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Trump afronta unas 'midterms' decisivas bajo amenaza de un nuevo 'impeachment': «Perder el Congreso lo cambiaría todo»

Publicado: noviembre 3, 2026, 2:30 am

Las elecciones de mitad de mandato —las llamadas midterms— en Estados Unidos condicionarán, en gran medida, el futuro de la presidencia de Donald Trump al frente del país. El martes 3 de noviembre los estadounidenses acudirán a las urnas para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 asientos del Senado. Los comicios, que se celebran cada cuatro años y llegan en el ecuador del mandato de los presidentes, medirán el respaldo de los estadounidenses al republicano, con sus índices de popularidad bajo mínimos —al 31%, mínimo histórico para Reuters/Ipsos— y con una creciente preocupación ciudadana por el incremento del coste de la vida que ya se deja notar en el país norteamericano.

A la victoria de Trump en las elecciones de 2024 le acompañaron sendas victorias republicanas en ambas cámaras del Congreso estadounidense —53 de 100 senadores y 218 representantes—. Dos mayorías ajustadas, apenas por cuatro asientos, que han permitido a la Casa Blanca imponer su agenda legislativa con gran facilidad durante dos años. Ahora, eso podría cambiar drásticamente. «Perder las dos cámaras o incluso una lo cambiaría todo. Los nombramientos del Supremo, la legislación, el presupuesto… todo pasa por ambas cámaras, y sin ellas, ya no existe ese cheque en blanco que facilita la aprobación de muchas iniciativas», explica a 20minutos Adam Dubin, profesor de la Universidad Pontificia Comillas.

Una derrota en las elecciones, además, abriría la puerta para que ambas Cámara escudriñasen las acciones del presidente y su entorno. «El gran poder de los demócratas si recuperan las dos cámaras sería la posibilidad de comenzar investigaciones, no solo a Trump, sino a su familia y colaboradores como Elon Musk, por todos los indicios de corrupción que se han visto estos años», sostiene Dubin.

En el horizonte cercano, la posibilidad de que los demócratas, fortalecidos con una hipotética mayoría, planteen un nuevo impeachment contra Donald Trump. El presidente estadounidense ya ha afrontado dos de los cuatro procesos de destitución de la historia de EEUU: el primero en 2019 —acusado de abuso de poder y obstrucción al Congreso— y el segundo en 2021 —por incitación a la insurrección en el asalto al Capitolio de ese año—. En ambas ocasiones fue absuelto por el Senado, que no alcanzó la mayoría para condenarlo. La gran incógnita del panorama político tras las midterms será si los demócratas lograrán las mayorías que les permitan plantear —y quizá ejecutar— un nuevo impeachment, o si optarían por una estrategia de bloqueo legislativo de cara a los dos últimos años de Trump en la Casa Blanca.

«El gran poder de los demócratas si recuperan las dos cámaras sería la posibilidad de comenzar investigaciones, no solo a Trump, sino a su familia y colaboradores como Elon Musk, por todos los indicios de corrupción que se han visto estos años»

¿Habrá un tercer impeachment contra Trump?

El impeachment es un mecanismo previsto en la Constitución estadounidense para destituir a un presidente acusado de traición, soborno u otros delitos graves. El proceso comienza con una investigación y con el visto bueno por mayoría simple de la Cámara de Representantes. Después, el Senado inicia su tramitación en un juicio político en el que se necesitan dos tercios de los votos de los senadores presentes para condenar y destituir al presidente —67 de 100 senadores—.

Los expertos ven complicado, a tenor de las encuestas, que aunque los demócratas recuperasen ambas cámaras, lo hicieran con mayoría suficiente para aprobar un impeachment, aunque sí podrían tramitarlo con mayoría simple en la Cámara de Representantes. Sin embargo, no existe consenso sobre si optaran por ello o no. «Lo veo muy posible, porque hay varias cosas que se podrían investigar, como el asunto de las criptomonedas —la plataforma familiar lanzada por la familia Trump con la participación del propio presidente—, todo lo de Epstein, antiguas acusaciones de agresión sexual, o incluso examinar si se está utilizando el FBI o el Departamento de Justicia de forma contraria a la Constitución», opina Dubin.

