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Sin velo: cuando el silencio deja de ser una opción

Publicado: abril 30, 2026, 12:30 am

Durante años mi voz no se escuchó. No porque no existiera, sino porque fue silenciada. Vivía atrapada en una realidad que no había elegido, confinada a un hogar donde los días se repetían sin nombre y las noches no permitían el llanto en voz alta. Mi historia estaba ahí, pero no tenía espacio. No había preguntas, ni opciones, ni futuro en el que pensarme como individuo.

Ayer, en la Librería Antonio Machado de Madrid, ese silencio se rompió. La presentación de Sin velo fue mucho más que un acto literario. Fue un acto de restitución. Rodeada de mujeres feministas, amigas, amigos y personas que han acompañado mi camino, comprendí que mi historia ya no me pertenecía solo a mí. Había entrado en el espacio público, y con ello asumía una nueva responsabilidad: la de hablar también por quienes aún no pueden hacerlo.

Escribir Sin velo no fue un ejercicio de memoria tranquila. Fue una experiencia dura y profundamente atravesada por la emoción. Pensé que escribir sería recordar, pero muy pronto entendí que en realidad estaba reviviendo. Cada página me obligó a volver a momentos que creía cerrados, a heridas que había aprendido a ocultar incluso de mí misma para poder sobrevivir.

Durante mucho tiempo ni siquiera fui consciente de que podía existir otra forma de vivir

Este libro cuenta la historia de una mujer que durante muchos años no supo lo que significaba ser libre. Una mujer que vivió dentro de límites impuestos, en una vida donde las decisiones ya estaban tomadas por otros. Mi mundo era un espacio cerrado, reducido al ámbito doméstico, sin acceso a una vida propia ni a una identidad individual. Durante mucho tiempo ni siquiera fui consciente de que podía existir otra forma de vivir.

Recuerdo mi boda como uno de los momentos más oscuros de mi vida. Mientras a mi alrededor se celebraba lo que se suponía que era un comienzo, yo sentía que me adentraba en una clausura definitiva. No fue una elección. Fue una imposición. Aquel día no empezó nada nuevo; se cerró una puerta antes de que pudiera asomarme a lo que había al otro lado.

Después llegó la maternidad. Ser madre es, sin duda, una de las experiencias más profundas que puede vivir una mujer. Pero también puede ser un territorio lleno de contradicciones. En mi caso, estuvo marcada por el miedo, la confusión y una soledad muy grande. Había amor, por supuesto, pero también una pérdida dolorosa de mí misma. Me sentía culpable por no experimentar la felicidad absoluta que tantas veces se nos promete como obligatoria.

Sin velo habla también de esa culpa. De la presión constante por encajar en un ideal que no deja lugar para la verdad personal. Habla de una mujer que quería ser amada, pero que no sabía cómo hacerlo sin desaparecer. De una madre que intentaba demostrar —ante los demás y ante sí misma— que era suficiente.

Pero este libro no es solo una historia de dolor. Es, sobre todo, una historia de despertar.

A los 28 años mi vida comenzó a cambiar. Empecé a descubrir cosas que para muchas personas son cotidianas: salir sola, tomar decisiones, explorar el mundo sin pedir permiso. Para otras eran gestos pequeños; para mí, auténticas revoluciones. Cada paso era una victoria y, al mismo tiempo, una fuente de miedo. Porque la libertad también asusta cuando no has crecido con ella.

Entendí que la libertad no es un punto de llegada, sino un proceso inestable, lleno de dudas e incertidumbres, pero también de posibilidades

Aprender a vivir implicó reaprenderlo todo. Desaprender el miedo, la obediencia automática, la idea de que existir por una misma es una amenaza. Entendí que la libertad no es un punto de llegada, sino un proceso inestable, lleno de dudas e incertidumbres, pero también de posibilidades.

Nada de este camino lo hice sola. Sin velo es el resultado de un trabajo compartido con Mónica, con quien reconstruimos mi historia desde el cuidado y el rigor. Juntas no solo recuperamos mi memoria personal, sino que documentamos una realidad que sigue marcando la vida de millones de mujeres en Afganistán. Porque aunque mi historia sea concreta, no es excepcional.

Representa a muchas mujeres que siguen atrapadas en el silencio, sin derecho a hablar ni a decidir. Por ellas este libro deja de ser individual y se convierte en colectivo.

Quiero agradecer a Penguin Random House por apostar por esta voz, por publicar un relato que incomoda y obliga a mirar de frente una realidad que demasiadas veces se prefiere ignorar. También por facilitar espacios de debate como el que se dio ayer, donde quedó claro que hablar, escuchar y confrontar ideas es imprescindible para romper el silencio.

Uno de los momentos más significativos de este recorrido ha sido compartir este proyecto con Julia Navarro. Presentar el libro junto a una de las escritoras más reconocidas de este país fue para mí algo profundamente simbólico. La conocí en 2022, cuando acababa de llegar a España y apenas empezaba a aprender español. Aquella entrevista fue un desafío enorme: cada palabra me costaba, cada frase era frágil. Con el apoyo de Magis Iglesias, logré contar parte de mi historia. Hoy entiendo que aquel momento fue un puente entre el silencio y la palabra.

Ese puente ahora es un libro.

Quiero agradecer, de manera muy especial, a todas las personas que ayer vinieron a acompañarme. Porque escuchar también es un acto político. Porque una voz necesita oídos para no volver a desaparecer. Porque sin comunidad, las palabras se apagan.

Sin velo no busca compasión. Busca conciencia. No pretende cerrar heridas, sino abrir conversaciones necesarias. Hoy mi voz ya no está escondida. Está escrita. Está publicada. Y, sobre todo, está siendo escuchada.

Y si este libro logra que sea una sola mujer se sienta menos sola, entonces todo este camino —con todo su dolor— habrá valido la pena.

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