Publicado: julio 2, 2026, 11:30 pm
El doble terremoto que azotó con fuerza hace ya más de una semana a Venezuela ha sacado lo mejor y la parte más humana de su gente. Miles de personas se han volcado para ayudar de innumerables formas a un pueblo sumido en el dolor, donde se ya se contabilizan 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y un número todavía indeterminado de desaparecidos. Tras la catástrofe, los venezolanos se han organizado y han desarrollado decenas de iniciativas para tratar de aportar su granito de arena en esta catástrofe.
Los informáticos desarrollaron páginas webs para ubicar desaparecidos, los ingenieros realizan inspecciones gratuitas de edificios, los sastres y las costureras cosen ropa y cobijas para los que perdieron todo, los que trabajan con metal construyen literas y otros hacen bolsas mortuorias. Los padres y educadores hacen todo lo que pueden para sacarle una sonrisa a los niños en los parques y refugios, las madres donan leche materna, las monjas ofrecieron sus conventos para cuidar de los menores huérfanos, los veterinarios atienden gratuitamente a las mascotas, los sanitarios y voluntarios se dejan la piel tratando de salvar a las personas y todos donan alimentos o incluso los preparan con sus propias manos.
Alejandra González es una de esas tantas personas que reúne todos los días a sus amigos en su casa, ubicada en Caracas, para preparar comida para los afectados y los rescatistas. «En muchos de los lugares a donde llevan a las personas rescatadas no hay manera de cocinar. También ocurre que los insumos los reparten entre los afectados y los rescatistas se quedan sin comida después de haber pasado horas sacando a la gente que estaba bajo los escombros», relata en conversación con 20minutos y afirma que, aunque también ha ayudado con la donación de suministros y la distribución de alimento para mascotas, ahora se está centrando al 100% en entregar comida preparada.
«Comenzamos a hacer la comida tres personas y todo salía de nuestro bolsillo. Después se integraron más amigos y ahora tenemos un grupo de WhatsApp con 15 personas», continúa la joven antes de afirmar que aunque no todos pueden ir todos los días a cocinar a su casa sí aportan monetariamente para comprar los alimentos. «El lunes los rescatistas de Los Palos Grandes [una de las zonas más afectadas de Caracas] necesitaban 300 platos. Eran las 10 de la noche y todavía no habían comido. Les habían prometido comida que nunca llegó. Nosotros se la entregamos a medianoche», cuenta la venezolana, que también ha entregado platos preparados en San Bernardino y Quinta Crespo.
Alejandra también quiso ir a llevar comida este miércoles hasta La Guaira —la zona más afectada por los potentes seísmos— pero a pesar de que tramitó el permiso para acceder las autoridades no se lo permitieron. «No estaban dejando pasar, pero logré mandarla con otras personas. Al parecer dejan pasar en la madrugada antes de que salga el sol», relata y agrega que siempre trata de preparar al menos 100 comidas al día aunque falten manos. «La puerta de mi casa está abierta para el que quiera venir a cocinar», sostiene la joven. Y agrega: «Vemos que están dando muchos sándwiches y arepas. Eso está bien porque rinde pero la gente no se siente bien alimentada, por eso decidimos hacer arroz con pollo y pasta con carne. El lunes cuando llegamos y dijimos que traíamos pasta casi nos la arrancan de las manos«.
Sin embargo, cabe destacar que durante los primeros días después de los seísmos la solidaridad desbordó a las zonas más afectadas. «El segundo día salí con mis primos a repartir comida caliente y gracias a Dios todo el mundo hizo lo mismo. Pero, al final, la voluntad sin orden es caos. Y fue lo que pasó», afirma Juan García (nombre ficticio), quien recuerda que cada vez que le ofrecía comida a personas afectadas estas le decían que ya habían comido. «Todo el mundo estaba en la calle obstaculizando», agrega. A partir de entonces, decidió empezar a realizar las entregas con información verificada al momento «para poder ayudar y no estorbar».
Juan manifiesta que notó el mismo problema entre los voluntarios que se desplazaron a varias zonas de Caracas para recoger los escombros. «No son lo suficientemente organizados. No descansan, por lo que su trabajo disminuye. Y aún así no quieren ser relevados. Al final no ayudan, ciertamente estorban», critica este joven, que ha acudido a realizar estas labores en Los Palos Grandes y San Bernandino. Sin embargo, afirma que con el paso de los días la gente ha ido entendiendo cómo debía actuar. Y destaca que en San Bernandino, donde hay cientos de personas trabajando, «hay mucho orden y voluntad». Para él la clave de ello está en las personas que coordinan los esfuerzos: «Son líderes de primera».
La mirada puesta en los menores
Poco después de que llegaran los voluntarios a las zonas afectadas se crearon las primeras webs para reportar a los desaparecidos. Ante la cantidad niños que continúan bajo los escombros y las denuncias en redes sociales de menores rescatados a los que se les habría perdido el rastro, Jheniree Gomes y su esposo decidieron crear la plataforma Venezuela SOS – Niños del Terremoto con el fin de establecer un registro de los menores.
