Publicado: septiembre 29, 2026, 3:00 pm
Una extracción de sangre podría convertirse en una herramienta para conocer mejor las características particulares del cáncer de un paciente y, a partir de esa información, desarrollar inmunoterapias personalizadas capaces de dirigir al sistema inmunitario contra su tumor. Es la vía que abre una investigación liderada por el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO), en Barcelona, que ha conseguido identificar en la sangre tanto determinadas señales características de las células tumorales como células inmunitarias capaces de reconocerlas y atacarlas.
El estudio, publicado en la revista científica Cancer Discovery, de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR), se centra en los llamados neoantígenos tumorales. Para entender su importancia, podemos imaginarlos como señales que aparecen en las células cancerosas como consecuencia de las alteraciones genéticas del tumor y que pueden diferenciarlas de las células normales. Esas señales pueden ser reconocidas por determinadas células del sistema inmunitario y, por ello, constituyen objetivos especialmente interesantes para desarrollar tratamientos personalizados.
Hasta ahora, para buscar muchos de esos neoantígenos es necesario disponer de una muestra del propio tumor obtenida mediante una biopsia. El problema es que conseguir tejido tumoral no siempre resulta sencillo. Hay tumores difíciles de alcanzar y pacientes en los que una biopsia puede resultar especialmente compleja. La posibilidad de obtener información similar a partir de una muestra de sangre —lo que habitualmente se conoce como biopsia líquida— podría reducir algunos de esos obstáculos.
“Desde el punto de vista clínico, este estudio abre una vía prometedora para desarrollar inmunoterapias personalizadas a partir de una muestra de sangre”, explica Josep Tabernero, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron, director del VHIO y coautor de la investigación. El especialista destaca que poder identificar los neoantígenos sin tener que recurrir siempre a una biopsia sería especialmente interesante en pacientes “con tumores difíciles de biopsiar o con metástasis”.
La sangre, con información complementaria
Para comprobarlo, el equipo dirigido por la investigadora Alena Gros aisló y secuenció ADN tumoral circulante (ADNct) presente en muestras de sangre. Se trata de pequeños fragmentos de material genético procedentes de las células tumorales que pueden llegar al torrente sanguíneo. Los investigadores estudiaron inicialmente muestras de seis pacientes con melanoma y cánceres metastásicos de mama, cabeza y cuello y colorrectal, y compararon la información obtenida en la sangre con la proporcionada por el análisis convencional del tejido tumoral.
Los resultados mostraron que, en esos seis casos, el análisis del ADN tumoral circulante permitió identificar entre el 63,25 % y el 97,4 % de los neoantígenos que habían sido encontrados mediante el análisis estándar del tejido. Pero apareció además un resultado especialmente interesante: el análisis sanguíneo detectó neoantígenos que no se habían encontrado en la muestra de tejido. Esto sugiere que la sangre podría aportar información complementaria y ofrecer una visión más amplia de un cáncer que puede presentar diferencias entre distintas zonas tumorales.
La técnica, sin embargo, también tiene limitaciones. En otros dos pacientes —uno con cáncer de mama y otro de cabeza y cuello— no fue posible aislar suficiente ADN tumoral circulante porque sus tumores liberaban poca cantidad de ADN a la sangre. Los investigadores ampliaron posteriormente el análisis a 69 pacientes con distintos tumores sólidos metastásicos y pudieron detectar ADN tumoral circulante susceptible de utilizarse para identificar neoantígenos en 32 de ellos. Es un dato importante porque muestra que la estrategia no funciona de la misma manera en todos los pacientes y que todavía necesita más investigación.
Un procedimiento mucho más sencillo
El interés del trabajo no se limita a encontrar las características del tumor. Los investigadores analizaron también las células inmunitarias presentes en la sangre capaces de reconocer esos neoantígenos. La combinación de ambas informaciones resulta especialmente relevante para desarrollar inmunoterapias personalizadas: por un lado se identifica qué características específicas pueden distinguir al tumor y, por otro, qué células del propio sistema inmunitario tienen capacidad para reconocerlas.
La ventaja práctica de utilizar sangre resulta evidente. “Obtener una muestra de sangre es más fácil y rápido que obtener tejido tumoral”, señala Alena Gros, autora sénior del estudio. Según la investigadora, el método podría resultar especialmente útil para personas cuyos tumores sean inaccesibles o que no puedan someterse a una biopsia. También plantea la posibilidad de acortar determinados procesos al no depender necesariamente de la obtención previa de tejido tumoral.
Eso no significa que un análisis de sangre pueda ya sustituir de manera general a las biopsias convencionales ni que estas inmunoterapias estén disponibles para los pacientes a partir de una extracción sanguínea. La investigación demuestra la viabilidad de una estrategia y deberá validarse en estudios más amplios antes de determinar su aplicación clínica. Si futuros trabajos confirman su utilidad, la biopsia líquida podría convertirse en una herramienta para seleccionar objetivos tumorales y desarrollar tratamientos inmunológicos cada vez más personalizados y, al mismo tiempo, reducir la necesidad de algunos procedimientos invasivos.
El estudio se enmarca en el Programa Integral de Inmunoterapia e Inmunología del Cáncer del VHIO, financiado por la Fundación BBVA, y encaja en una de las grandes tendencias actuales de la investigación oncológica: no considerar únicamente dónde se encuentra un cáncer, sino estudiar sus características moleculares particulares y la respuesta inmunitaria de cada paciente para buscar tratamientos más específicos. Como resume Tabernero, si la estrategia confirma su utilidad, podría “ampliar las opciones terapéuticas y reducir la carga de los procedimientos invasivos”, con un posible impacto también sobre la calidad de vida de las personas con cáncer.
