Publicado: mayo 29, 2026, 7:00 am
Te compras un coche y, de repente, empiezas a verlo en todas partes. Descubres una palabra nueva y parece que todo el mundo la repite. Entras unos días seguidos a vídeos de recetas y tu algoritmo en redes se llena de cocina. Aunque parezca casualidad, no lo es. El cerebro selecciona constantemente aquello a lo que presta atención y deja en segundo plano todo lo demás. El problema, según explica Sonia Díaz Rois, coach, es que ese filtro mental puede acabar convirtiéndose en una especie de burbuja donde solo se ve información que confirma lo que ya se piensa. Y si además se mezcla con los algoritmos de las redes sociales, el resultado es una percepción cada vez más limitada de la realidad.
«No vemos la realidad completa. Vemos aquello que confirma lo que ya pensamos», advierte la especialista, que asegura que «no es casualidad. Nuestro cerebro filtra constantemente la información y nos hace prestar atención a aquello que considera importante para nosotros«, explica. Parte de esto tiene que ver con el Sistema Reticular Activador Ascendente (SRAA), una red neuronal que funciona como un filtro y nos ayuda a decidir a qué prestamos atención.
Pero no es lo único que influye en cómo percibimos la realidad. «El problema aparece cuando ese filtro natural se mezcla con el sesgo de confirmación, que es la tendencia que tenemos de buscar, interpretar y recordar información que confirme lo que ya creemos». Según Díaz Rois, muchas veces ignoramos o descartamos automáticamente aquello que no encaja con nuestra manera de pensar, hasta el punto de acabar creyendo que tenemos una visión objetiva de la realidad, cuando en realidad solo estamos viendo una pequeña parte.
El algoritmo mental se alía con el digital
Díaz Rois recuerda que este filtro se vuelve todavía más evidente cuando se mezcla con los algoritmos de las redes sociales, que muestran constantemente contenido similar al que ya consumimos. «Entre nuestro propio algoritmo mental y el algoritmo de las redes sociales, acabamos creyendo que nuestra realidad es la única válida. Porque todo parece darnos la razón».
Para explicarlo, propone un ejemplo muy cotidiano: comparar el contenido que muestra Instagram a diferentes personas. «Podemos llegar a pensar que Instagram solo muestra vídeos de gatitos adorables. Otras personas viven rodeadas de recetas de cocina, maquillaje, coches, videojuegos o contenido de autoconocimiento. Cada persona encuentra más de aquello a lo que presta atención».
Capacidad de sentirnos incómodos
El problema, señala, no es tener intereses concretos, sino olvidar que existen otras formas de pensar, otros temas y otras realidades distintas a la propia. «Estamos perdiendo la curiosidad por los demás y el vínculo social«. Tal como indica Sonia Díaz Rois, cada vez reaccionamos más rápido ante aquello que no encaja con nuestra forma de ver el mundo, emitiendo juicios inmediatos en lugar de detenernos a observar o comprender: «Necesitamos recuperar la capacidad de sentirnos incómodos. Ver algo con lo que no estamos de acuerdo o no nos gusta y, aun así, abrir un poco el abanico mental en lugar de reaccionar automáticamente con el dedo arriba o dedo abajo».
Además, insiste en la importancia de seguir entrenando la curiosidad por lo diferente y no dar por hecho que nuestra forma de ver el mundo es la única: «Si seguimos encerrándonos solo en aquello que confirma nuestra visión, acabaremos viviendo cada uno en su pequeño mundo».