«Al principio no comprendía la magnitud de la situación, pero a medida que fui viendo las imágenes, testimonios e información sobre personas desaparecidas, especialmente niños atrapados o separados de sus familias, sentí una enorme preocupación. Como madre, la situación me afectó profundamente. Hablé con mi esposo y decidimos que, desde nuestros conocimientos y capacidades, debíamos intentar ayudar», dice antes de manifestar que una amiga y sus dos hijos de cinco y nueve años siguen desaparecidos después de que colapsara su edificio en La Guaira. «Continuamos aferrados a la esperanza de encontrarlos con vida».
A la iniciativa se unieron posteriormente sus excompañeros de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y actualmente son ocho las personas que trabajan de manera altruista por esta causa. Cuatro son informáticos y las otras cuatro, aunque no estudiaron nada relacionado con este campo, se dedican a buscar datos en redes sociales, a contactar con hospitales, refugios y centros de atención, a verificar información y a localizar listados para añadir a su base de datos. «Al inicio trabajábamos con un número reducido de hospitales. Ahora los hacemos con una red bastante más amplia en Caracas y La Guaira», expresa su compañero Marzio Romeo, quien destaca que también trabajan junto con la Fundación Bambi para registrar a los menores.
«La plataforma está diseñada para que cualquier persona pueda registrar información sobre un menor desaparecido, localizado o rescatado. El objetivo es centralizar los datos en un solo lugar para facilitar las búsquedas y los cruces de información», continúa Jheniree, quien añade que con los días han incorporado filtros de búsqueda y otras mejoras que le permiten a las personas acceder de manera sencilla a los registros. Marzio también destaca que la inteligencia artificial ha sido clave tanto para crear la página en sí como para hacer el reconocimiento de los datos y el import masivo de la información proveniente de los hospitales.
A pesar de eso, existe la posibilidad de que se produzcan duplicados, ya que los familiares pueden llegar a registrar en más de una ocasión a un niño. «Actualmente la plataforma cuenta con herramientas que detectan posibles coincidencias y muestran registros similares cuando se introduce nueva información. De esta manera, los usuarios pueden verificar si el menor ya se encuentra registrado antes de crear un nuevo expediente», manifiesta Jheniree. Y añade: «Aunque ningún sistema es perfecto, seguimos incorporando mejoras para minimizar estos casos y mantener la información lo más organizada posible».
«Cada vez que el estado de un niño pasa de desaparecido a encontrado nos llena de alegría«, comenta Marzio, quien también destaca que tiene otros amigos que han creado una página web para que las personas interesadas en donar puedan localizar centros de acopio oficiales distribuidos en todo el mundo. Aquí está el enlace. Otros han optado por crear plataformas como ‘Da una mano’ donde las personas que están en Venezuela pueden publicar lo que les hace falta y las que quieran pueden realizar las donaciones. Actualmente, lo que más hace falta son medicamentos.
También se han desarrollado varias páginas webs para encontrar a los desaparecidos adultos. Entre ellas destaca radarvenezuela.org, creada por Horacio Siciliano, que permite geolocalizar en un plano en 3D los edificios afectados por los terremotos y señalar con un pin el punto donde se encuentra la persona desaparecida. «Los rescatistas enfrentan un reto crítico: localizar los sitios afectados y las zonas de mayor impacto en medio de la emergencia. Facilitamos la ubicación de las estructuras afectadas para que el tiempo de los rescatistas se invierta en salvar vidas, no en buscar a dónde ir», señala Horacio y subraya que 50 personas que se encuentran en Venezuela y Europa ya trabajan en esta iniciativa.
Horacio explica que la plataforma se nutre de tres fuentes: registros subidos por los ciudadanos (desaparecidos y edificios), data de otras webs como venezuelatebusca.com y verificaciones hechas por su equipo en terreno. Además, indica que la página web detecta coincidencias por nombre, apellido y cédula de identidad con el fin de minimizar duplicados de datos. Es decir, no permite crear un nuevo registro cuando esos datos coinciden con los que ya existen en el sistema. A pesar de eso, el equipo realiza una revisión manual para casos de posibles coincidencias.
«Nuestro mapa permite visualizar dónde se necesita ayuda, el número de personas desaparecidas en el área y coordinar rescates con información confiable, porque en una crisis los datos incorrectos cuestan vidas«, afirma. Al acceder a la página web, las personas solo deben colocar el nombre de la zona afectada en el buscador. De inmediato, los trasladará hasta ella, en la que se observan los lugares donde se han reportado desparecidos. Al hacer click en un pin se desplegará la información de los afectados y la página enlazará con Google Maps para poder llegar directamente hasta el sitio. «Nuestra única misión es que ninguna víctima reportada quede invisible», sentencia.
