Publicado: junio 11, 2026, 10:30 am
El Mundial más grande de la historia no solo sirve para testar un llamativo aumento del formato, que llegará a más rincones del planeta que nunca. También pone en escena el último retoque normativo diseñado por la International Football Association Board (IFAB), que pretende cumplir con el deseo de la FIFA de penalizar las conductas racistas, agilizar el juego y dar más protagonismo al VAR para reducir al máximo las acciones injustas, aunque se trate de corregir aspectos más concretos del juego de los que hasta ahora se juzgan mediante el videoarbitraje. El polémico incidente entre Vinicius y Gianluca Prestianni durante el duelo del playoff de Champions entre el Benfica y el Real Madrid disputado en Lisboa, cuando el brasileño denunció un insulto racista por parte del argentino, que se habría dirigido al ‘7’ blanco con la boca tapada por su camiseta, llamándole «mono», ha provocado un llamativo cambio normativo, que implicaría la opción de mostrar tarjeta roja al autor de una conducta similar siempre y cuando se produzca en «una situación de confrontación». El matiz no resulta baladí, puesto que tal y como especificó Pierluigi Collina, prestigioso excolegiado italiano y presidente del Comité de Árbitros de la FIFA, la conversación puede seguir sin mayor problema en caso de que tenga un «carácter amistoso». «Cuando el contexto es de confrontación, taparse la boca significa que estás haciendo algo muy malo, posiblemente, y la sanción es la tarjeta roja», aclaró el transalpino al respecto de esta novedad reglamentaria en la que resulta fundamental la interpretación. Para dotar de fluidez al juego y evitar pérdidas de tiempo y sus consecuentes tiempos de añadido infinitos, en este campeonato norteamericano se establecen cuentas regresivas de cinco segundos a la hora de ejecutar saques de banda y de portería. Así, si el árbitro detecta de un jugador de campo o un guardameta está retrasando la puesta en juego del balón de forma deliberada, indicará al futbolista en cuestión, a través de una señal, que cuenta con ese plazo para llevar a cabo el saque. Si no lo cumple, se concederá el balón al equipo contrario, tanto de banda como desde la esquina. También se cronometrarán las sustituciones, otro contexto de juego muy propicio a las pérdidas de tiempo, que deslucen el espectáculo del fútbol y cortan el ritmo de los partidos. Una vez indicado el cambio a través de la tablilla luminosa o mediante el gesto indicativo del colegiado, el jugador cuenta con ese margen de tiempo para abandonar el terreno de juego. Si no lo cumple, también deberá salir del campo, pero su sustituto no podrá acceder al mismo hasta que se vuelva a detener el juego una vez transcurrido al menos un minuto. Este propósito de impedir interrupciones innecesarias también se traslada a las atenciones médicas a futbolistas lesionados. Por ello, el jugador que sea atendido sobre el propio césped por el fisioterapeuta o el médico, o que cause un parón del duelo por alguna dolencia, debe permanecer fuera del campo durante un minuto, plazo de tiempo que se establece desde la reanudación del partido. Una vez transcurridos los 60 segundos reglamentarios, podrá ingresar de nuevo en el rectángulo verde. Por último, el tercer pilar de este lavado de cara normativo afecta al uso del VAR. Se amplía el recurso del videoarbitraje para situaciones en las que hasta ahora no intervenía por protocolo, por lo que el árbitro de campo se podrá apoyar en este soporte tecnológico para corregir segundas amarillas que sean «claramente incorrectas» y que por tanto hayan implicado una expulsión injusta. El VAR podrá intervenir cuando se haya concedido un saque de esquina de forma incorrecta, aunque esta posibilidad se acota a situaciones en las que «se pueda hacer inmediatamente y sin retrasar la reanudación del partido». También para aclarar una confusión de identidad «cuando el árbitro sancione al jugador equivocado por una infracción que conlleve a amonestar con una tarjeta roja o amarilla».
