Publicado: septiembre 19, 2026, 2:00 am
Si alguna vez recibiste una charla de educación sexual en el colegio, probablemente lo único que te enseñaron es a prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual. Nada de afectos, autoestima, comunicación, consentimiento –lo que deberían ser «los básicos»-, sino sólo «salud sexual». Por supuesto, la salud sexual es fundamental conocerla y aprenderla pero, lamentablemente, tampoco se suele enseñar bien. A lo único en lo que se nos educa sobre este tema es a tenerle miedo a las enfermedades que se contagian por la vía sexual y a usar el preservativo.
Eesas son dos muy malas estratégicas pedagógicas si queremos cuidar la salud de las personas que tienen sexo. En primer lugar, porque el miedo inmoviliza y promueve conductas de riesgo, no fomenta la responsabilidad individual. La rebeldía emerge cuando se nos impone cosas sin entender los motivos o, peor aún, cuando se nos impone mediante el terror: «Ponte condón porque sino tendrás un embarazo adolescente y te contagiarás de enfermedades».
La consecuencia de este método pedagógico ya la estamos viendo: el preservativo externo cada vez es menos usado. La última encuesta de Salud Sexual (Ministerio de Salud, 2025) lo demuestra: a partir de los 25 años, menos del 50% de los encuestados usan condón para la penetración. ¿Por qué ocurre esto? Porque si no le tenemos miedo al ‘cuco’, tampoco nos responsabilizamos de él.
La educación sexual que recibimos todavía hoy sigue anclada en el pasado. Todavía recuerdo cuando en el colegio me explicaron la abstinencia sexual como medio de prevención. ¿Qué adolescente va a incorporar ese consejo? Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), los casos de gonorrea aumentaron un 303% en Europa entre 2015 y 2024, alcanzando ese último año sus niveles más altos en más de una década. Más allá de la cifra – que está muy medida por el hecho de que ahora nos hacemos más pruebas de detección de ITS – estos datos también ponen sobre la mesa una pregunta: ¿cuánto sabemos realmente sobre las ITS y sobre las distintas formas de prevenirlas?
Mucha desinformación
Hay otra consecuencia no deseada de la deficiente educación sexual que hemos recibido: creemos que la penetración es la única vía de contagio de ITS y que si usamos condón, el riesgo es igual a 0. Esa falsa sensación de seguridad se da porque no somos conscientes de que muchas ITS se contagian aun habiendo usado el condón externo: el VPH, el herpes, la sífilis, el molusco contagioso, las ladillas… La desinformación sobre las vías de contagio de ITS hace que nos confiemos y no nos hagamos pruebas de detección de ITS con la regularidad requerida. Si tengo pareja estable o si uso preservativo siempre, entonces… ¿Para qué hacerme análisis de ITS recurrentes?
La educación sexual que hemos recibido también tiene otro sesgo: parte de una realidad sexual que ya no existe. La era en la que sexualidad era reproductiva y el coito heterosexual era la norma. Por suerte para todas y todos, los tiempos están cambiando y, por ejemplo, cada vez más hombres bajan al pilón y ofrecen sexo oral a sus novias. La penetración se ha descentralizado y sabemos que no es la única práctica sexual placentera: ahora nos rozamos, nos acariciamos, restregamos nuestros cuerpos, usamos juguetes y nos chupamos todo lo chupable.
¿Qué pruebas tengo de que nuestra sexualidad está cambiando? Pues, por ejemplo, que el cáncer orofaringeo en hombres se ha incrementado como resultado del contagio de papiloma por dar sexo oral. Es decir, nuestra sexualidad ha evolucionado y, con ello, los riesgos para la salud sexual han cambiado. Por tanto, los modelos de educación sexual del siglo pasado ya no son útiles para nadie.
El sexo oral también tiene sus riesgos
Así que tenemos que aprender a cuidarnos cuando ofrecemos y recibimos sexo oral. Para ello, el primer paso es saber que los cunnilingus y las felaciones también son prácticas de riesgo de contagio. La gonorrea faringea, la clamidia, la sifilis, el herpes, el VPH… Son infecciones que se contagian por esta vía. El VPH y el herpes, por ejemplo, pueden transmitirse por contacto directo con piel o mucosas infectadas; la gonorrea y la clamidia pueden afectar también a la garganta; y la sífilis puede transmitirse cuando existe contacto con una herida o infección durante la práctica sexual. Es decir, el riesgo no depende únicamente de qué práctica hagamos, sino también de qué infección esté presente, en qué zona del cuerpo se encuentre y del tipo de contacto que se esté dando.
Esto es especialmente importante porque una infección en la garganta puede pasar desapercibida. Podemos pensar que, si no tenemos síntomas genitales, no hay una ITS, cuando en realidad algunas pueden estar localizadas en otras zonas. Por eso, cuando hablamos de salud sexual, no deberíamos pensar únicamente en los genitales: la boca y la garganta también forman parte de nuestra salud sexual.
Como sexóloga no estoy diciendo que el sexo oral deba darnos miedo o deba ser algo que debamos evitar. Repito una vez más: el miedo a las ITS no sirve para nada y no es útil para nadie. Lo que debemos es responsabilizarnos. La responsabilidad pasa por las siguientes vías:
- Utilizar barreras preventivas, como el condón para las felaciones o las barreras bucales para los cunnilingus. Especialmente, cuando tenemos parejas sexuales nuevas cuyos resultados en analíticas de ITS desconocemos.
- Hacernos pruebas de detección de ITS completas con regularidad. La frecuencia recomendada es cada 3-6 meses, en función de la actividad sexual. Tenemos que saber que un cribado «estándar» de orina o exudado vaginal/rectal puede salir negativo y aun así haber una infección activa en la garganta, porque son pruebas localizadas. Si ha habido sexo oral sin protección, hay que pedirlo explícitamente al profesional o clínica.
- Cuidar la salud bucal: no lavarse los dientes, pasarse el hilo dental o usar enjuague bucal con alcohol justo antes de hacer sexo oral; evitar eyaculaciones en la boca y hacernos revisiones dentales regulares para detectar alteraciones.
Pero la prevención no depende solo de los métodos de protección. Algo tan sencillo como una comunicación abierta también juega un papel clave. Hablar con nuestras parejas sexuales sobre salud sexual puede parecer poco erótico si lo planteamos como una conversación médica, pero no tiene por qué ser así. Igual que hablamos de qué nos gusta, qué no o qué nos apetece probar, también podemos preguntar cuándo fue la última vez que nos hicimos una prueba, si existe alguna infección conocida o qué medidas de protección prefiere cada persona.
Según la Encuesta de Educación Sexual 2025 de JOYclub en España, un 53,49% de las personas afirma que le gustaría aprender más sobre cómo comunicarse con sus parejas sexuales. Este dato indica que todavía existe interés por aprender a comunicarnos mejor en nuestras relaciones sexuales, y esa conversación también es, en sí misma, una forma de prevención.