En la misma línea, Armando Jiménez San Vicente, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), explica a este medio que ve «probable» que los demócratas impulsen un impeachment si logran una nueva mayoría. «Estoy convencido de que lo iniciarán si tienen mayoría, pero su aprobación es díficil, aunque no imposible». Por otra parte, Pedro Francisco Ramos, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Internacional de Valencia (VIU), no lo ve tan claro. «Creo que un impeachment ahora no tiene tanto sentido como en otros momentos, porque a Trump solo le quedan dos años de mandato, y los demócratas no tienen tanta premura como antes. Además, han aprendido de los dos fracasos anteriores que luchar por esa vía no es lo mejor contra Trump, que convierte estos juicios en un refuerzo de su liderazgo frente a los demócratas», apunta en conversación con este periódico.

«Los demócratas, a dos años de unas nuevas elecciones, deberán decidir si quieren llevarlo a cabo, si les puede perjudicar por la polarización, o si puede darles rédito al actuar contra lo que interpretan como abusos de poder de la Casa Blanca en los dos últimos años. Fundamentos jurídicos hay para ello, y una investigación deberá probarlo«, sostiene Dubin. «Además, es una gran preocupación de los republicanos, ya que la percepción pública de que Donald Trump abusa de su poder es cada vez mayor, y el impeachment permitiría a los demócratas investigarlo y mostrar las pruebas al público», añade.

«Trump ha demostrado ser un verdadero superviviente, e incluso en situaciones como unas elecciones o un impeachment, él las ve como oportunidades para demostrar que sigue movilizando al electorado»

Se inicie o no, las probabilidades de éxito de un impeachment son limitadas: su efecto más probable sería someter a Trump a investigaciones y a un juicio político sin grandes expectativas de una destitución. Para aprobarlo, la mayoría de dos tercios en el Senado precisaría de una amplia mayoría demócrata o que varios senadores republicanos «cruzaran el pasillo» —esto es, en argot político estadounidense, romper la disciplina de voto y apoyar la destitución de su propio presidente—. Algunos republicanos podrían planteárselo como una opción para apartar a un presidente impopular y llegar a las urnas en 2028 con un liderazgo renovado, aunque los expertos no lo ven probable. «La figura de Trump es impopular, pero el ‘trumpismo’ y el movimiento MAGA —Make America Great Again— han construido una base muy sólida, y desmarcarse de él implica perder el apoyo de esa base electoral. Los republicanos saben que, al defender a Trump, refuerzan al Partido», explica Ramos.

Trump, además, ha planteado los comicios como un plebiscito sobre su propia figura, vinculándose a varios candidatos estatales. En gran medida, los comicios medirán su capacidad de movilizar votos frente a su gestión al frente del país, con la inflación y las guerras de Irán y Ucrania en el foco de la opinión pública. «Trump ha demostrado ser un verdadero superviviente, e incluso en situaciones como unas elecciones o un impeachment, él las ve como oportunidades para demostrar que sigue movilizando al electorado», sostiene Jiménez San Vicente. «En caso de impeachment, Trump se presentará como una víctima del sistema, como hace todo populista, y eso puede movilizar y disparar apoyos. El Partido Republicano sabe que, hoy por hoy, no puede prescindir de ese populismo», añade Ramos.

Un Congreso hostil y dos años de bloqueo institucional

Más allá de un eventual impeachment, las encuestas y los precedentes históricos anticipan un «voto de castigo» contra Trump que costará a los republicanos el control de, al menos, una de las dos cámaras del Congreso. «Tradicionalmente, las midterms castigan al partido del Gobierno, y en muy pocas ocasiones —solo ha ocurrido en tres ocasiones en la Cámara y seis en el Senado desde la 2ª Guerra Mundial— no se ha producido ese voto de castigo, que también se explica en una mayor movilización de los votantes contrarios al Gobierno», destaca Ramos.

En Estados Unidos, las leyes federales deben ser aprobadas tanto por la Cámara de Representantes como por el Senado antes de ser remitidas al presidente, que puede firmarlas o vetarlas. De esta forma, bastaría con que los demócratas recuperasen una de las cámaras para bloquear buena parte de sus iniciativas legislativas, mientras que el control del Senado también les permitiría obstaculizar los nombramientos judiciales y gubernamentales.

