Publicado: abril 5, 2025, 3:30 am
Al grito de “el mundo nos roba”, con datos manipulados y a veces delirantes, y sin pasar por el Congreso, el presidente de Estados Unidos ha levantado un muro arancelario y, a la vez, se ha puesto en guerra económica con el resto del mundo. Gesticula al borde del abismo… y puede llevar también a su país a caer.
Prácticamente no hay lugar del planeta que no se vea afectado por la decisión unilateral de Donald Trump, que solo deja a salvo a Rusia, con la excusa de que tiene bastante con las sanciones –Ucrania también tiene lo suyo con la guerra, pero no se ha librado de una cuota arancelaria del 10%-.
El día de la liberación trumpista, convertido en el de la la imposición, inflación o confusión, siembra muchas incógnitas pero también dos certezas: la primera, que el presidente iba en serio con su propósito de volver al proteccionismo aunque se le vuelva en contra; la segunda, que solo la unión hará la fuerza ante el nuevo orden –o desorden- mundial. Y por eso la cohesión de la Unión Europea y las alianzas que pueda establecer con el resto de los países de América y del mundo van a ser cruciales para resistir el envite.
De momento, estas son algunas de las conclusiones que cabe extraer de la patada al tablero que ha dado Trump:
La apuesta por los aranceles frente a los principios básicos del libre comercio retrotrae a un modelo ya experimentado que actúa como freno para la competencia y también para la innovación, y aumenta la inflación.
Las razones profundas, aunque expresadas al estilo populista de Trump, parecen responder a una lógica economicista… pero enormemente arriesgada, si no suicida. José Antonio Gurpegui, en dialogoatlantico.com recuerda que la deuda exterior de Estados Unidos supera los 31 billones de dólares, lo que supone pagar unos intereses en torno a los 2.500 millones de dólares al día. Con su medida, Trump busca en teoría reactivar la industria interior y crear empleo. Otra cosa es que en la práctica los estadounidenses sufran el efecto “tiro en el pie” por la subida de la inflación debido al incremento de costes de los productos más variados, desde el café de Colombia a los automóviles de China.
Una recesión global es un escenario probable y preocupante, aunque hay que confiar en que no seguro. El desplome de las bolsas que siguió al anuncio presidencial, y que provocó pérdidas millonarias a varios aliados de Trump, augura una recesión. El temor a una caída de la economía afecta al precio del petróleo, hunde al dólar y fortalece al euro. Todo son contradicciones, incluyendo las dudas sobre los efectos que la medida puede causar en China, principal objeto de las iras del presidente. Pekín anuncia una nueva área comercial en el Pacífico pero la Organización Mundial del Comercio vaticina una contracción de un 1% para este años.
Gobierno y PP coinciden en el diagnóstico. El presidente Sánchez anunció en su comparecencia de urgencia del jueves un escudo antiaranceles, pero la falta de presupuestos y la situación excepcional le aconsejan, esta vez sí, que cuente con el PP. El líder popular, Alberto Núñez Feijóo, reclamó información y coordinación y denunció la incoherencia de Vox. Pedro Sánchez ha rescatado el lema de las grandes y dramáticas ocasiones – “Saldremos más fuertes”- pero parece más práctico establecer la línea de trabajo con las comunidades y con el Partido Popular y, por supuesto, con la Unión Europea.
Clave en esta crisis, la Unión Europea muestra firmeza y flexibilidad. La Comisión ha pedido negociar cuánto antes con la Administración estadounidense. Von der Leyen ha dejado claro que, por el momento, se busca mantener los puentes abiertos en lugar de abrir una guerra comercial en la que todo el mundo saldría perdiendo. El mundo se prepara para intercambiar productos de otra manera y todavía hay muchos capítulos por escribir.
Donald Trump ha mostrado el abismo al resto del mundo. Y, aunque él parece disfrutar como rey de la confusión, podría verse arrastrado al precipicio que él ha abierto para los demás.