Publicado: mayo 9, 2026, 4:30 am
Es el día de Europa. Cada 9 de mayo la Unión Europea repasa qué es de ella, qué cambios ha experimentado y cuál es su lugar en el mundo. Ahora no iba a ser menos, en un 2026 marcado por la convulsión global. El bloque comunitario celebra su aniversario en un momento clave, de nuevo, de su historia reciente después de la pandemia, la crisis energética por la guerra en Ucrania… y ahora una reformulación de las alianzas internacionales, sobre todo con el foco puesto en Donald Trump. Parece que la Unión ha entrado en un círculo vicioso.
¿Qué ha aprendido la UE en este último año? Nueve lecciones por el 9 de mayo.
Estados Unidos ya no es un aliado
Estados Unidos puede seguir siendo un socio para la UE, pero ya no es un aliado: así lo ven muchas voces en Bruselas, con un acuerdo comercial que los más críticos consideran una rendición y con constantes desplantes de Donald Trump a los europeos. Los aranceles, el órdago sobre Groenlandia o la guerra en Irán han puesto a la Unión en el foco de la ira de la Casa Blanca en muchas ocasiones, y la Administración Trump sigue amenazando con ‘atacar’ Europa de una u otra manera. El vínculo trasatlántico pasa por su peor momento histórico y como explicó el expresidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker en una entrevista con 20minutos «lo único previsible de Trump es que es imprevisible».
Las prioridades han cambiado
Por eso las prioridades de la UE han cambiado. La defensa y la competitividad son los pilares fundamentales, pero en estos últimos meses el bloque comunitario se ha empeñado en erigirse como el socio comercial más fiable. Por eso ha firmado tras 25 años de negociaciones el acuerdo con el Mercosur, que eso sí sigue marcado por las críticas y ya ha entrado en vigor pero de manera provisional -a la espera del TJUE-. También rubricó «la madre de todos los acuerdos» con la India y está reforzando los contactos tanto con Canadá como con el Reino Unido para defender, repiten los altos cargos, «el orden internacional basado en normas».
Más división ideológica, más debate
El Parlamento Europeo, por su parte, afronta momentos de mucha división; eso tiene su parte negativa, y es que la toma de decisiones se vuelve más tediosa, pero también un lado muy positivo: se fomenta el debate y los grandes acuerdos, que es la base de la UE. Temas como la transición ecológica o la simplificación son símbolos de la disparidad de ideas entre quienes quiere reducir la carga de la Unión y usar más el pragmatismo y quienes ven a los primeros como voces que buscan ‘desmantelar’ en cierto modo la regulación con la que se ha construido a lo largo de la historia el mercado único.
Ucrania sigue siendo un tema clave
La invasión rusa de Ucrania se alarga pero la UE ha conseguido en los últimos meses otro hito de apoyo a Kiev con el desbloqueo -tras dos meses- del préstamo de 90.000 millones de euros en dos años a través de deuda común. Esa deuda común podría repetirse en otras áreas pero de momento se ha replicado, como en la pandemia, para sostener el respaldo al Gobierno de Zelenski con fondos destinados fundamentalmente a material militar de producción europea. Además, la Comisión ha pedido celeridad a los Estados miembros para abrir las negociaciones de adhesión del país al bloque mientras Kiev reclama una fecha concreta de entrada.
Orbán no era invencible
Ese acelerón con Ucrania vino a raíz de la derrota de Viktor Orbán en Hungría y el adiós al lastre de la UE en los últimos tiempos. Tras 16 años en el poder, Orbán ha dejado paso a Peter Magyar, más constructivo y de mejor tono con Bruselas. En la Unión ven en este cambio una buena oportunidad para acelerar en la integración y en la toma de decisiones de calado e incluso Ursula von der Leyen ha puesto sobre la mesa la opción de eliminar la unanimidad para algunos temas clave con el objetivo de evitar en el futuro vetos eternos como al que se agarraba Budapest.
De crisis en crisis, y tiro porque me toca
La UE se ha acostumbrado a vivir en crisis permanentes y a ellas se une un mal momento para el ‘motor’ del proyecto europeo: Francia y Alemania están en horas bajas. En un lado, Emmanuel Macron sigue sin encontrar el apoyo ciudadano, no seguirá en el poder tras 2027 y se ha erigido como ‘salvador’ por ejemplo de la nueva era nuclear europea mientras continúa sin reemplazo en casa para su espacio ideológico. El Gobierno de Merz por su parte mete la tijera para estabilizar su industria y a nivel comunitario opta por un mensaje de desregulación que corre el riesgo de convertirse en un motivo de choque con otros socios como España.
La ampliación hay que tomársela ya en serio
Mientras, la UE piensa cada vez más en serio en su ampliación. Los años 2027 y 2028 van a ser claves y el alumno más aventajado es Montenegro, cuyo Tratado de adhesión ya ha empezado a redactarse. El otro caso es Islandia, y tiene una peculiaridad: el país nórdico solicitó su ingreso en la UE en julio de 2009 y las negociaciones de adhesión entre la Unión e Islandia comenzaron en julio de 2010. A petición del Gobierno islandés, esas conversaciones se paralizaron en 2013 y en 2015 el país decidió dejar de ser candidato. Ahora el 29 de agosto de este año está convocado un referéndum para que se vote la vuelta a esa negociación y a ese estatus y en Bruselas asumen que una vez que regrese a la ‘carrera’ ya tendrá mucho camino ganado en términos de cumplir con las condiciones de adhesión (el llamado acervo comunitario).
España, una potencia media dentro de la UE
En todo ese escenario España sigue siendo una potencia media dentro de la Unión: el Gobierno se ha agenciado la bandera de la lucha por Palestina, denunciando el doble rasero con Israel y Rusia y reclamando una política migratoria solidaria que contrasta con la tendencia general (liderada por Italia y marcada por un control de fronteras más duro). Además, ya no se lideran tantos debates como en el pasado, con las soluciones energéticas por ejemplo. En defensa España tiene menos que decir y los choques con Trump no han supuesto un espaldarazo como tal en Bruselas.
