Publicado: mayo 16, 2026, 12:30 pm
Tembló, vomitó, apenas podía respirar. Por un Daniil Medvedev estupendo y por un bajón de energía que hizo temblar al personal. Pero Jannik Sinner se refugió en la lluvia y al día siguiente, ya con sol, se impuso en el tercer set para jugar su segunda final consecutiva en Roma. Por el momento, no hay quien pueda con el número 1. Lo tuvo muy difícil, quizá el partido más agónico de los que ha protagonizado desde que comenzara una racha triunfal que en el Foro Itálico, y a falta del último día de torneo, ya suman 33 alegrías consecutivas en Masters 1.000. Medvedev se atrevió con todo a intentar tumbar por fin la resistencia del italiano. Hubo buena mano del ruso, y también caricias, y una exigencia a prueba de todo con el que comenzó a asfixiar a Sinner después de que este hubiera superado el primer set sin contratiempos. Pero Medvedev persigue ese reto que, por ahora, se les resiste a todos: doblegar por fin al número 1. Percutió y percutió el moscovita, con ese estilo tan suyo que hace difícil saber si la derecha irá abierta o paralela. En cualquier forma, hicieron cada vez más daño a Sinner conforme se jugaba el segundo capítulo. Y ante el asfixiante juego de Medvedev, al italiano también lo traicionó su propio cuerpo. Llegaron los calambres, los vómitos, los temblores, las arcadas, los gestos de dolor, un tenis que no salía todo lo limpio que se esperaba. Una agonía que compartió con los 12.000 aficionados del Foro Itálico que presenciaban el derrumbe físico de su ídolo. Pero superó el mal momento y encaró con mejor cara el set final, aunque no con todas las garantías. Por eso pareció invocar a la lluvia, que ha trastocado el torneo durante toda la semana, e insistió en que cada vez caía con más fuerza. Hasta que la jueza de silla decidió que se suspendía el encuentro. Sinner ganaba 6-2, 5-7 y 4-2, con ventaja para el 5-2. Pero no podía más. «Ha sido un reto durísimo, para ser sincero. No suelo tener problemas para dormir, pero esta noche no ha sido fácil. Cuando estás en el tercer set, con casi todo hecho, pero tienes que volver a saltar a la pista. Es un nuevo comienzo del partido. Hay nervios de nuevo», comentó después el número 1. En la reanudación, ya el sábado, en una tregua que dio el tiempo, otro partido y el mismo Sinner de siempre, el que sacude sin miramientos y cierra las grietas que algún osado, como Medvedev, parece descubrirle de vez en cuando. El ruso lo intentó de nuevo, se liberó de esa opción de ‘break’ con un saque directo y continuó en su intento por recuperar la rotura para desafiar el orden establecido. Pero Sinner se lo negó. Muy seguro con el saque y sin rastro del malestar físico que lo había dejado sin energías la noche anterior, atrapó la victoria número 33 consecutiva en Masters 1.000, desde aquel París de otoño de 2025, y después, curiosamente, de que los calambres lo retiraran de Shanghái. A partir de ahí: París, Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y a la espera de la final de Roma, contra Casper Ruud. Es la segunda consecutiva para el tenista local, que ya la pisó el año pasado pero se la negó Carlos Alcaraz. Y es este Sinner capaz de todo sin su archienemigo. Porque tiene el domingo la posibilidad de lograr una hazaña que solo tiene Novak Djokovic en su poder: ganar los nueve Masters 1.000. Al otro lado, Ruud, con quien tiene el cara a cara ganado por 4-0, incluidos los cuartos de final en este mismo escenario el año pasado. Nunca ha perdido un set contra el noruego. Sinner lo quiere todo.
