Publicado: julio 8, 2026, 4:00 am
Esta semana, tenemos frente a nosotros el vaso medio vacío y el vaso medio lleno. Toyota dejará Tijuana y toma rumbo a San Antonio, Texas. Nubank confirma inversiones de 4,200 millones de dólares en México. ¿Cómo interpretar estas dos noticias?
Desde el año pasado, empezamos a ver una nueva tendencia en la inversión extranjera directa que llega a México. El sector financiero se convirtió en el principal generador-receptor de IED. La industria automotriz ha perdido el primer lugar y algo de dinamismo.
No necesitamos darle muchas vueltas para entender por qué el sector financiero mexicano es atractivo para los capitales internacionales. El mercado está subatendido, como queda claro con las cifras de inclusión y uso de servicios financieros. Las ganancias de los grupos que apostaron por México son altísimas. Esto incluye a los españoles, estadounidenses, canadienses, británicos y mexicanos. Hay una nueva ola de jugadores, la mayoría intensivos en tecnología, que están empezando a retar con éxito al establishment. Nu es uno de los mejores exponentes; además, están Mercado Pago, Plata, Klar y Clip, entre otras.
Lo de Toyota ocurre unos días después del aviso de Estados Unidos de no renovación del T-MEC y podemos preguntarnos si hay alguna relación entre ambas noticias. Lo cierto es que se trata de una inversión de 3,600 millones de dólares que lleva mucho tiempo cocinándose, en un contexto de reconfiguración de la industria automotriz a escala global.
Es nearshoring vs. reshoring. Lo del nearshoring alcanzó su momento cumbre con Joe Biden y abrió una oportunidad que aprovechamos solo parcialmente. Con Donald Trump se trabaja para el reshoring, la reubicación de fábricas en territorio estadounidense. A él no le gusta que algunas empresas de automóviles decidan que el mejor lugar para invertir es México y desde aquí exportar a Estados Unidos. Quiere que esas inversiones se queden en Estados Unidos o paguen tarifas si quieren acceder a su mercado.
Cuando Trump dice que los aranceles sí están funcionando para atraer inversiones como la de Toyota tiene algo de razón. Las empresas están volviendo a hacer sus cuentas y, en algunos casos, reconsideran las decisiones que habían hecho. No se pueden llevar todas las plantas “viejas”, pero sí pueden quedarse con la “tajada del león” cuando se trata de nuevas inversiones.
Los aranceles son el garrote, pero hay zanahorias. Hay un crédito de 3.75% sobre el valor de la venta por cada vehículo ensamblado en Estados Unidos que va directamente a las armadoras. La ciudad de San Antonio ofreció incentivos de 303 millones de dólares a Toyota, que incluyen el no pago de algunos impuestos locales, construcción de infraestructura y becas. La empresa se obliga a pagar salarios de 32.4 dólares por hora a los trabajadores de la planta.
La mudanza de Baja California a Texas durará cuatro años y Toyota mantendrá una planta en Guanajuato. No se va de México, pero su reorganización en América del Norte implica una apuesta gigante por Estados Unidos y, al parecer, una menor presencia industrial en México. La compañía japonesa anunció el año pasado un plan para invertir 10 mil millones de dólares adicionales en Estados Unidos en los próximos cinco años. En este año, comenzará a operar su primera planta de baterías en Carolina del Norte, en donde invirtió 14 mil millones de dólares desde el 2021. En marcha está una inversión de 800 millones de dólares en Kentucky para producir la RAV4 híbrida y 200 millones de dólares para expandir la producción de la Highlander en Indiana.
¿Qué podemos hacer en México? No podemos quedarnos con los brazos cruzados ni autoengañarnos. El riesgo es real. Un millón de empleos y una quinta parte del PIB industrial está relacionado con la producción de vehículos y autopartes. Los retos son múltiples: renegociación del capítulo automotriz del T-MEC; generación de la energía que esta industria necesita; revisar la política tributaria y eliminar trámites innecesarios; desarrollar paquetes de incentivos que sean competitivos. Nosotros seguimos hablando de nearshoring, pero Trump quiere el reshoring. ¿Creen que le importa la competitividad de América del Norte?
