Publicado: abril 5, 2025, 6:30 am
Francia y Reino Unido han asumido el liderazgo de lo que han dado en llamar una «coalición de voluntarios» que está tratando de dar con la mejor vía para brindar a Ucrania las garantías de seguridad que reclama para no verse atacada nuevamente por Rusia en caso de un alto el fuego. Para ayudarles, un grupo de expertos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) han formulado tres opciones posibles, con sus pros y sus contras.
En primer lugar, los nueve expertos de este think-tank especializado en cuestiones de seguridad y defensa dejan claro que no se debe hablar en ningún caso de «‘fuerza de paz’, dado que una de sus funciones será responder a una potencial violación rusa de un acuerdo de alto el fuego«, y por tanto plantean como mejores opciones «fuerza de disuasión» o «fuerza de apaciguamiento».
La clave estará en el tamaño que tenga esta fuerza europea, toda vez que, advierten, debe ser «creíble» para el régimen de Vladimir Putin y los países que la integren deben estar dispuestos a «actuar de forma decisiva en caso de que se rompa el alto el fuego». En este sentido, advierten de que es más que probable que Rusia lleve a cabo «provocaciones para probar la disposición de la coalición a responder».
Asimismo, en su informe Una fuerza de apaciguamiento europea para Ucrania: opciones y desafíos, sostienen que además del despliegue de botas en el terreno para lograr una mayor disuasión, cualquier misión deberá contar con un componente aéreo y con un componente marítimo. Teniendo en cuenta estos parámetros, plantean tres opciones, desde una fuerza a pequeña escala, otra media y otra a gran escala.
Fuerza a pequeña escala
Esta fuerza estaría integrada por una brigada de unos 10.000 efectivos, respaldada por un componente aéreo limitado y un pequeño número de barcos en el mar Negro. El contingente, apoyado por artillería e ingenieros, «solo sería capaz de contrarrestar una amenaza terrestre rusa limitada al alto el fuego, o incursiones aéreas o marítimas a pequeña escala».
En este caso, el componente aéreo no sería capaz de plantar cara al potencial aéreo que Rusia podría reunir con rapidez y su papel estaría centrado principalmente en «policía aérea y reconocimiento, vigilancia e inteligencia (ISR)». Una «dispersión amplia» de los medios aéreos daría una mayor capacidad para patrullar cualquier línea de alto el fuego pero haría más complicado la concentración de fuerzas si hiciera falta responder rápidamente ante cualquier incidente lejos de su lugar de despliegue.
Además, contaría con una presencia naval limitada que los expertos consideran que podrían cubrir en gran medida los países del mar Negro -Bulgaria, Rumanía y Turquía-, aunque pudiera haber apoyo de otras armadas europeas, y también debería haber en el Mediterráneo oriental apoyo por parte de algún submarino encargado de recabar información de Inteligencia y disuadir cualquier «acoso naval» por parte de los buques rusos en tránsito.
Fuerza a media escala
En este caso, se requerirían unos 25.000 soldados, respaldados por artillería de largo alcance, helicópteros de ataque y combate y por vehículos aéreos no tripulados. Además, contaría con un componente aéreo y marítimo más amplio, por lo que sería capaz de responder a más de un ataque ruso de forma simultánea y también podría llevar a cabo operaciones de alta intensidad durante periodos de tiempo más amplios.
A priori, los países europeos no tendrían problemas en poder reunir las tropas necesarias pero si el despliegue se prolongara durante 36 meses, «mantener el componente aéreo sería muy complicado para las fuerzas europeas en ausencia de una contribución estadounidense, en particular en relación con los ‘enablers'», es decir, los elementos de apoyo.
Por lo que se refiere al componente naval, habría una mayor presencia de buques de combate en el mar Negro de las principales armadas europeas. A esto se sumaría, la presencia de un portaaviones en el Egeo para una mayor vigilancia y capacidad de ataque, si bien los expertos advierten de que esto «no sustituiría plenamente la capacidad de ataque de un portaaviones estadounidense».
Fuerza a gran escala
Aquí, los expertos plantean una fuerza de entre 60.000 y 100.000 soldados, con apoyo sustancial tanto aéreo como marítimo. «Mientras que los componentes aéreo y marítimo podría desplegarse rápidamente y podrían encabezar los elementos terrestres, reunir una fuerza terrestre» de este tamaño «llevaría más tiempo, por tanto demorando el que se lograra su pleno efecto».
En este caso, el despliegue de tropas se realizaría en toda Ucrania para poder hacer frente a «ataques simultáneos desde el norte, el noreste o el este». Como alternativa, podría concentrarse en el centro del país, plantean.
Los expertos del IISS advierten de que dadas las cifras que requeriría una fuerza de este tipo, «los países europeos serían incapaces de suministrar proyectiles de artillería de largo alcance, helicópteros, y brigadas ISR y de guerra electrónica suficientes, mientras que las brigadas de ingenieros tendrían que estirarse al máximo».
En lo que respecta al componente aéreo, la fuerza tendría que contar con «una capacidad de combate creíble para al menos equiparar los niveles de aviones de combate táctico desplegados por Rusia durante su invasión a gran escala» de Ucrania. También aquí, mantener los efectivos más allá de 36 meses sería todo un desafío para las fuerzas europeas si no hay una contribución estadounidense. Por lo que se refiere al componente naval, en este caso requeriría «el compromiso de todo el inventario de los portaaviones europeos al mismo tiempo», incluido el español Juan Carlos I, además de los grupos de apoyo.
Los autores del informe advierten de que en las dos últimas opciones de fuerza de disuasión, las fuerzas navales europeas no serían capaces de brindar plenamente las capacidades de defensa antimisiles navales, la infraestructura de mando y vigilancia, o capacidad para un ataque terrestre que sí puede brindar la Armada estadounidense.
Desafíos
Así las cosas, los expertos del IISS han llegado a la conclusión de que la primera opción sería la más factible si finalmente la ‘coalición de voluntarios’ se decide a desplegar una fuerza para garantizar un alto el fuego en Ucrania. En los otros dos casos, la capacidad estratégica europea no sería suficiente para desplegar una «respuesta rápida ante cualquier acuerdo».
«Los europeos podrían desplegar una fuerza de apaciguamiento pero sin el respaldo de Estados Unidos, se volvería progresivamente más difícil cuanto más grande fuera dicha fuerza», subrayan, incidiendo en que cuanto más largo sea el despliegue más probable es que se pongan de manifiesto problemas de capacidades y abastecimiento.
Además, un despliegue a largo plazo también podría plantear problemas a los países participantes en sus despliegues en otras misiones en Europa. En este caso, plantean que podría solucionarse con la participación de países como Canadá, que es miembro de la OTAN, o de aliados de Asia-Pacífico. No obstante, subrayan, el hecho de que participaran más países «podría complicar los acuerdos de mando y control y la logística, aunque su participación también tendría ventajas políticas».
En las tres opciones, podrían surgir complicaciones adicionales si los países que contribuyan deciden imponer «limitaciones nacionales sobre su participación», al tiempo que también serían necesarias «reglas de enfrentamiento entre todos los países contribuyentes, así como un acuerdo sobre los niveles aceptables de riesgo».