (sábado, 20:45), el guardameta del Athletic charla con ABC. Ha sido el verano de sus vidas, de las nuestras, de los aficionados, de gente que ni podían imaginar. ¿Lo siente así? Sí, en lo profesional, evidentemente. Ha sido un verano redondo. Es una competición en la que estás pensando durante toda la temporada y terminarla de esa manera la convierte en el mejor verano de mi vida. De todo lo bueno que vivió allí, ¿qué fue lo mejor? Muchas veces nos olvidamos y parece que solo importa ganar, pero el camino recorrido y disfrutar de los desplazamientos a Chattanooga, Los Ángeles o Dallas fue genial. A mí siempre me gustaba que, al terminar cada partido, el míster nos dejaba ir a cenar con los familiares y amigos que se habían desplazado. Ese momento con mi entorno y mi gente lo disfrutaba mucho. ¿A dónde iban o qué hacían? Siempre íbamos a cenar a algún restaurante italiano o a probar comida típica de allí. Sobre todo, me gustaba reunirme con ellos para no hablar de fútbol. Hablábamos de qué tal estaban en la ciudad, qué habían visitado y si les gustaba. Salir de ese entorno, de la presión y de todo lo que engloba el Mundial nos venía muy bien. Para mí fue fundamental. Eso nos pasa un poco a todos. Del trabajo apetece poco hablar. En su caso la saturación de fútbol es real… Sí, intento pensar muy poco en fútbol en mi día a día. En el Mundial intentaba hacerlo, aunque era imposible porque terminabas un partido y a los cuatro días tenías otro para el que debías analizar al rival. Lo último que quería con mi gente era hablar de fútbol. Salir de ese tornado de emociones en esos 50 y pico días era importante. Tener un entorno sano me ayuda muchísimo. ¿Hace que prevalezca la salud mental? Sí, es que pensar todo el día en fútbol es como estar todo el día pensando en el trabajo. En tu caso, estar pensando en qué entrevistas vas a hacer, qué vas a preguntar o cómo lo vas a redactar no es sano. Estar así un día o dos bueno, pero 50 días no lo es. Hay que buscar momentos de liberación para conectar con tu entorno. En eso Luis tocó una clave muy importante: entendió que el tema familiar y personal era fundamental para desconectar del fútbol, y todos se lo agradecemos. ¿Les aconsejó que estuvieran los familiares o cómo fue? No nos lo pidió, pero evidentemente todos queremos tener a nuestra gente cerca. Creo que ninguno de los 26 estaba allí solo; todos teníamos un amigo o un familiar. Durante la estancia en Chattanooga, en el primer partido contra Cabo Verde, estaban mi madre, mi hermano y mi cuñada. Los dos siguientes partidos no hubo nadie, pero luego, en Los Ángeles y en Dallas, empezaron a venir más amigos y familiares. Era cuando más presión tenía y me ayudó bastante tenerles allí. Un gol en un Mundial y 650 minutos sin recibir ninguno. Es una locura. Sí, no sé cuántos mundiales me van a quedar por ver , 10, 12, 14 o 16, pero creo que van a ser unas cifras muy difíciles de superar. La única manera de lograrlo es compaginando dos Mundiales como lo hice yo, porque en uno solo significaría llegar prácticamente hasta la final sin encajar un gol con el formato actual. Ahora mismo no me doy cuenta de ello, pero pasarán los Mundiales y ese récord se mantendrá. Evidentemente, es fruto del trabajo colectivo. Solo nos tiraron 11 veces a puerta en ocho partidos, lo que habla muy bien del grupo. Yo soy la imagen que aparece ahí, pero hay que poner en valor a todo el equipo. ¿No se ha cruzado, vuelto a hablar o algo con el belga que le metió el único gol? ¿De Ketelaere fue? De Ketelaere, sí. Nos enfrentamos en Champions contra ellos, en el Atalanta. Quería enfrentarme a él ahora en un amistoso que jugamos, pero estaba lesionado y no pude coincidir. Le iba a decir: «Me fastidiaste ahí». Pero creo que todo pasa por algo. Si en ese partido no nos hubiesen metido gol, no sé cómo habríamos salido contra Francia; igual habríamos ido más relajados. Saber que ya nos habían metido un gol nos hizo ir con las orejas tiesas, recordando que somos mortales. Cuando encajamos el gol, una parte de mí se alivió porque el récord ya se había acabado y pude centrarme solo en que no siguieran encajando. ¿Hasta dónde le desgasta que se cuestione siempre su titularidad con Luis de la Fuente? Es algo que he aprendido con el paso del tiempo: sé que siempre se va a cuestionar. A Casillas también se le cuestionaba en la época en la que Valdés estaba a un nivel espectacular con el Barça. Pasó en su momento con De Gea, con Kepa, conmigo, y en un futuro le pasará al portero que tenga la titularidad. Es algo con lo que tenemos que convivir. No te voy a decir que no lo veo, porque al final desgasta, merma claro que sí, pero