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Se cumplen 14 años desde que Froilán se disparó con una escopeta en el pie

Publicado: abril 9, 2026, 9:30 am

La vida de Froilán no ha estado exenta de polémicas o de momentos estrafalarios. Desde su peineta a la prensa en 2010 a su intento de aparecer en la serie Aída, la vida del primer nieto de los reyes eméritos Juan Carlos I y doña Sofía no ha cesado de dar titulares: su cacareada pelea en un parque de atracciones tras un insulto xenófobo, su intento de vender un falso reloj de lujo en una joyería, el reparto de máscaras del grupo de activistas y hackers Anonymous en un discoteca céntrica de Madrid… Sin embargo, quizá el momento más recordado de su adolescencia fue cuando tenía 13 años, un día como hoy hace 14 años, a las 17.00 horas.

Aquel lunes santo el primogénito de Jaime de Marichalar y la infanta Elena se encontraba en Soria junto a su padre, que ya se había divorciado de su madre. Estaban pasando unos días de vacaciones en la finca que la familia disponía en Garray, al norte de la capital de la provincia. Fue allí donde vivió uno de sus peores accidentes: se disparó accidentalmente en el pie. Y comenzaron las preguntas clave, concentrándose sobre todo en cómo un niño de su edad estaba manipulando un arma, lo que de alguna forma trajo a la memoria la muerte del infante Alfonso, hermano menor de su abuelo, en 1956.

«Estando en el patio de la casa, acompañado de su padre, se le disparó una escopeta de pequeño calibre (calibre 36), causándole una herida en el pie derecho», era la escueta nota informativa con la que la familia real dio a conocer, ya de madrugada, el suceso. Se había enviado a una enorme cantidad de redacciones del país, en parte por poner en el foco de las acusaciones a una persona, la única que se nombraba en el mismo: Jaime de Marichalar, que se había trasladado a la propiedad con sus hijos, no solo con Pipe —como prefieren que le llame su círculo cercano, dado que proviene de Felipe, que sí es nombre de rey, no así Froilán—.

El joven acababa de pasar unos días con su madre y su hermana esquiando en la estación de Baqueira Beret y la siguiente parte de sus vacaciones le correspondían a la parte paterna. Y ahí apareció la escopeta de doble cañón con la que Froilán realizaba «ejercicios de tiro en el patio», tal y como se publicó entonces en varios periódicos como El País. «El niño llevaba la escopeta apuntando hacia abajo cuando en un momento se produjo un disparo. Al estar tan cerca el pie del cañón del arma, todos los perdigones contenidos en el cartucho salieron proyectados apelotonados y atravesaron de lado a lado la extremidad. El impacto se produjo a la altura del segundo metatarsiano, causando también la pérdida de tejido blando», se informaba.

El susto no impidió la reacción, dado que el menor fue trasladado inmediatamente, entre sufrimientos y dolores, a un centro de salud de Soria para una primera cura, si bien esta no fue suficiente, ya que requería una intervención quirúrgica inmediata, trasladándose con celeridad el caso a Madrid, donde a Froilán lo ingresaron en la Clínica Quirón y en cuyo quirófano no solo se extrajeron todos los perdigones, sino que también se reparó el tejido dañado. Como recuerdan desde Lecturas, no fue hasta su llegada a la capital cuando la infanta Elena se pudo reunir con su hijo.

La hermana de Felipe VI, en sus primeras declaraciones a los periodistas que guardaban a las puertas de la clínica, volvió a restarle responsabilidad a su hijo, porque para la casa real había un culpable claro. «No sé cómo se ha producido el accidente. Estaba con su padre», afirmó la infanta. La prensa, aun así, hubo de esperar al atestado policial que esclareciese los hechos. En especial, la razón por la que un niño de 13 años, sin la edad legal, tenía el arma entre sus manos.

No hay que olvidar que la Guardia Civil puede conceder un permiso especial a partir de los 14 años, pero aun así el menor ha de haberse sometido a pruebas teóricas y psicotécnicas y debe estar siempre acompañado de un adulto, amén de que suelen ser requerimientos más de carácter deportivo o para la caza.

Con todo, la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Soria, la jueza Isabel María Diezpardo, señalaría finalmente en su auto que la causa, el «accidente fortuito» que bien podría ser constitutivo de «una falta cometida de imprudencia», había de ser archivada por haberse producido en el ámbito privado y no darse el ‘requisito’ de la ‘denuncia previa’. De esta forma, se archivaba el proceso abierto contra Jaime de Marichalar al no existir «denuncia previa de la persona agraviada o de su representante legal».

Tras todo el incidente, la familia se volcó con el accidentado, recibiendo visitas como las de doña Sofía. Y es que todo había recordado a la Semana Santa de 1956, cuando el futuro Juan Carlos I, que por entonces ya tenía 18 años y se encontraba en plena preparación militar, estaba en el despacho de su padre, don Juan, que tenía un pequeño revolver guardado con cerradura, junto a su hermano, el infante Alfonso. Su madre, María de las Mercedes, les había dado la llave. Y un disparo acabó en la cabeza (y con la vida) del hermano menor, que por entonces contaba 14 años.

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