Publicado: mayo 1, 2026, 3:30 am
Secun de la Rosa es de esas personas que hablan y desprenden entusiasmo por cada uno de sus poros, apasionado en lo que hace y uno de los ejemplos extraordinarios de que, si se quiere, se puede.
Nació en un barrio obrero, hijo de una familia que se dedicaba al pescado, pero tuvo muy claro desde niño que quería ser actor. Con 16 años buscó en las páginas amarillas a un director de cine y llamó directamente a la casa del primero que aparecía en la guía. «Estaba en la B, era Francesc Betriu, me lo cogió y me dijo: ‘Estás llamando a una casa, a una casa no se puede llamar y me colgó'».
En uno de los rincones por los que pasea por Madrid, el Templo de Debod, me narra la historia completa, con todo tipo de detalles, como el guion extraordinario que es su vida, porque acabó haciendo un casting y ese momento supuso el comienzo de su vida profesional, cuando solo era un niño de barrio que salía a bailar al balcón de su casa, sin saber qué era una productora, pero con un sueño y todo el arrojo del mundo para hacerlo realidad.
«Ese fue el inicio de mi carrera, que lo que tú crees que no es, luego es. Y luego ya con 18 me vine a estudiar teatro a Madrid». Y allí es cuando se topó con todo el elenco de Animalario, Andrés Lima, Alberto San Juan, Juan Diego Botto y tantos otros, porque si algo es él, es un hombre de teatro. «¿Qué otra cosa hay en la que tú te puedas sentar en una butaca, ver una historia y que te haga reflexionar sobre lo que está pasando en el mundo… y en directo? No existe otra cosa».
Continúa de gira con la obra La vengadora de mujeres y, como productor, conoce las dificultades que entraña sacar proyectos adelante en este medio. «Nunca un texto mío se ha metido en un teatro público, ni nunca me han subvencionado, pero defiendo que haya compañeros a los que sí. Y cuando ha habido problemas en los bancos, a lo que se ha subvencionado, ayudado, rescatado… Harían falta 1.500 años de cine subvencionado para igualar lo que en un año se ayudó a los bancos, donde nosotros ponemos nuestro dinero».
Acaba de estrenar Casi todo bien, una comedia divertida con un punto poético que ha recibido buenas críticas: «Es una historia de una gran amistad y un canto a los libros«.
Cine, teatro y un omnipresente actor de series, formando parte de las que hoy conforman el imaginario televisivo español, Aída, Siete vidas, Compañeros, Un paso adelante y, más recientemente, Paquita Salas: «Hay mucha gente que me conoce ahora como Fernando Canelón, me hace mucha gracia».
Pero si hay una con la que ha conseguido cerrar el ciclo, esa es Superestar, en la que interpreta al estrambótico Leonardo Dantés y por la que ha recibido un Premio Ondas. «He vivido uno de los momentos más espectaculares de mi vida, lo del Ondas en el Liceo de Barcelona. Ese chico de 16 años que llamaba para ver si le daban una figuración especial… y volver 30 años después a Barcelona, al Liceo, es muy fuerte». La historia de su vida, de esas que podrían ser un guion de cine, porque a veces la vida, solo a veces, se parece mucho a los sueños.