intentas centrarte poco en ello. Lo que de verdad importa es conocer la realidad en la que vives y valorar también que hay otros dos porteros… Tienes aquí en la concentración a otros compañeros que se han quedado sin venir, que son unos porterazos de un nivel espectacular. Lo que te debe importar es la opinión del míster y de tus compañeros. Con esas tres claves, creo que puedes seguir creciendo y tener confianza en ti mismo. Lo que se escuche fuera, inevitablemente lo escuchas y merma, pero intentas llevarlo de la mejor manera posible, sabiendo que son cosas normales. ¿Si jugase en el Madrid o el Barça pasaría lo mismo? No. A ver, los «y si…» hay que cogerlos con pinzas porque no ocurren, pero hubiese pasado de la misma manera. Creo que siempre va a haber gente a la que le guste más Álex Remiro, David Raya o Joan García. Y habrá gente a la que le guste más yo y me intentará defender. Se genera una pequeña guerra mediática por los números y los datos, pero esa guerra no vale nada. Es el entrenador el que elige a quién poner y el que da confianza a todos, no solo al que juega, sino también a los dos del banquillo y a los que se han quedado sin venir. ¿Cómo cree que se comportaría si estuviese en la posición de Raya, Joan García o Remiro? Como te decía, todo esto hay que cogerlo con pinzas porque hay que estar en ese escenario para demostrarlo. Pero sería una falta de respeto por mi parte no actuar igual que ellos. He visto cómo se han portado David, Remi y Joan desde marzo y en la Eurocopa, entrenando a saco todos los días sabiendo que la posibilidad de jugar era muy pequeña. Lo más difícil para ellos son los postpartidos; no han jugado y tienen que hacer el entrenamiento compensatorio dando la cara a 40 grados. Tuve un compañero que siempre digo que es el mejor que he tenido: Antonio Sivera. Se comportó de mil maravillas conmigo en la sub-21 cuando él no jugaba tanto. Cuando tocó cambiar y jugó él, se siguió comportando igual de bien. Actuaba igual de suplente que de titular. Me demostró tanto que me dije: «Él se portó genial conmigo cuando yo era titular, ahora me toca hacer lo mismo». De todos modos, estas son palabras vacías; el día que ocurra tendré que demostrarlo. En una entrevista con ABC dijiste que te gustaba el barro, los días de lluvia, deslizarte por campos de tierra… Ahora es todo perfecto. ¿El fútbol se ha vuelto pijo? No, no se ha vuelto más pijo. Las condiciones actuales de los campos son para proteger a los jugadores. Yo disfrutaba mucho tirándome. Hace poco se suspendió un partido contra el Levante por una dana; nos pilló la tormenta durante el calentamiento. Yo sabía que se iba a suspender porque el balón no rodaba, pero no quería irme al vestuario, quería seguir ahí tirándome y resbalando porque me recordaba a mi infancia. Sin embargo, hoy en día, con tanta carga de partidos y tantos minutos acumulados, hay que poner todas las medidas posibles para proteger la salud de los futbolistas y que compitan al mejor nivel. Va más por ahí, no es que se haya vuelto pijo. También comentó que abandonó las redes sociales porque al principio de su carrera, cuando leía algo positivo, se creías el rey del mundo, y cuando veía algo negativo, pensaba que le iban a echar del Athletic. ¿Cómo se encuentra la paz mental? Ahora ya lidio con ello sin problemas. Después de nueve temporadas en el fútbol profesional, ya sé de qué va este negocio. Pero el primer año no lo sabía. Lo mejor que pude hacer fue tomar la decisión de dejar las redes y no interactuar con ellas. Hoy en día es difícil estar conectado al mundo actual sin redes porque no te enteras de lo que les pasa a tus amigos, pero prefiero dejarlas de lado y no recibir mensajes ni comentarios. Si alguien sufre por creerse Dios cuando hace todo bien y una mierda cuando lo hace mal, le recomendaría que las deje. Y si no lo consigue por sí mismo, que busque ayuda externa con un psicólogo deportivo. Hay que empezar a aceptar que la ayuda externa está bien. ¿No se siente raro ser futbolista sin tatuajes? No llevo ninguno. Le decía a mi madre y a mis amigos que si ganaba un título con el Athletic me tatuaría. Ganamos la Supercopa en 2021 y me dije: «Igual no, mejor si ganamos una Copa del Rey». Ganamos la Copa en 2024 y pensé: «Es que tatuarme un tocho de copa ahora…». Lo dejé pasar, se me pasó el calentón y me dije: «Si ganamos la Eurocopa o el Mundial, me tatúo». Al final no me he tatuado nada. Un tatuaje es para toda la vida y no sé si dentro de 30 años me arrepentiré. Mi madre me decía: «¿Para qué quieres tatuarte?». Yo le respondía: «Para recordar que he ganado un título siempre». Y ella me contestaba: «Pero si