Publicado: junio 6, 2026, 12:30 am
La vida en el Santuario Libertad, el enorme terreno que Frank Cuesta posee en Tailandia y donde mantiene, conserva y rescata animales, nunca es del todo tranquilo.
En su último directo estaba mostrando a través de las cámaras distintas partes del territorio cuando vieron una enorme pitón en una de las acequias de uno de los hábitats. Peligrando los animales más pequeños, él, su hijo Zape y la mujer de Cuesta, Paloma Ramón, fueron corriendo a por ella.
Una vez entre la foresta, Frank decidió que era una buena oportunidad para enseñar a su hijo Zape, de 22 años, cómo manejar una serpiente de ese tamaño y condición (no es venenosa).
«Sácala, coge la cola y sácala de ahí», le dice sobre la pitón, de unos dos metros aproximadamente. Zape la arrastra hasta una zona arenosa y ahí llegan nuevas instrucciones: «Ahora tienes que cogerle la cabeza, a ver si eres rápido».
«Pon el brazo, a ver si te muerde»; le dice Frank. «Por Dios, que es tu hijo», responde Paloma. Pero a Zape le parece una buena idea y para testear las reacciones del animal, prueba.
Finalmente le muerde en varias ocasiones, a pesar de lo cual Zape vuelve a poner el brazo, que ya está sangrando. «Eso es defensivo, no de ataque. Te vas a encontrar pitones de estas por todos lados. Si te estás quieto no te hace nada«, le explica su padre.
Luego Frank le muestra cómo cogerla a la primera, justo de la cabeza, para meterla en una bolsa. Zape lo hace a la segunda y consiguen sacar de ahí a la serpiente. De cerca de 20 kilos, tras lo que el joven muestra orgulloso su brazo ensangrentado.
«Te ha dejado bien el brazo… esto ha sido un tutorial gratis. Pues eso… buen padre», acaba por decir con su habitual humor negro el herpetólogo, poco antes de liberar la serpiente en terreno abierto.
