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Un espíritu de diálogo

Publicado: enero 25, 2026, 11:30 pm

La semana pasada se ha clausurado el Foro Económico Mundial de Davos que este año llevaba como título: Un espíritu de diálogo. Este título, cargado de buena intención, confronta con la cruda realidad de un entorno geopolítico cada vez más inestable, marcado por conflictos abiertos, el lanzamiento de una ONU paralela por parte de Trump y una creciente desconfianza entre los países.

La reunión por excelencia de las élites mundiales de las finanzas, la empresa y la política nos deja pistas de cómo funciona hoy el mundo: la economía global y los mercados se muestran muy fuertes. Esto nos indica que parecen haber aprendido a cancelar el ruido: tanto el geopolítico como el político centrándose exclusivamente en los datos.

Otro asunto tratado en Davos 2026 ha sido la salud mental. La científica Alice Evans ha destacado que los americanos y europeos de 20 años pasan ahora tanto tiempo solos como los hombres de 70 años. Dato alarmante que nos pone en el visor la pérdida de la empatía.

Exceso de ruido, ausencia de empatía… me traen a la mente esa «sociedad del cansancio» de la que nos habla el filósofo Byung-Chul Han. Nos sentimos cansados de un mundo trepidante y un contenido digital que al final no nos lleva a desarrollar nuestras capacidades y que no nos estimula verdaderamente. Necesitamos algo más.

Este fenómeno empezó con la pandemia, cuando nos dimos cuenta de que necesitábamos conectar con algo que fuera más vivo y profundo. Por este motivo les remito a un breve ensayo del mismo autor que bajo el título: Sobre Dios. Pensar con Simone Weil nos aporta algunas inspiraciones para vivir hoy con sentido.

En esta obra que requiere una lectura reposada se nos propone una transformación. Frente a un mundo dominado por la hiperactividad, el rendimiento y el consumo el dúo integrado por Han y Weil nos invita a redescubrir el vacío, el silencio, la atención y la trascendencia como formas de vida posibles y necesarias.

El «ruido» y la «pérdida de la empatía» de las que nos alerta Davos nos ponen en el visor la necesidad de cambio. En la reunión de la localidad Suiza salen a relucir las heridas contemporáneas: la saturación digital, el individualismo, la pérdida de sentido y el colapso espiritual. De estos males vienen todos los demás a gran escala como la amenaza de destrucción del orden económico global porque Estados Unidos ya no es predecible ni está sujeto a ningún principio fundamental de actuación.

Ante este colapso de la civilización occidental, necesitamos desarrollar un pensamiento crítico y mucha reflexión. Ambos solo surgen de la experiencia del silencio.

Escuchar y leer las múltiples entrevistas de estos días pasados en Davos dan la sensación de un desalineamiento global de los seres humanos. En nuestra sociedad líquida y nihilista se hace necesario reconciliar nuestros sentidos, volver a nosotros mismos. Este proceso se asemeja a la ordenación del caos.

Nada nuevo bajo el sol. No somos tan originales en Davos 2026. En el año 1942 el escritor austriaco Stefan Zweig escribió: El mundo de ayer. Memorias de un europeo, en ellas destaca en el párrafo que a continuación transcribo: «El verdadero rumbo de la vida está fijado desde dentro; por intrincado y absurdo que nos parezca nuestro camino y por más que se aleje de nuestros deseos, en definitiva, siempre nos lleva a nuestra invisible meta».

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