tienes mil fotos, tienes la réplica y lo tienes todo». Tiene razón. Además, creo que no tengo cuerpo para lucir tatuajes tampoco. No le gustan los tatuajes, sí el barro, dice no a las redes sociales… ¿Se le puede considerar un futbolista «vintage», a la antigua? Hay más gente de la que te piensas así. Yo qué sé. Al final el fútbol cambia, pero lo que engloba todo fuera de él creo que son modas. Que me haga un tatuaje o que no me lo haga no va a significar que pare más o que pare menos. Que me gustase más el barro es porque yo disfrutaba mucho con mis amigos desde pequeño en el campo que teníamos, pero sé que hoy en día no podemos tener esas condiciones, no favorecen al fútbol. Que no tenga redes sociales es por un tema de salud mental. Hay gente que si pudiese convivir con las redes las tendría, pero yo no sé convivir con ellas. Creo que va más por mi manera de ser que por otra cosa. Hay otros que saben lidiar con las redes, gente que prefiere jugar en campos de moqueta perfectos y gente a la que le gustan los tatuajes porque los consideran un arte. Hay opiniones para todo, pero eso no quita que el fin de semana seas mejor o peor jugador. Creo que en el aspecto social soy minoría. Es como hacer una comparación un poco rara, pero es como decir que hay una minoría de pelirrojos o de rubios en el fútbol, y eso no quita que sean mejores o peores. Son maneras de ser de cada uno. Yo respeto a la gente que tiene todos los extras, como digo yo; los que se compran coches grandes y todos los lujos. Respeto a todas esas personas porque cada uno hace lo que quiere. Es decir, ¿no es de los que se compra un cochazo? Yo tengo un coche y hasta que el motor no diga basta, ahí voy a seguir. Es un Renault Vel Satis, llevo ocho años con él. Y si sigo con él ocho más, mejor. Con que arranque y me lleve a entrenar a Lezama, suficiente. Gente de su generación que aún está estudiando, no tiene trabajo o un futuro realmente incierto. Se dice siempre que los futbolistas están en una burbuja. ¿Es consciente de lo que le rodea? Sí, hay una cosa de la que siempre voy a estar muy agradecido y es de no dejar de lado a mis amigos de la infancia. En Murguía, mi pueblo, tengo una cuadrilla; somos 25 en el grupo de WhatsApp. Somos todos de la generación del 97 (hay un par del 98 y otros del 95), pero estamos todos ahí. Seguir manteniendo esa relación y poder estar con ellos es algo que todos deberíamos mantener. Ellos han seguido haciendo sus vidas, nunca han querido aprovecharse de que eres futbolista diciendo «cómprame esto, lo otro o ayúdame con un coche». Siempre han querido hacer sus vidas, nunca han necesitado mi ayuda para nada. Ser consciente de su mundo es ver la realidad. Lo que nosotros vivimos aquí es un mundo de fantasía, de querer tenerlo todo a mano. Tener la experiencia de mis amigos, y también de mi novia, que es médica y veo cómo hace las guardias y lo explotadas que a veces parecen estar… Creo que vivir en ese mundo te hace valorar mucho más lo que tienes. Intentas no ser una persona que derroche ni gaste en cosas innecesarias. Intentas vivir bien, pero manteniendo un perfil medio-bajo que, como futbolista, sé que es difícil, pero como amigo de mi cuadrilla creo que es algo que ellos agradecen. Si tiene que hacerse un perfil o una tarjeta de visita, ¿qué pone en ella? ¿Portero, campeón del mundo, ciudadano…? Si tengo que hacer una tarjeta, pondría: Unai Simón, 29 años, nacido en Vitoria, vasco y deportista. No ligaría nada con el fútbol. No me gusta que se me vincule al fútbol y no me gustaría recibir un trato diferente al resto por ser futbolista o un personaje público en general. Por eso nunca intentaría poner una tarjeta de esas. De hecho, hay una experiencia que me pasó hace poco. Estaba con mi novia e íbamos a una tienda para ver unos muebles. Abría tarde, a las 5:00, y llegamos a las 4:45. Fuimos a tomar un café al bar de al lado. Entró mi novia y preguntó: «¿Me pones un par de cortados?». El camarero le dijo: «No, ¿pero no ves que estamos cerrando? Estamos recogiendo ya». No de malas maneras, pero diciendo que cerraban. En ese momento me vio entrar a mí por detrás y cambió: «¡Hostia! Sí, sí, venid, pasad, os ponemos dos cafés». Y dijimos: «Ah, ya no queremos. Para dos cortados no nos vamos a quedar». Y nos fuimos a otro bar. Que me quieran dar a mí un trato especial y a mi novia otro diferente me toca bastante las narices. No me gusta, nunca me ha gustado y no quiero eso. Por eso te diría que en la tarjeta de visita pondría muchos datos, pero intentaría evitar que pusiese algo de futbolista. Al final, todos somos personas.

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