«Si finalmente pierde ambas Cámaras —no está tan claro que los republicanos pierdan el Senado, pero sí la Cámara—, Trump no podrá llevar a cabo su agenda doméstica. Necesitaría para ello apoyo de los demócratas, algo imposible hoy por hoy dada la polarización política extrema y la homogeneización de ambos partidos bajo el liderazgo de sus cúpulas. Con perder la Cámara, Trump ya lo tendría difícil para aprobar presupuestos. Pero si pierde también el Senado, veremos a un Trump mucho más a la defensiva, más enrocado, más populista y más extremista en los dos últimos años de su mandato», sostiene Ramos.

«Si pierde Cámara y Senado, veremos a un Trump mucho más a la defensiva, más enrocado, más populista y más extremista en los dos últimos años de su mandato»

«Vamos a ver a un Trump 3.0 que todavía no hemos visto, más decidido y más fuerte», aventura Jiménez San Vicente. Ante las limitaciones que un Congreso demócrata podría imponerle en política interior, los expertos creen que el presidente se volcará en su agenda más internacional. «Trump buscará legitimarse dejando lo que él considera su legado, la política exterior y la política económica internacional«, sostiene el analista de la UFV. Sin embargo, las dos cámaras del Congreso también podrían limitar esas iniciativas. «Hemos visto que Trump se mueve con mucha libertad en política exterior, incluso atacando a Irán, pero operaciones de gran envergadura necesitan un respaldo del Congreso en materia política y presupuestaria», añade Ramos.

Una Cámara de Representantes y un Senado demócratas podrían condicionar el final del mandato de Trump, pero la Casa Blanca podría ejercer un veto cruzado contra las iniciativas de las nuevas mayorías demócratas. «Creo que los demócratas intentarán presentarse como el partido que busca ayudar a las clases medias y trabajadoras impulsando medidas para bajar los precios, con propuestas centradas en viviendas y derechos socioeconómicos frente a la reforma fiscal de Trump que ha beneficiado a las clases más ricas. Y es posible que Trump utilice su veto presidencial para impedirlo», explica Adam Dubin.

«Creo que van a ser dos años difíciles en los que los demócratas busquen acorralar a Trump, y no veo que de ese conflicto vaya a salir una legislación de impacto. Veremos a un Trump que pase dos años echando gasolina a la polarización, posteando en X barbaridades y mucha desinformación contra los demócratas, que a su vez impulsarán investigaciones contra él y un bloqueo legislativo», remacha el docente de Comillas.

«Trump buscará legitimarse dejando lo que él considera su legado, la política exterior y la política económica internacional»

A las puertas del ‘trumpismo’ después de Trump

Las midterms también marcarán un cambio de ritmo en la batalla por la sucesión de Trump dentro del Partido Republicano, ya que el presidente no podrá volver a presentarse en 2028. «Si los republicanos pierden por mucho margen, creo que vamos a ver bastantes cambios en el partido», considera Dubin, que apunta a un posible distanciamiento de algunos dirigentes y a un reposicionamiento hacia el centroderecha. «Cuando haya otro candidato a la Presidencia, muchos intereses se realinearán», coincide Jiménez San Vicente.

Entre los posibles sucesores destacan el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Ramos advierte de que la política exterior podría condicionar las aspiraciones de este último: «Es el secretario de Estado y, si no tiene éxitos, le puede perjudicar de cara a la sucesión». Vance, en cambio, estaría menos expuesto a ese desgaste.

El desafío para los republicanos será mantener la coalición electoral de distintos grupos sociales e ideológicos que Trump consiguió agrupar en torno a su figura para volver a la Casa Blanca. Las elecciones del 3 de noviembre no solo medirán cuánto poder conserva el presidente durante sus últimos dos años de mandato, sino que podrían marcar el comienzo de una nueva batalla por el liderazgo republicano. La gran incógnita es si el ‘trumpismo’ podrá sobrevivir políticamente a Trump o si su salida de la Casa Blanca supondrá también el principio del fin del movimiento MAGA construido por el magnate neoyorquino en la última década.

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