Publicado: junio 24, 2026, 10:00 am
La risa es una señal social universal que ayuda a conectar con los demás, pero hasta ahora se conocía poco sobre las regiones cerebrales responsables de producirla. Un nuevo estudio realizado por investigadores del University College de Londres y del Consejo Nacional de Investigación de Italia ha permitido identificar los circuitos que intervienen en las distintas formas de reír.
En una revisión publicada en la revista ‘Trends in Neurosciences’, los científicos analizaron informes médicos obtenidos durante procedimientos en los que se estimulaba eléctricamente el cerebro de pacientes despiertos. Estas intervenciones, realizadas antes de cirugías para tratar la epilepsia, permitieron observar cómo determinadas zonas cerebrales provocaban la risa de forma involuntaria.
Los autores distinguen dos tipos de risa. La primera es la espontánea, aquella que aparece de forma involuntaria y descontrolada. Según explica la investigadora Sophie Scott, del University College de Londres, puede estar relacionada con algunos trastornos convulsivos, enfermedades del estado de ánimo, el alzhéimer o la esquizofrenia.
La segunda es la risa voluntaria, la más habitual en las conversaciones cotidianas. Scott destaca que se trata de una risa extraordinariamente sincronizada entre las personas. «Si observas a la gente conversando, se reirán juntos al final de una frase y luego respirarán al unísono», señala. Además, este tipo de carcajada empieza y termina con gran rapidez, lo que evidencia un mayor control sobre ella.
Una red de sonrisas espontáneas
Para desentrañar los mecanismos implicados, el equipo recurrió a los informes obtenidos durante la estimulación cerebral prequirúrgica de pacientes con epilepsia. Los investigadores combinaron estos datos con otros estudios clínicos y experimentos en animales para proponer la existencia de dos redes neuronales diferenciadas. La red de la risa espontánea está formada por regiones relacionadas con el control motor y la regulación emocional y su activación se acompaña de euforia, alegría y una mejora del estado de ánimo.
Por el contrario, la red asociada a la risa voluntaria involucra áreas dedicadas al control motor de la sonrisa y la carcajada. Su estimulación provoca risa, pero sin que aparezcan emociones positivas asociadas. Los autores consideran que el circuito espontáneo es más antiguo desde el punto de vista evolutivo y que surgió durante los juegos bruscos entre animales, donde las vocalizaciones parecidas a la risa servían para evitar agresiones y reforzar los vínculos sociales.
La investigación también apunta a que la risa voluntaria comparte regiones cerebrales con el lenguaje, lo que respalda su papel en las conversaciones y en la comunicación con un propósito concreto. Para el investigador Fausto Caruana, estos hallazgos podrían convertirse en una especie de «piedra Rosetta» para comprender mejor la comunicación humana y el uso social de las vocalizaciones.
Además, los científicos destacan el potencial analgésico de las carcajadas. Diversos estudios ya habían mostrado que la risa puede actuar como un calmante natural, y la revisión identifica la corteza cingulada anterior, parte del circuito de la risa espontánea, como una región clave en los mecanismos cerebrales encargados de atenuar el dolor. Por ello, los investigadores quieren profundizar ahora en cómo estos circuitos participan en ese efecto beneficioso.
